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Con voluntad y pasión el Museo de los Niños cumplió 33 años

Las instalaciones educativas del Museo de los Niños han enseñado a todo un país | Foto Omar Véliz

Las instalaciones educativas del Museo de los Niños han enseñado a todo un país | Foto Omar Véliz

Aunque no cuenta con subsidio público ni privado, el espacio inaugurado por Alicia Pietri de Caldera en 1982 recibe aproximadamente 200.000 personas al año, que insisten en aprender jugando y en vivir una maravillosa realidad

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Con apenas año y medio de edad, Guillermo Torres toca perfectamente el piano. Corre de tecla en tecla y a su paso enciende colores pasteles que le hacen sonreír. Juega con el piano gigante del Museo de los Niños, ubicado en la sala de Sonidos, ese que décadas atrás deleitaba también a su madre Dalila Díaz.

“Soy de Mérida y vengo al museo desde que era una niña. Ahora lo hago con mis hijos, Guillermo y Serena, que esperan las vacaciones para venir a visitarlo. Me río al descubrir que las mismas cosas que me emocionaban a mí los animan a ellos”, expresó la madre, quien ayer recorrió los 3.000 metros de la sede justo cuando se cumplían 33 años de su inauguración: el 7 de agosto de 1982.

En contraste, Alicia González nunca antes había visto los colores de la esfera gigante de la entrada, que simula al planeta Tierra; el juego de espejos, la sala de odontología, así como tampoco la molécula plástica que constituyen buena parte de los recuerdos infantiles de toda una generación. Ella vivía en Portuguesa y a sus padres se les dificultaba traerla a Caracas a visitar el museo.

Ayer descubrió junto con sus hijos y sobrinos más de las 600 experiencias educativas que distribuidas en 4 pisos ayudan a reforzar los contenidos de educación básica. A su hija Ana, de 9 años de edad, le gustó la molécula y se paseó por sus arterias plásticas. A su sobrina Diana Alpizar, de 10 años de edad, la deslumbró la magia de la electricidad y contaba radiante la atracción que ejercía el imán sobre los metales.

El cumpleaños número 33 del museo fue celebrado con la apertura de la Sala de Realidad Aumentada. Allí los amigos-guías les explicaban a Michelle y a Victoria Carrasquel cómo una imagen plana, como un corazón o un dinosaurio, podía salirse de una pared o un libro para desbordar su imaginación.

“La Realidad Aumentada es el resultado de mezclar una imagen real con códigos binarios, lo que origina una realidad mixta”, podía leerse en una de las paredes de la sala; mientras los chicos mostraban cómo una aplicación de software, bajada a través de la red wifi libre MuseitoRA, podía leer la imagen y despertar su tridimensionalidad.

A pesar de la novedad de la instalación, los más pequeños seguían felizmente atraídos por las exhibiciones tradicionales: los microscopios, las células, el proceso de gestación, la sala dedicada a los sonidos, el juego de los espejos, la pantalla de televisión y la molécula: “Todo me parece fabuloso. Uno aprende demasiado. Deseo que el museo siga así para que continúen enseñando”, dijo Samuel Hernández, quien llegó desde Mariches junto con un grupo de 180 niños del plan vacacional Fundación Amigos del Deportivo Petare.

Mireya Caldera, directora de la institución, aseguró que el museo vive del costo de las entradas que les cobran a niños y adultos, por no poder contar con subsidio alguno. A pesar de las limitaciones económicas, asegura que el museo seguirá siendo referencia de valores como la disciplina y la constancia, pues cree que su labor va mucho más allá de instruir académicamente: “Se trata de formar al ser humano en el sentido más amplio”, añadió.