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145 personas presentan signos de intoxicación por actividad petrolera

Médicos piden ante la AN evaluar a una muestra mayor de la población | Foto Raúl Romero / Archivo

Médicos piden ante la AN evaluar a una muestra mayor de la población | Foto Raúl Romero / Archivo

Más de 56 niños que viven en los 9 kilómetros que separan las refinerías de Amuay y Punta Cardón tienen daños neurológicos. Las patologías se evidencian más en los municipios Carirubana y Los Taques

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En los 9 kilómetros que separan las refinerías de Amuay y Punta Cordón, en el estado Falcón, vive una población de al menos 300.000 habitantes que son vulnerables a los tóxicos emanados de la actividad petrolera.

Al Servicio de Toxicología de la cooperativa Maraven llegó una familia, madre ama de casa, padre trabajador de Pdvsa y tres hijos, uno con diagnóstico de autismo y unos morochos de seis meses con metales en el organismo pero que luego fueron desintoxicados. Tiempo después de aplicar el estudio de mineralograma para determinar los niveles de concentración de minerales, constataron que el niño de dos años tenía en el cuerpo metales tóxicos proveniente de las refinerías, que probablemente incidieron en su condición.

Esta familia no es un caso aislado. Desde hace 6 años el Servicio de Toxicología del Grupo Médico de la Cooperativa de Servicios Múltiples de la Comunidad Cardón detectó que hay 56 niños con daños neurológicos que, a su vez, tienen metales tóxicos en el organismo, los cuales son marcadores de la actividad petrolera.

Desde la integración de ese centro de toxicología en 2010, presidido por el toxicólogo César Rengifo, se evaluaron pacientes con diversos trastornos cognitivos-conductuales. El denominador común en la investigación fue el hallazgo de metales tóxicos, desbalances nutricionales y patologías neurológicas en pacientes ya diagnosticados que fueron referidos para constatar el secreto a voces: la contaminación.

De los 56 pacientes todos menores de 17 años, 64% está contaminado con metales tóxicos: 45% con aluminio, 18% con cadmio y mercurio y 13% con plomo. Cinco pacientes tenían presencia de dos o más metales tóxicos en el organismo; 76% tenía pérdida de minerales nutricionales siendo los más importantes hierro (54%), zinc (27%), calcio (22%), y sodio y potasio (21%).  Adicionalmente, 40% tenía niveles elevados de los oligoelementos vanadio, estaño y estroncio, los cuales son marcadores ambientales de contaminación por actividad de refinación petrolera. 

El servicio atendió además a 89 pacientes adultos, de los cuales 89% tenía algún tipo de afectación. En 45% de ellos había presencia elevada de metales tóxicos: mercurio (27%), plomo (13%), aluminio y cadmio (11%). De esos pacientes, 35 tenían 3 o más metales en su organismo. 84% tenía alteración en los niveles de minerales nutricionales: calcio (48%), magnesio (34%), zinc (26%) y niveles elevados de sodio (23%). Al igual que el grupo de menores de edad, en los adultos se consiguieron niveles elevados de los marcadores de actividad petrolera: estroncio, estaño, vanadio y rubidio.

Rengifo hace el despistaje de la presencia de metales en el organismo de las personas que fueron referidas con un examen de las hebras del cabello a través de la técnica espectrofotometría de masa acoplado a plasma inductiva, para determinar las concentraciones de metales y minerales que se encuentran en el cabello y que incide en cambios metabólicos de estas personas. El costo del examen es de 80 dólares y la muestra de cabello debe enviarse a Estados Unidos.

Los casos encontrados tienen mayor prevalencia de pacientes diagnosticados en las localidades de Judibana y Maraven, a pesar de que las zonas aledañas a las refinerías (Punta Cardón, Flúor, Pueblo Nuevo, Alí Primera, Adaro) son las más afectadas. Esto se debe a que solo se puede realizar estudios a las personas que tuvieron los recursos económicos para costear el examen, dado que en el país no se realiza en instituciones públicas, explicó el toxicólogo.

Falcón: punta del iceberg. Los especialistas que han investigado la incidencia de autismo calculan que el estado Falcón es el segundo estado con mayor prevalencia de la condición en el país. “La situación se ha agravado por un aumento significativo del número de nuevos casos de daños neurológicos  y una mayor incidencia en niños más pequeños, a partir del año 2012, año de la explosión en la refinería de Amuay”, precisa el estudio. Aunque no hay casos de mortalidad por los gases emanados de las refinerías, sí hay un número alto de personas enfermas. “En adultos se ven trastornos del sueño, cambios emocionales, problemas de descalcificación. En los niños , autismo, trastornos del aprendizaje tanto en lenguaje como lectoescritura, hiperactividad y trastornos de conducta”.

El equipo multidisciplinario cruzó la data de daños que reportó el INE en el Censo Nacional de Población y Vivienda de 2011 y comparó la discapacidad neurológica de los municipios Carirubana —donde se encuentra la Refinería Punta Cardón— y Miranda. Tienen una población de 264.000 habitantes y 229.000. El primero presentó 1.736 casos en comparación con 675 del segundo. También se constata entre los  municipios Los Taques -donde está la Refinería de Amuay- y Colina que con una densidad poblacional similar el primero tiene una incidencia 25% mayor comparado con el segundo.

“En Venezuela no conocemos cabalmente la prevalencia y distribución de los trastornos del desarrollo, sin embargo, se tienen como referencia datos arrojados por el Censo 2011 del Instituto Nacional de Estadística. La incidencia de personas con discapacidad neurológica e intelectual-mental es de 319.765 casos, con una prevalencia de 110 personas por cada 100.000 habitantes. Respecto a la información obtenida permite observar que un porcentaje importante corresponde a personas menores de 18 años de edad con algún tipo de limitación para el desarrollo de las funciones intelectuales”, concluye el informe.

El médico advierte que los adultos pueden limpiar su organismo con el paso del tiempo, pero en los niños su desarrollo se ve afectado inmediatamente.

Desde la cooperativa Maraven han podido iniciar tratamientos con antioxidantes en algunos niños que lograron ser diagnosticados a tiempo, mientras que a otros solo se les ayuda a sobrellevar los daños que fueron ya causados. Los resultados están por verse.