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El nombre puede cambiarse, pero con condiciones

El instrumento legal señala que los interesados en el trámite deben demostrar que hay una limitación para el desarrollo libre de la personalidad. Reglamento de la Ley de Registro Civil establece criterios específicos para las modificaciones

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Al correo electrónico de la abogada Rosangelis Rojas han llegado más de 30 solicitudes de ciudadanos que quieren cambiar su nombre. También le han pedido ayuda a través de su blog. Es el caso de Ire, un niño de 7 años de edad, a quien le pusieron un nombre religioso que no se corresponde con ningún género. La madre escribió que los compañeros de clases se burlan de él y por eso decidieron cambiarlo.

El niño no tiene segundo nombre. Por las mofas de los demás, la madre se da cuenta de que cometió un error al bautizarlo de esa manera. Casos como estos se pueden resolver en las oficinas del registro civil, tal como lo establece la Ley Orgánica de Registro Civil, en vigencia desde 2009. Ahora, con el Reglamento Nº 1 –que se publicó en Gaceta Oficial 40093, el 18 de enero de 2013–, hay criterios más específicos para hacer esas modificaciones con rapidez.

Si se siguen los procedimientos, el niño podrá tener otro nombre en ocho días hábiles. No cualquiera puede obtener este beneficio. El artículo 146 de la ley orgánica establece que sólo se modificarán los nombres infamantes, que sometan al escarnio público, que atenten contra el honor o que no correspondan con el género –esto no beneficiará a transexuales, pues la ley no considera el cambio de género–. En resumen, sólo se aplica cuando impide el libre desenvolvimiento de la personalidad.

Rojas cita otro caso: una mujer tiene los dos nombres en diminutivo. “Ella considera que eso le ha afectado y por eso puede realizar el cambio”, indica la abogada. Daniel Peña, coordinador del Registro Civil del municipio Sucre, pone otro ejemplo: quienes se llamen María José pueden hacer la solicitud, si consideran que no concuerda con su género y que les causa algún problema.

También se puede pedir el cambio cuando hay errores ortográficos o letras en posiciones incorrectas. Por ejemplo, en el blog de Rojas escribió un hombre que se llama Gabriel, pero que fue registrado como “Grabiel”.

En el municipio Sucre, dice Peña, algunas personas han ido a preguntar por el procedimiento desde que se promulgó la ley. Sin embargo, apunta, hasta ahora no han recibido ninguna solicitud formal: “No es que cualquier persona puede hacerlo. Si eso fuese así, los registros civiles tendrían cargas de trabajo y costos que no se justificarían, pues se trataría de simples caprichos”.

Los criterios. Antes de que se promulgara la ley, el procedimiento para cambiar el nombre era complicado. Reyna Alemán, directora del Registro Civil de Baruta, indica que para lograrlo había cumplir un proceso judicial. Ahora, en cambio, son los registradores los que tienen la competencia. “Esto es un avance. Además, el reglamento que se acaba de publicar hace más expedita la modificación del nombre”.

¿Cómo saber si se justifica el cambio? Se debe presentar una solicitud con la explicación y las pruebas –en el reglamento no se señalan cuáles–. Alemán indica que hay que demostrar en el registro la necesidad de la modificación. Rafael Rodríguez, director de Justicia Municipal de Chacao, afirma que la decisión final queda a juicio del registrador.

“Hay casos muy evidentes, como que el nombre sea el mismo de un delincuente”, ejemplifica Alemán –en Baruta no se ha presentado hasta ahora ningún caso–. De todos modos, el Consejo Nacional Electoral, de acuerdo con el artículo 97 del reglamento, debe elaborar criterios uniformes para que los registradores tomen decisiones justas.

El concepto de sí mismo

Un nombre inadecuado puede tener consecuencias negativas. Gilberto Aldana, presidente de la Sociedad Venezolana de Psicología de la Salud, indica que el nombre forma parte del concepto de sí mismo: “Es una variable psicológica importantísima porque influye en la autoestima, autovaloración y autoeficacia”.

Aldana afirma que si el nombre no se acepta, puede afectar el desenvolvimiento social. Para el especialista, es positivo que exista la posibilidad de cambiarlo, pero considera indispensable que haya una justificación. “Debe haber suficientes razones psicológicas y legales. Inclusive, sugiero que se haga una evaluación psicológica a quien lo solicite. Este no es un asunto sencillo: se trata de la identidad personal, de cómo nos presentamos ante el mundo”.