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La resistencia de las residencias Los Andes

El edificio fue expropiado en 2005 y remodelado el año pasado para albergar a 657 personas | Archivo

El edificio fue expropiado en 2005 y remodelado el año pasado para albergar a 657 personas | Archivo

Desde 2013 habrían sido expulsados 10 jóvenes del edificio Livia Gouverneur, que alberga a más de 300 universitarios de escasos recursos. Estudiantes denuncian el deterioro de la infraestructura inaugurada hace un año

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En las Residencias Estudiantiles Livia Gouverneur en Sabana Grande, baluarte del gobierno en materia de reivindicaciones universitarias, la difícil convivencia ahoga a los más de 300 estudiantes que allí habitan desde febrero de 2013. Los ascensores se usan como forma de desahogo: de manera anónima, sus residentes los han rayado con expresiones como “Yo sí soy opositor”, “SOS Venezuela”, “Aquí no hay libertad de expresión” y “Mueran los escuálidos”. Las constantes consignas silenciosas han impulsado a algunos representantes del consejo consultivo del edificio a amenazar con instalar cámaras de seguridad para delatar a quienes buscan dañar la imagen de las residencias, cuentan estudiantes universitarios que no quisieron relevar su identidad por temor a represalias.

El antiguo edificio Los Andes, expropiado en 2005 y remodelado el año pasado para albergar a 657 jóvenes de escasos recursos, fue creado como proyecto piloto para evaluar el comportamiento del complejo residencial con estudiantes venidos de todas partes del país y del extranjero en un modelo autosustentable gestionado a través de empresas de propiedad social, explicó Luis Lobo, estudiante de la Universidad Bolivariana de Venezuela y residente del edificio. La inauguración tuvo el espaldarazo de la luchadora indígena guatemalteca y premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú, que en febrero de 2013 acompañó al entonces vicepresidente Nicolás Maduro en el corte de cinta.

No obstante, el clima dentro de las residencias se ha hecho insostenible para muchos, dada la influencia que ejerce el gobierno sobre las Brigadas por las Residencias Estudiantiles, encargadas de velar por el cumplimiento de las reglas de convivencia. Estudiantes universitarios aseguran que desde su inauguración 10 jóvenes han sido expulsados del edificio por razones políticas y más de 20 tienen procedimientos abiertos por el Instituto Municipal para la Juventud de Caracas.

El jueves 26 de junio, cerca de las 10:00 pm, ocurrió la expulsión más reciente. Eliana Feliz, de la Universidad Nacional Experimental de las Artes, fue sacada de la residencia presuntamente con la intervención de la Policía de Libertador. Estudiantes universitarios afirman que desde hacía tres meses la joven era acosada y perseguida por pensar distinto a los cabecillas de las BRE. Contaron que esa noche la muchacha discutió con unos compañeros, le propusieron que bajara a tomar un poco de aire y le cerraron la puerta de la residencia. Estuvo dos días en la calle y luego en casa de una amiga. Desde ese jueves lleva la misma ropa y no ha podido sacar sus cosas del edificio porque le tienen prohibida la entrada.

El miércoles pasado se encadenó a las puertas del edificio esperando que alguna autoridad acudiera y le restituyera su cupo en la residencia. Luego de cuatro horas y la intervención del IMJC, debió abandonar el lugar sin respuesta.

Disidencia castigada. “Dentro del edificio hay estudiantes opositores y se conocen, pero no pueden hacer ni decir nada, porque si alguno hace un comentario o crítica, automáticamente lo tildan de escuálido y amenazan con sacarlo. Si dices para comprar tal cosa, te dicen que es del imperio. Por tu forma de hablar o vestir te tildan de burgués”, expresa un joven alojado en el edificio.

El Livia Gouvernour dejó de ser un escenario estudiantil para convertirse en una trinchera política, aseguran estudiantes. La recepción del edificio se encuentra custodiada día y noche por guardias patrimoniales que controlan la entrada y salida de personas de las instalaciones. Aquellos que no participan en las marchas convocadas por el gobierno son blanco de persecución y de sospecha, aseveran.

Lobo señala que las presuntas amenazas políticas solo buscan perjudicar las residencias. Dice que solo cinco o seis personas han sido expulsadas por comportamientos indebidos o por representar un peligro para el resto. “Hay reglas que cumplir. Si pasan dos meses y la persona no viene a la residencia, damos por sentado que no necesita la habitación. La mayoría ha sido sacada por eso”, sentencia. El estudiante de la UBV niega que las Brigadas estén acosando a los residentes: “Las BRE fueron las primeras que hicieron el proyecto de las residencias; son el motor impulsor de lo que es esto hoy en día. Aquí hay total respeto a la diversidad, lo que no permitimos son actos de violencia”.

No aptas. El deterioro de la infraestructura física del edificio también empieza a afectar la cotidianidad, a poco más de un año de su inauguración. El martes la bomba de agua colapsó y los 9 pisos están sin servicio. Algunos estudiantes universitarios mencionan que solo funcionan 4 de las 16 duchas del edificio y que el techo de los baños de los pisos 7 y 8 se vino abajo y dejó al descubierto tuberías y cableado eléctrico. En cada habitación, de 15 por 10 metros, duermen entre 5 y 6 estudiantes. Solo hay 7 neveras tamaño ejecutivas por cada piso y cada una es compartida por 12 estudiantes. Manifiestan que al inicio les habían prometido una residencia totalmente diferente: con escritorios dentro de las habitaciones, camas plegables, armarios estables, lavandería, un proyecto de textilería, un infocentro y un café cultural. Hasta los momentos nada se ha materializado. “Los estudiantes hemos tenido que sacar dinero de nuestros bolsillos para poder colocar cerraduras y ventanas, y arreglar los ascensores”.

Cada muchacho paga una unidad tributaria mensual de alquiler. Ese dinero, en teoría, debería ser destinado para sustentar la residencia pero según cuentan los estudiantes han tenido que usar esos recursos para reparar las deficiencias estructurales del edificio. En septiembre de 2013, Gabriela Graterol, miembro de las BRE, reveló que aún faltan las cocinas, lavanderos y camas de los pisos 1 y 2.

Las bicicletas que no llegaron

El 17 de noviembre de 2013 a los estudiantes que viven en el Livia Gouverneur los “instaron” a participar en la inauguración del segundo tramo de las ciclovías de la Alcaldía de Caracas, que va desde la avenida Las Acacias hasta la puerta de la residencia, en Plaza Venezuela.

El alcalde Jorge Rodríguez dijo que les entregaríanese día 50 bicicletas y que recibirían otras 350 en lotes de 50 semanales. Segúnlos estudiantes de la residencia, solo les dieron 39. “De esto se ha derivadoun problema fortísimo de convivencia. En vez de exigirle al gobierno quecumpliera su compromiso con los estudiantes, los de la brigada querían quenosotros devolviéramos nuestras bicicletas para ellos reasignarlas”, cuentan.Al parecer, el Instituto Municipal de la Juventud replanteó la promesa y ahora les ofrecen venderles bicicletas a bajos precios.