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La indigencia deja su huella en 15 puntos del Guaire

El río Guaire y sus habitantes | Foto William Dumont

Frente al Jardín Botánico, en Plaza Venezuela, hay chinchorros y colchonetas ocupados a plena luz del día | Foto William Dumont

Hay chinchorros en Jardín Botánico, carpas en Quinta Crespo, El Paraíso y La Yaguara, y casas de cartón, zinc y pendones publicitarios en San Agustín

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El perfil de Hugo Chávez y una bandera con el tricolor nacional son las primeras imágenes de la covacha. El retrato del presidente fallecido cuelga sobre la viga del puente como una cruz de palma bendita tras la puerta de la casa para dar protección. La vivienda está justo debajo del puente de la avenida Las Acacias, a un costado del río Guaire que atraviesa Caracas de oeste a este paralelo a la autopista Francisco Fajardo.

Las tablas que delimitan la estructura están cubiertas de publicidad de la Hiper Feria del Mueble y del Hogar 2014, aunque ahí el mobiliario son trastes usados. Hay pendones contra las guarimbas, promociones del concierto de Franco de Vita y una desteñida bandera de la Misión Ribas. Un poco más allá, una nevera blanca. Un gallo canta en pleno mediodía. Hay gallinas, pollos y perros.

En ese ecosistema más bien rural, que crece en plena autopista, vive Julio Rosales. Dice que es de San Cristóbal, estado Táchira, y que se instaló allí hace tres años, luego de pasar 26 años en distintos penales del país. Asegura que pagó condena por un homicidio que no cometió. Por los alrededores de Los Chaguaramos lo conocen como Pacquiao, por su parecido físico con el boxeador filipino. Tiene 54 años de edad y 4 hijos de 36, 28, 22 y 14 años de edad. Ninguno de ellos lo acompaña debajo del puente. Allí el espacio está dividido en minúsculos cuartos de madera donde viven otras siete personas.

El grupo cocina en un fogón improvisado de leña. Se bañan y lavan sus ropas en una poza de agua transparente que brota por un tubo hacia el río. Creen que proviene de un desagüe conectado a la piscina olímpica de la UCV. La fuente es cotizada por personas de otros sectores del Guaire y de barrios aledaños.

El sábado, el presidente Nicolás Maduro volvió a empuñar una lanza contra la pobreza extrema. En cadena nacional inició del censo de Hogares de la Patria en las bases de misiones. Estos hogares que crecen bajo un puente, aun cuando tienen televisión, forman parte del amplio remanente de exclusión de los programas sociales gubernamentales. La Encuesta de Condiciones de Vida del Venezolano 2014, realizada por la UCAB, la UCV y la USB determinó que 49% de los beneficiados por las misiones no son pobres. Solo 8,4% pertenece al estrato de pobreza extrema.

La ayuda gubernamental solo ha hecho visitas de médico en el vecindario de Rosales. “Ellos vienen, nos caen a charla, dicen que nos ayudarán con ropa y comida y luego no regresan”, dice Pacquiao. “Cuando Chávez murió llegaron con varios camiones para llevárselo todo, pero el ánima de nuestro padre se los impidió”, relata José, de 63 años de edad, que trabaja como parquero en el estacionamiento del Estadio Universitario. La estampa del exmandatario en la entrada de la casa cumplió su cometido.

Funcionarios de la Misión Negra Hipólita los visitaron en marzo de 2013 y en las navidades del año pasado con intenciones de desalojarlos, pero desistieron. “A nosotros nos censaron para un apartamento, pero luego de la charla se fueron. Eso sí, antes de irse recogieron 700 bolívares y nos lo dieron”, dijo Rosales.

Dinero no ha faltado. A lo largo de los 32 kilómetros que corren del Guaire, entre Caricuao y Petare, por lo menos, hay 15 asentamientos de personas sin casa que pudieron observarse en un recorrido realizado la semana pasada. El inventario de la miseria comprende: chinchorros, frente al Jardín Botánico; cartones, planchas de zinc y pendones publicitarios fungen de paredes y techos en San Agustín; carpas con bolsas plásticas a la altura de Quinta Crespo, Puente Hierro, El Paraíso, Antímano y La Yaguara.

Este año la Misión Negra Hipólita cumplirá 10 años de creada y la indigencia, que en ese momento se rebautizó como “situación de calle”, sigue dejando sus huellas en la ciudad. De acuerdo con un censo de julio pasado, publicado en la página web del programa gubernamental, para ese momento había, por lo menos, 86 personas viviendo en las riberas del Guaire en 41 asentamientos. También hay alrededor de 12 barrios constituidos, en los que viven 970 familias al margen del cauce.

Al programa no le han faltado recursos. De acuerdo con un informe reciente de Transparencia Venezuela, la Misión Negra Hipólita y la Misión Vivienda son los programas que han recibido un incremento sostenido de financiamiento en los últimos 3 años. De 454 millones de bolívares en 2013, pasó a 502 millones de bolívares el año pasado y para este el presupuesto se duplicó en 1.009 millones de bolívares.

Luis Pedro España, investigador de la UCAB, señala que la indigencia es un problema mucho más difícil de resolver que la pobreza. “Hay que evitar a toda costa que lleguen a la calle, pues cuando están allí es más difícil sacarlos. Si esto ocurre hay que hacer lo posible para que vivan lo más dignamente posible. Buscarles un lugar para descansar y para asearse”. Añade que la indigencia es un problema muy visible y severo que debe abordarse de manera focalizada y multidisciplinaria; y nunca con criterios “asistencialistas”.

La indigencia debe resolverse de manera individual, dice el psiquiatra Jorge Hernández-Rojas, presidente de Salud Chacao, ente que ahora acoge al Programa Techo: “Hay que evaluar los aspectos psiquiátricos, sociales y familiares. La rehabilitación no puede ser única para todos los afectados. Debe, incluso, comprender una preparación para antes y después del tratamiento”.

A la espera de respuesta
Para revisar el alcance de la Misión Negra Hipólita se envió un cuestionario a Rudman Brizuela, director de Captación y Apoyo Integral del programa, pero hasta el cierre de esta edición no fue respondido. Informaron en la sede de Fundación Negra Hipólita que el único autorizado para declarar sobre el tema es el presidente, el diputado Walter Gavidia, que la semana pasada se encontraba de viaje en Panamá con ocasión de una reunión del Parlamento Latinoamericano. Prometieron responder apenas regresara al país.