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De mengua muere la Facultad de Medicina de la UCV

27 profesores han renunciado en lo que va de año | Foto Williams Marrero

27 profesores han renunciado en lo que va de año | Foto Williams Marrero

El presupuesto, inferior a 3 millones de bolívares, debe alcanzar para cubrir los gastos de 6 escuelas y 7 institutos 

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Solo los cadáveres están preservados en la Facultad de Medicina de la UCV. De resto, en sus seis escuelas Luis Razetti, José María Vargas, Bioanálisis, Nutrición y Dietética, Salud Pública y Enfermería; y en sus siete institutos Anatómico, Anatomopatológico, Cirugía Experimental, Medicina Experimental, Medicina Tropical, Biomedicina e Inmunología, el juramento hipocrático muere de mengua.

Los 2.955.782 bolívares de presupuesto que le fueron asignados a toda la facultad para 2015 se agotaron en julio, y las clases destinadas a aproximadamente 3.000 estudiantes de 12 carreras, que debían comenzar en este mes de noviembre, están suspendidas hasta nuevo aviso.

Las puertas de los institutos están cerradas, los laboratorios vacíos, y en los pasillos y caminerías de la Escuela de Medicina Luis Razetti, no se observa ni una bata blanca; crece la maleza y abundan las hojas secas. El Consejo de Facultad de Medicina, reunido el martes 27 de octubre en el auditorio Lorenzo Campins del edificio del Decanato de Medicina, votó a favor de no reiniciar las actividades. Los profesores insisten en que no quieren ser cómplices de una “estafa educativa”.

Las sedes de las escuelas e institutos que conforman la facultad se están cayendo, víctimas del deterioro y la falta de inversión en gastos de funcionamiento. Con ellas también se desploma la posibilidad de formar con criterios de excelencia a los futuros médicos del país.

Sin prácticas. Miguel Ortiz, estudiante de sexto año de la escuela Luis Razetti, reconoce que hay muchos procesos y técnicas con las cuales no está familiarizado por no haberlas practicado durante su formación: “Los estudiantes de Bioquímica, que antes realizaban cuatro prácticas de laboratorio complejas al año para explicar los procesos de ADN, ahora solo realizan una por falta de reactivos”.

Ortiz afirma que Farmacología tampoco realiza prácticas y que las pruebas que antes desarrollaban con animales, para medir los efectos de los fármacos, ahora las hacen con lápiz y papel: “Realizamos cálculos matemáticos porque no contamos con los materiales para realizar la práctica de manera correcta”.

Daniella Liendo, estudiante de Citotecnología y cursante de Medicina en la escuela Vargas, es más elocuente. Ella, y los 50 estudiantes que necesitan conocer la vida de las células, requieren hacer al menos una práctica anual de Parasitología (que implica trabajar con heces humanas); y no pueden porque se dañó la bomba de agua en la institución. No hay dinero para repararla.

“Desde que entramos al primer semestre vamos al hospital, y este tiene las mismas carencias de la universidad. Tenemos que llevar desde los guantes hasta las láminas con las que vamos a trabajar. Este año reunimos dinero junto con los profesores y arreglamos 16 microscopios, que representan la vida de un citotecnólogo”, apunta Liendo.

Paradójicamente, los cadáveres necesarios para las prácticas de Anatomía, están bien resguardados. El Banco Central de Venezuela contribuyó con el arreglo de las cavas de la escuela Razetti, donde se preserva el material didáctico, informó el decano de la Facultad de Medicina, Emigdio Balda; quien agradeció la aprobación de este proyecto pero, al mismo tiempo, lamentó la suerte (y el presupuesto) de la institución.

Asegura que solo impermeabilizar los techos de la escuela José María Vargas cuesta 2,3 millones de bolívares. Si lo hiciera, apenas le quedaría para comprar 5 microscopios, cuyo costo individual supera los 120.000 bolívares.

Deterioro evidente. La repercusión de la crisis presupuestaria es predecible. Aulas, bibliotecas y laboratorios se deterioran. La calidad de la enseñanza también. Alberto José García, profesor asistente de la cátedra de Fisiología de la escuela Razetti, deplora que por falta de recursos disminuya la calidad y la cantidad de las prácticas que requiere todo futuro médico para comprender los procesos patológicos del organismo.

“La contratación colectiva única, impuesta por el gobierno, dice que para las cátedras que dictan práctica debe haber un profesor por cada 16 alumnos. La nuestra maneja alrededor de 320 estudiantes. Por ende, necesitamos al menos 20 profesores. Tenemos solo 8. El déficit de docentes supera el 50%”, explica García.

No hay herramientas para enseñar, más allá de la indudable mística. García se irrita y entristece al contar que debe pedirles a sus alumnos que lleven tensiómetros, tonómetros y estetoscopios para sus prácticas de Fisiología. Tampoco hay reactivos, electrocardiógrafos ni espirómetros (miden los volúmenes y las capacidades del pulmón).

Asegura que la cátedra lleva una década advirtiendo la falta de recursos y no recibe respuesta. 83% del presupuesto de la Facultad de Medicina se consume en gasto de personal, 10% en gastos de funcionamiento y 7% en providencias estudiantiles.

“No quiero ser copartícipe de la estafa en la formación de los médicos que otrora fueron formados con criterios de excelencia por las universidades autónomas de Venezuela”, dice el profesor.

La crisis también afecta a los futuros bioanalistas, farmaceutas, enfermeros, técnicos radiólogos, técnicos cardiopulmonares, citotecnólogos, nutricionistas y estudiantes de salud pública, quienes integran la Facultad de Medicina.

La escuela Vargas, cuyos techos, salones y baños están dañados, recibe anualmente 180 estudiantes. Se prevé que con la reciente asignación de la OPSU ingresen 270 nuevos alumnos el año próximo.

María Cristina Riascos, estudiante de 4° año de Medicina, cree que lo ideal es que se entregue un microscopio por cada tres estudiantes en cada práctica de Histología, y así estos puedan conocer los tejidos y las células con algún nivel de detalle. Asegura que ahora se limita el tiempo de las prácticas y solo hay un aparato por cada seis alumnos.

Sospecha que está mal formada, a pesar de su empeño y el de los docentes: “Los profesores nos dan todos los conocimientos, pero hay cosas que tenemos que ver, palpar, conocer. Esto no es transmisible a través de láminas o fotocopias”.