• Caracas (Venezuela)

Sociedad

Al instante

El juguete perfecto enseña a los niños el valor de la solidaridad

 El móvil favorito de Capablanca es un pegaso / Samuel Hurtado

El móvil favorito de Capablanca es un pegaso / Samuel Hurtado

Enrique Capablanca y su esposa, Haydée Logreira, fabrican desde hace 15 años juguetes de madera

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Un maestro juguetero es un hacedor de ilusiones. Enrique Capablanca, en particular, es un perfeccionista de esas ilusiones. Para hacer un juguete puede demorar un día o una semana, pero cada pieza de madera pasa por un estricto y constante proceso de pruebas, cambios y recambios.

Su mundo está rodeado de pegasos y dragones. Al halar una cuerda se rompe el mito y las figuras empiezan a batir las alas al paso que el tirón indica y –con un poco de imaginación– el vuelo se extiende por toda la habitación.

“Si una pieza no está en el lugar correcto, los móviles no tendrían el equilibrio que requieren y ese movimiento sería imposible”, asegura.

Capablanca aprendió muy joven el oficio de la madera, gracias a su padre. Unos años después viajó a Italia, a continuar sus estudios de arquitectura en Roma.

“Allí había un taller de madera y yo empecé a trabajar con ellos como ayudante y, por supuesto, aprendí mucho por la gran tradición de juguetes de madera que tienen en ese país”, relató.

Además de figuras mitológicas, fabrica móviles de Charles Chaplin, payasos danzantes, casas de muñecas, perchas y animales más terrenales, como sapitos y mariposas. Sin embargo, su favorito sigue siendo un pegaso, y el dragón el favorito del público.
 
Nace un juguete

El arquitecto empezó a construir juguetes hace 15 años, en compañía de su esposa Haydée Logreira. Aunque el proceso puede resumirse en dos pasos: diseño y producción, cada una de esas fases tiene su maña. Para Capablanca, el diseño es lo más importante, conseguir el balance y que el mecanismo de cada marioneta o trencito funcione a la perfección. Muchas veces al terminar su tarea, ha vuelto a comenzar porque algo no funciona como debería o simplemente porque no le gusta. Cuando da con el diseño adecuado empieza la producción.

Cada una de las figuras es elaborada en el taller que tiene en la terraza de su casa, en La Florida. “Es un espacio algo apretado. Desde allí se ve toda Caracas, pero no se oye y eso me encanta”, subraya.

En el taller corta la madera, la sella, pinta y barniza, antes de empezar a armar cada pieza, siempre con la ayuda de su esposa, quien muchas veces da los detalles finales a la pintura de cada muñeco.

Elabora los juguetes en las tardes. En las mañanas, Capablanca da clases en la Facultad de Arquitectura y Artes Plásticas de la Universidad José María Vargas.

Ninguna de las piezas elaboradas por Capablanca tiene elementos metálicos, clavos ni tornillos. “Hacemos las uniones con pines de madera, pensando en la seguridad de los niños, por eso también utilizamos pinturas y barnices a base de agua”.

Las piezas son hechas con pino caribe –madera venezolana que se da en Anzoátegui y Monagas– y con MDF.
 
Jugar para aprender

“Nos gusta elaborar animales, para enseñar a los niños el valor de la naturaleza, de la solidaridad. No hacemos nada que induzca a la violencia o a la discriminación”, asevera Capablanca, quien opina que Venezuela es una potencia en lo que a juguetes de madera concierne. “Aquí hay una gran tradición. Hay grandes fabricantes de juguetes, especialmente en Mérida. Nada es improvisado”.

Otros juguetes que realizan son trompos, un gusano articulado de ruedas –llamado Billy–, carritos, helicópteros, tacopuzzle, aviones, trenes de tacos, móviles de giro, rompecabezas, animales de rueda y figuras decorativas.

Capablanca y su esposa continuarán en el oficio de jugueteros mientras a las personas les sigan encantando sus obras: “Esa es nuestra motivación”.
 
Contacto
e-mail: ecapablanca@hotmail.com
Facebook: Taller Capa