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La noche caraqueña se duerme temprano

Quienes salen a rumbear toman sus propias previsiones para afrontar la inseguridad | Foto: Raúl Romero

Quienes salen a rumbear toman sus propias previsiones para afrontar la inseguridad | Foto: Raúl Romero

Dueños de locales nocturnos han tenido que reforzar la seguridad y afrontar la escasez de productos

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Menos locales, menos variedad de cocteles y menos horas de rumba. La inseguridad y los altos precios han hecho mella en los hábitos nocturnos del caraqueño. El jueves en la noche, Doralys Guilarte y Reinaldo Vera discutían si entraban a Discovery Bar, en El Rosal. Antes, habían hecho tiempo en un restaurante y los 15 minutos que pasaron en el sitio les costaron 600 bolívares. Quedarse en el local nocturno implicaba más gastos, además de pagar un taxi, pues no cuentan con vehículo propio.

“No nos gusta llegar a un local a las 11:00 pm a hacer cola, para ver si nos dejan entrar. Es muy inseguro salir tan tarde y las cosas están muy caras”, afirma Guilarte, que, además, cuestiona que un servicio de ron cueste 2.500 bolívares en las discotecas que solían ser económicas. En algunos locales una cerveza puede costar hasta 50 bolívares.

José Acosta y Víctor Da Silva, responsables de la seguridad en Marbella, en Las Mercedes, afirmaron que en el pasado la gente solía consumir más: “Ahora entran con un servicio y lo rinden toda la noche”.

Quienes salen a rumbear procuran no comer en la calle. Van en grupos grandes, tratan de contar con por lo menos un vehículo y acuden siempre a los mismos sitios.
 
Poca variedad. Betania González y Jorge Medina ya no salen de lunes a lunes, como acostumbraban. Sin embargo, procuran hacerlo dos veces por semana: “Realizamos el esfuerzo porque nos gusta y para eso trabajamos”.

Christian Leal recuerda la época del open bar. Asegura que cuando comenzó a salir pagaba 35 bolívares por un vaso de ron y ahora debe pagar 250 bolívares.

En Las Mercedes las noches no son las mismas. Un jueves a las 9:00 pm son pocos los lugares nocturnos que abrieron las puertas o que tienen cola para entrar. Afuera de los locales indican que el movimiento de rumberos comienza a verse pasadas las 11:30 pm.

El propietario de un local en el centro comercial San Ignacio afirma que los jóvenes caraqueños se dividen en aquellos que prefieren celebrar en las casas y los que optan por arriesgarse y salir de noche.

Para Luis Cedeño, director de la asociación civil Paz Activa, la situación tiene impacto en la actividad económica y en la construcción de ciudadanía: “Ahora habitamos la ciudad, no la vivimos. No puedes ser un ciudadano si no interactúas con los otros en el espacio público. Si te retraes al espacio privado y te quedas en casa, no sabes lo que está pasando. Eso tiene un impacto en el capital social, pues la gente pierde la capacidad de organizarse y eso influye en la construcción de la democracia”.

En los locales informaron que aún no se han visto obligados a reducir los horarios. Muchas veces permanecen abiertos hasta pasadas las 5:00 am, para que quienes se quedaron en el lugar no tengan que salir de madrugada y puedan tomar el Metro para regresar a sus hogares.

 
Medidas de seguridad. Por un acuerdo con la Policía de Chacao, los responsables de los locales del municipio solicitan a todos los asistentes la cédula laminada, toman sus datos, revisan bolsos y carteras y utilizan detectores de metal. Además, cuentan con sistema de cámaras para garantizar la seguridad. Pese a las previsiones, la inseguridad continúa siendo el factor que cohíbe a los caraqueños de salir en las noches.

Herdford Pérez estudia al lado de El Molino, en la avenida Solano, y dice que si al salir de clases quiere distraerse, lo máximo que hace es tomarse un trago y luego se retira. “Hace cuatro años que no rumbeo. Aquí te pueden quitar la vida por cualquier cosa”.

Sin mojitos
Los dueños de locales nocturnos resienten la disminución de la clientela y la escasez de productos. Leonardo Degl'Innocenti, uno de los socios de El Teatro Bar, explica que entre 2013 y 2014 han logrado mantener la convocatoria debido a que conservan los precios del año pasado. “Este lugar no es costoso, si se compara con el resto del universo de bares que hay en la ciudad. Tenemos buena seguridad y estacionamiento propio. Pero sí siento que el ambiente se complica y hay preocupación porque puede empeorar. Estamos experimentado escasez en varios productos. Nos cuesta conseguir whisky, vasos, azúcar y hierbabuena para los cocteles”, dijo Degl'Innocenti.

Las servilletas y el papel higiénico se suman a la lista de los insumos imprescindibles para que funcionen los bares, que ya no pueden conseguir. El zumo de las frutas para los cocteles y el papel destinado a los puntos de venta y a las facturas también se cuentan entre los que escasean.