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Una trotamundos con la mirada puesta en Venezuela

Elsa Cardozo, mejor artículo de opinión

Elsa Cardozo, mejor artículo de opinión

Internacionalista y doctora en Ciencias Políticas; nunca escribe desde el fragor de la crisis, prefiere calibrar el presente, reposar la noticia, reflexionar. Cree más en el poder de la persuasión a través de la argumentación que en la crítica a rajatabla

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La pluma de Elsa Cardozo recorre el mundo, pero irremediablemente vuelve a posarse en Venezuela. Sus líneas trazan un mapa de ruta: puede comenzar en el norte para referirse al impacto de alguna política del gobierno estadounidense, cruzar continentes y explicar el conflicto en Siria y retornar para exponer las diferencias de la diplomacia brasilera con respecto a las del resto de América Latina a partir de la guayabera roja del ex presidente de ese país, Luiz Inácio Lula da Silva.

“Puedo mirar hacia afuera o hacia otro momento de la historia, para volver al presente, a lo de aquí. No es una mirada evasiva. La idea es tomar oxígeno de otras situaciones y conseguir un aliento constructivo”, dice Cardozo, quien desde 2005 escribe en las páginas de opinión de este diario, y que este año fue reconocida por su columna Mirar a otro lado, publicada el 24 de febrero.

Internacionalista y doctora en Ciencias Políticas; nunca escribe desde el fragor de la crisis, prefiere calibrar el presente, reposar la noticia, reflexionar. Cree más en el poder de la persuasión a través de la argumentación que en la crítica a rajatabla.

A Cardozo le gusta conversar, a partir del diálogo –con el otro, con un libro o con una noticia– selecciona el tema del artículo que escribirá para el diario. “Lo más difícil es decidir sobre qué voy a escribir. Lo escrito queda y supone un compromiso con el periódico y sus lectores”, afirma.

Quizá atendiendo a ese compromiso, la internacionalista se ha impuesto una disciplina de trabajo. Los martes elabora un primer borrador, los miércoles revisa y el jueves pule su escritura. “Me preocupa no ofender a nadie con alguna expresión y no ser contraproducente con la argumentación”, precisa.

El interés por la diplomacia la llevó a formarse en Estudios Internacionales, pero prefirió practicarla en las aulas que en una embajada. Confiesa que su vocación es la docencia, aunque no deja inquietarle el estilo agresivo que emplea Venezuela para relacionarse con el resto del mundo: “Debemos recuperar los valores esenciales de un país democrático”, concluye.