• Caracas (Venezuela)

Sócrates Ramírez

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Sócrates Ramírez

Las ideas y el acontecimiento

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Las situaciones de cambio político, muchas de las cuales han derivado en importantes transformaciones históricas en Venezuela durante el siglo XX, han estado precedidas de dos procesos conexos: la aparición y circulación de nuevas ideas y la preparación del acontecimiento. La transición a la democracia iniciada en 1936 después de la muerte de Gómez, la Revolución de octubre de 1945, el derrocamiento de Pérez Jiménez y el consecuente establecimiento de un régimen político plural quedaron signados por nuevas ideas en circulación, por la búsqueda del momento y los métodos para desplegarlas o imponerlas.

Esas nuevas ideas estuvieron marcadas por el signo del futuro. En la mayor parte de los casos entrañaron un impetuoso anhelo por la fundación o el rescate de libertades y derechos, poniendo en otro plano el debate material sobre la necesidad. Y fue así porque se comprendió que en democracia las libertades y garantías son el mejor recurso frente al apremio. Aunque llegaron a incorporarlas, su mejor sustrato no fue el conjunto de respuestas catequéticas frente a determinadas contingencias del presente, ni siquiera la retórica atrapada en los giros del pasado, fue su ser voraz y arrollador quien puso a la sociedad frente al reto de resolver el mañana.

Las nuevas ideas aparecieron cuando fuimos capaces de pensar en el futuro, y gran parte de su éxito obedeció a la mixtura entre novedad y poder. Siguiendo a Arendt, “poder” entendido como una fuerza que aparece cuando los hombres son capaces de actuar unidos y que se esfuma cuando la sociedad se dispersa. Cuando tales ideas dejaron de ser el monopolio de una vanguardia y se convirtieron en el propósito singular de cada individuo que reconoció en ellas sus propias esperanzas, cuando fueron objeto de una apropiación masiva y entusiasta, apareció una oportunidad de poder y de cambio político.

Aunque la historia suela narrar algunos de estos saltos como azar, en realidad la fuerza con la que circularon las nuevas ideas fue al mismo tiempo un modo de proyectarlas entre la población y una forma de crear palmo a palmo el momento, el acontecimiento que permitió que estas pasarán de la esfera del deseo y del programa a la realidad. La función de las ideas es la creación del poder que construya, justifique y defienda el momento inicial de una nueva marcha hacia el futuro. En aquel momento fuimos una sociedad persuadida en retomar las libertades secuestradas, y arrojada a la precisión de ese acontecimiento fundacional de un nuevo tiempo.

Todo eso lo hicimos. Varias veces. Con éxito algunas, equivocados otras.

El panorama de hoy visto desde aquel ejemplo es desalentador. Si un nombre puede recibir nuestra realidad es extravío. No nos encontramos, quiero decir, aún no nos hemos visto políticamente. Nos parece que el poder es cosa de otro lugar cuando la posibilidad de acción está en saberse parte de él. La más evidente circulación que nos es común es la de la necesidad: la vida futura se nos presenta en forma del kilo de carne para el almuerzo, de fin de quincena, de medicinas que no aparecen y de cuentas por pagar; y aunque nos sepamos todos en esa abismal rutina, ese mirar no es encuentro sino soledad. Y a la angustia de estar solo frente a la penuria se le enfrenta con el enamoramiento general de un futuro claro y posible, se le combate con un poder decidido a crear algo nuevo.


@RamirezHoffman