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La parranda está viva

Parranda navideña / Henry Delgado

Parranda navideña / Henry Delgado

Los cantos al Niño Jesús, el Año Nuevo y la vida cotidiana son la excusa para compartir entre familiares y desconocidos

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Cada diciembre, en casas y apartamentos se abren de par en par las puertas y ventanas con que los dueños intentan frenar la amenaza de la delincuencia, para recibir, como en otras épocas, a los parranderos que celebran la Navidad.

Esa es la experiencia que desde hace 30 años disfruta un grupo de ex alumnos de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Venezuela, que se bautizaron a sí mismos como Kopus Ron, y empezaron a recorrer Caracas en caravana para entonar aguinaldos. Visitan Caricuao, El Cementerio, 23 de Enero, Los Flores de Catia y otras parroquias para cantarle a las fiestas decembrinas.

El periodista y cronista urbano José “Cheo” Carvajal relata que todo comenzó en 1982. Un año después, el grupo de amigos que se trasladaba de un sitio a otro en un par de carros había crecido tanto que requirieron de, por lo menos, 15 vehículos para movilizarse. Con los años, la caravana se transformó en una caminata que recorre La Carlota todos los 30 de diciembre.

“La parranda va abriendo espacios que están normalmente cerrados. Va tejiendo vínculos entre los vecinos. La gente no te conoce, pero igual te recibe. Al principio no había mucha confianza cuando nos veían llegar. Con el pasar de los años nos invitan a entrar a las casas y hasta nos esperan cada Navidad”, expresó.

El Parrandón de Ciencias, nacido también en la UCV por iniciativa del recordado músico Otilio Galíndez, se reúne varias veces cada diciembre desde 1983.
Humberto Rojas, uno de los ejecutantes de cuatro, menciona una característica que se repite anualmente: la tradición no se pierde gracias a la participación de los más pequeños.

“Es un acto que la gente espera y que cada año se renueva por el entusiasmo. Algunos son fundadores, pero también hay músicos que eran niños cuando empezamos y que se han integrado para tocar y cantar”, dijo.

Cita obligada. “En La Sabana, donde reina la alegría / De música y poesía / Donde se quiere y se ama / Por eso es que La Sabana es tierra de la madre mía”.
Los versos de La Sabana, en el estado Vargas, resuenan todo el mes para adorar al Niño Dios o cantarle a la cotidianidad. Los sabaneros saben que del 16 al 24 de diciembre cantarán en el templo, en las misas de aguinaldo, pero las parrandas del pueblo, las que se instalan en alguna esquina o en una casa, no tienen fecha fija, salvo la del Día de Inocentes cada 28 de diciembre y la del 1° de enero en casa de la familia Cardona Escobar.

“No sabemos exactamente cuándo empezó, aunque todos los años la hacemos. La gente cree que se trata de una promesa, pero no es así. Simplemente celebramos el Año Nuevo”, indicó Leovardo Cardona La Rosa, promotor de la fiesta desde hace más de una década.
Anualmente, como si cumpliera un rito, se encarga de buscar a los músicos del pueblo y a los cantantes, y convida a sus paisanos y a todo el que quiera acercarse a pasar el rato en familia. La celebración se ha convertido en una cita obligada, en la que las improvisaciones de los metales ejecutados por los hijos de Cardona marcan la diferencia con el resto de las parrandas.  

Sin plan establecido
Nelson Rojas, nativo de Caricuao y promotor de parrandas desde 1975, señala que entre parranderos los acuerdos son implícitos. No hay una planificación de los temas que se cantarán. La improvisación es la regla.

“No hay agendas establecidas. La gente se va poniendo de acuerdo y llegan a las parrandas. La parranda es abierta, tiene un concepto en el que se enganchan las improvisaciones y se canta sobre cualquier tema”, explicó.

Efrén Jiménez miembro del grupo Los Porteños del Niño Jesús, de Sarría, coincide con Rojas. Cada 25 de diciembre recorre el lugar junto a un grupo de músicos.
“Aquí, en Sarría, la gente adorna el frente de su casa, se saca al Niño Jesús y se visitan los pesebres para cantarles aguinaldos”, relató.