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El médico de los más olvidados

A sus 100 años de edad, el científico deja un legado en el tratamiento de enfermedades socialmente estigmatizadas

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La semana pasada le habían comunicado a Jacinto Convit que el Instituto de Biomedicina, que fundó y donde pasó cuatro décadas de su vida, llevaría su nombre como reconocimiento a su labor. El homenaje, sin embargo, será póstumo. El médico y científico venezolano Jacinto Convit falleció ayer en la madrugada a sus 100 años de edad.

En el Instituto de Biomedicina están de luto por la muerte de uno de los llamados "héroes de la salud de las Américas", por sus aportes sobre la lepra y la leishmaniasis, realizados durante 70 años de trabajo científico. Convit era el corazón de esa institución en la que formó varias generaciones de investigadores y en la que ayer muchos llevaban caras largas.

Harland Schuler, director adjunto del instituto, trabajó junto a Convit por 28 años. Ahora asume el reto de darle continuidad a su enorme legado. "Desarrolló toda una escuela de formación de recursos humanos en la investigación médica. Dejó un equipo sensibilizado y preparado para abordar diferentes patologías. Su dedicación era darle salud a los más olvidados", afirmó.

Nunca abandonó sus labores científicas, hasta que en enero de este año cayó en cama. Desde ese momento tuvo sus altas y bajas, dijo Schuler. Desde casa revisaba proyectos, se reunía con sus colaboradores y estaba pendiente de la atención de patologías dermatológicas, de la oncocercosis, de la tuberculosis y del cáncer. Sobre esta última enfermedad dejó abierta una puerta con la inmunoterapia, estudiada en su fase experimental.

Uno de los principales aportes del científico es la vacuna contra la lepra, padecimiento que a principios del siglo pasado condenó a un aparheid a sus afectados. Convit inoculó el bacilo de la lepra en cachicamos y obtuvo el Mycobacterium leprae, que mezclado con la BCG (vacuna de la tuberculosis), produjo la inmunización. El hallazgo lo convirtió en candidato al Premio Nobel, aunque ese galardón no le quitaba el sueño. 

En la última entrevista dada a El Nacional, en 2009, dijo que en la lucha contra las enfermedades debe librar una batalla adicional contra los prejuicios. “El problema de la lucha contra estas enfermedades que afectan al ser humano es el prejuicio. La lepra pudo ser tratada porque trabajamos sin prejuicio, teniendo la seguridad de que se iba a encontrar un tratamiento que iba a mejorar al enfermo. Y en cáncer existe un prejuicio tremendo: la gente cree que no tiene solución”.  


Trabajador incansable. Su asistente por 50 años recordó que mantuvo una relación profesional con sus empleados y muy afectuosa con sus pacientes. "Su trabajo fue lo primero, lo segundo y lo tercero. Siempre se llevaba cosas a la casa y se traía otras a la oficina. Tomaba un problema y no lo soltaba hasta que lo solucionaba. Era muy persistente”.

Era de pensamiento ágil, pensativo y certero. Solía citar trabajos de memoria, con autores y fechas incluidos, contó Alberto Paniz, director médico y de investigación de la Fundación Jacinto Convit, y con quien desarrolló el estudio sobre el cáncer.

“Tenía un instinto excepcional para diagnosticar a los pacientes. Su palabra serena y su tacto eran de por sí sanadores. Era muy exigente y difícil de llevarle el paso. Cuando veíamos juntos al microscopio, forzaba la vista por su edad y sin embargo daba en el blanco”, refirió Paniz.

Era una persona distante en lo personal, pero humanista, aseguró Félix Tapia, investigador que trabajó con él por 38 años. “Era un visionario. Dejaba crecer a los demás, a pesar de ser la figura más grande del instituto. Siempre me decía que jubilarse no era una forma de vivir, que el trabajo es algo que está incrustado en el corazón. Conocía muy bien el alma humana”.


Documental sombra
LISSETTE CARDONA
La vida de Jacinto Convit merecía ser contada. Así lo afirma María Eugenia Mosquera quien junto a Sergio Monsalve realizaron el largometraje Jacinto Convit: un venezolano de excepción.

El filme recoge extractos de los últimos 15 años del médico y científico venezolano. Ambos realizadores se convirtieron en su sombra, lo seguían al trabajo y perpetuaron en imágenes varios encuentros con la familia.

“Teníamos el compromiso con el país de mostrar su educación, constancia, estudio y decencia. Los hechos se contaron de la mano de un país, de un hombre que nació en una Venezuela rural, plagada de enfermedades, con muchas muertes de niños, que decidió estudiar Medicina en esa época y nunca se fue de su país”, apunta Mosquera.

La cineasta afirma que Convit tenía cuatro placeres y era un hombre reservado:

“Disfrutaba de la ópera, de la lectura, de la playa y de su trabajo. Gracias a ese equilibrio mente-cuerpo pudo hacer todos los descubrimientos a lo largo de sus 100 años", agregó.

El documental se estrenará hoy a las 8:30 pm por Vale TV.