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Luis Contreras, un bombero que salva de serpientes

El teniente Contreras | Félix R. Gutiérrez Rodríguez

El primer teniente de los Bomberos del INEA, Luis Contreras | Félix R. Gutiérrez Rodríguez

Es el único bombero del INEA que viaja por todo el país, advirtió a las autoridades regionales del riesgo de mordeduras que existiría en Vargas luego del deslave y, como no le hicieron caso, decidió viajar por toda Venezuela llevando él mismo los sueros antiofídicos a las víctimas

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Más de 15 años salvando vidas tiene el primer teniente Luis Contreras. Este bombero del Instituto Nacional de Espacios Acuáticos (INEA) no sale a ningún lugar sin su uniforme de servicio. Asegura que no tiene destino fijo: puede desayunar en Barquisimeto, almorzar en Caracas y cenar en Cumaná. Lo importante para él es llegar a tiempo al lugar de las emergencias. En sus manos siempre lleva unos frascos de cinco centímetros que contienen un líquido transparente que marca la diferencia entre la vida y la muerte de quienes son mordidos por serpientes: suero antiofídico.

“Yo he llevado los sueros a esa gente que a veces no tiene cómo llegar al hospital de una ciudad”, expresa este zuliano que desarrolló una afición especial por estos reptiles cuando trabajaba en los bomberos del municipio Sucre, en Caracas. Allí conoció al teniente Florencio, quien lo enseñó a perder el miedo que les tenía a dichos animales.

Contreras tiene diariamente un compromiso ineludible con los venezolanos: “Cuando me llega una llamada, pareciera que me transformara y en lo único que pienso, así sea 24 o 31 de diciembre, es en salir para salvar vidas”.

Esta pasión surgió luego del deslave de Vargas, en 1999, cuando hizo una advertencia que, asegura él, fue ignorada por las autoridades regionales. El novato bombero de aquel entonces insistió en que sería necesario tomar previsiones para evitar ataques de serpientes: “Yo anuncié después de la tragedia que había que hacer un banco de sueros antiofídicos porque, cuando la gente buscara recuperar sus casas, se iba a encontrar con que las serpientes estaban ocupando esos espacios. Iban a ocurrir muchas mordeduras y para evitar muertes, teníamos que tener sueros”.

Desde ese día, Contreras solicitó apoyo a empresas tanto públicas como privadas y hasta embajadas para dotarse de los kits de sueros antiofídicos y empezar solo su travesía. Actualmente colecciona una amplia lista de contactos en todo el país. Asegura que siempre llegan a él: “Por Whatsapp y por Twitter uno se comunica hasta con los chinos".

Este bombero del INEA sabe que tiene una particularidad: “Aquí no ha habido un trabajo como el que yo he hecho, reconocido por la OMS, la Unesco y muchos científicos del mundo. Un trabajo de campo de vigilar los emponzoñamiento en los campos para estudiar el comportamiento del veneno en el cuerpo humano”.

Sin embargo, su currículo ha pesado poco a la hora de mejorar sus condiciones de trabajo: el gobierno nacional le ha prometido un carro “rojo rojito” pero todavía depende de la bondad de los transportistas de las carreteras para llegar a su destino. “Yo no exijo comodidad porque lo que quiero es llegar lo más rápido posible. A veces peleo con los guardias para que me monten rápido: ´¡coño! conseguime una cola´. Otras veces llego y los consigo amputados o muertos”, expresa este zuliano que va de alcabala en alcabala buscando transporte.

Esa dependencia ha hecho que a veces hasta la muerte le gane la carrera: “Me ha tocado llorar por niños muertos. A veces yo les digo ´espéreme que yo voy´ y no llego a tiempo”.

Por esta razón, hacer público su trabajo es una necesidad. “Yo he tratado de documentar para que este trabajo se vaya al pueblo, para que la gente vea, porque no hay una campaña epidemiológica en el mundo en cuestiones de serpientes. Esto no es amarillismo. La gente tiene que estar informada”, sostiene Contreras.

“Yo no voy a fiestas, no bebo, un coño”. Aunque lo miren extraño porque no se compromete con nada, su labor fue destacada por el ex presidente Hugo Chávez, quien dijo una vez en un acto en el Teatro Teresa Carreño: “Por ahí anda un loco llevando suero antiofídico. Por favor, ayúdenlo”, asegura el primer teniente.

“Yo trabajo con los más pobres de Venezuela. Eso de que me acusan de que yo vendo sueros es mentira. Un suero vale 400 mil bolívares. ¿A quién le voy a estar vendiendo sueros? Esas son ganas de hablar paja. La gente mordida por las serpientes es muy pobre. Si yo atendiera a los burgueses, tuviera helicópteros, oficina, secretarias bien buenas y toda verga”, expone con firmeza Luis Contreras.

Él sabe que una labor tan humana amerita un gran sacrificio: “Todos los que luchaban, hasta el mismo Jesucristo, la han tenido difícil”. Sin embargo, las satisfacciones también son enormes: “A veces me monto en una cola y me dicen: ´¡verga! Vos salvaste a un primo mío”.

Lea aquí un reporte de Contreras sobre las serpientes en Venezuela