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“La universidad está viviendo un proceso de parálisis”

Juan Bermúdez, profesor de la USB, propone que las casas de estudio se vinculen más con la industria para frenar la fuga de talento 

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Las universidades se encuentran atascadas en un dilema. Mientras no se dicte un nuevo reglamento de elecciones, seguirá suspendido cualquier proceso electoral en la Universidad Simón Bolívar, según orden de la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia el  3 de diciembre. Renovar  las autoridades implica que el reglamento debe adaptarse a la Ley Orgánica de Educación, la cual dice que empleados y obreros también tienen derechos políticos. No obstante, hay un sector importante de la comunidad universitaria que se resiste.

“Actualmente solo votan profesores y estudiantes por tradición, pero ahora esa tradición va en contra de la ley. Si queremos respetar la ley, tenemos que cambiar el paradigma”, explica el profesor titular de la USB Juan Bermúdez.

El docente, adscrito al Departamento de Conversión y Transporte de Energía de la USB y que preside una unidad de gestión en la Fundación de Investigación y Desarrollo, considera que en 2015 uno de los puntos de discusión debe ser la creación de un reglamento incluyente.

—Los profesores están convencidos de que conceder lo que establece la Ley Orgánica de Educación viola su derecho y les haría perder peso en el voto.

—Cambiar el paradigma no significa que los profesores van a ceder el poder, sino que tienen que entender que la universidad está dirigida por los tres gremios en la búsqueda de la verdad, pero en lo referente a derechos políticos no es así necesariamente. No quiero proponer fórmulas políticas o formas de conteo, sino que se discuta por gremios cómo podemos participar todos.

— ¿Qué consecuencias ha traído para la universidad que no se renueven sus autoridades?

—La universidad está viviendo un proceso de parálisis, de desorientación, de apatía. No hay vinculación institucional total de su gente ni sentido de pertenencia. Se hace manifiesto el deterioro en la planta física y en los servicios. Tenemos una fuga de talento gigantesca y en la universidad no hacemos todo lo que podríamos hacer para minimizar esa fuga.

—¿Por qué cree que la universidad no se ha esforzado lo suficiente para evitar esa fuga?

—La universidad tiene que dejar de ser pasiva para comenzar a proponer ideas e incrementar el bienestar social de nuestros gremios. Pero en los últimos tiempos las autoridades universitarias se han convertido en cuasi líderes político-partidistas, y en consecuencia se quedan en la crítica.

—De renovarse las autoridades universitarias en 2015, ¿qué deberían hacer para frenar la migración?

—Mientras no reconozcan la extensión, los profesores se van a ver obligados a ascender solamente mediante publicaciones arbitradas. La extensión implica la vinculación de la universidad con la industria. Si la reconociéramos de forma más explícita, los profesores pudieran tener un ingreso extra y no lo buscarían afuera. Generaríamos más conocimiento sobre nuestra sociedad y atraeríamos más recursos para la academia.