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Táchira: Mario Moronta ante inédita situación en la frontera

Mons. Mario Moronta y Mons. Roberto Lückert - Foto: Iglesia

Mons. Mario Moronta y Mons. Roberto Lückert - Foto: Iglesia

Monseñor R. Lückert: “Es una barbaridad y un atropello la deportación  - El Arzobispo de Coro , Mons. Roberto Lückert, llamó a reclamar contra la “barbaridad” y “atropello a los derechos humanos” que está cometiendo el gobierno de Venezuela con los ciudadanos colombianos que están siendo deportados, luego que se anunciara el estado de excepción y cierre de la frontera con Colombia”.

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El Obispo de la Diócesis de San Cristóbal, Monseñor Mario Moronta envió el jueves 27 de agosto, un mensaje contentivo de ocho numerales, dirigido a los sacerdotes, fieles cristianos y personas de buena voluntad. En el escrito ilumina bíblicamente la inédita situación presentada en localidades que jurídicamente están dentro su Diócesis y ante las cuales hace su lectura pastoral. NP

Transcripción íntegra del mensaje:

Al Presbiterio, a los Fieles Cristianos

y personas de buena voluntad en la Diócesis de San Cristóbal

¡Salud y paz en el Señor!

1. Ante una multitud que le seguía como ovejas sin pastor, el Señor Jesús exclamó “Tengo compasión de ellos” (Mc. 6, 34). Le pidió a los discípulos que les atendieran y Él luego les dio de comer al multiplicar los panes (cf. Mc. 6, 37 ss). Esta imagen evangélica sale a nuestro encuentro para iluminarnos ante la inédita situación creada en días pasados con medidas tomadas por el Gobierno Nacional y que han incluido la deportación de numerosos hermanos colombianos. No podemos sentir menos que el Señor y por eso, manifestamos nuestra compasión, acompañada de solidaridad y de misericordia.

2. Nos preocupa como creyentes en el Evangelio de Jesús que quienes han sido más golpeados por las medidas tomadas sean gente pobre y familias con niños pequeños que, incluso, han perdido sus viviendas. Han venido como inmigrantes y requieren un trato justo y respeto de su dignidad. Muchos han sido deportados y otros, atravesando el río y por sendas improvisadas, han pasado la frontera cargando con sus enseres. Lamentablemente, son los más débiles socialmente quienes sufren los rigores de medidas como las tomadas. Ante esto, recordamos la enseñanza del Maestro Jesús: “Lo que le hicieran a uno de mis pequeñuelos a Mí me lo están haciendo” (Mt 25,40).

3. Es cierto que hay conductas irregulares e ilegales por parte de algunos ciudadanos venezolanos y colombianos. Ellos deben responder por sus actos. Las autoridades competentes deben confrontarlos y llevarlos ante la Ley. Suele pasar que quienes son responsables de tantas situaciones inmorales y contrarias al Bien Común nunca aparecen ni son conseguidos para que asuman sus responsabilidades y sean debidamente sancionados. No es secreto para nadie que hay personas y grupos irregulares que han venido creando zozobra no sólo en el eje fronterizo sino en las diversas comunidades del Táchira y de la hermana República de Colombia. Es a ellos a quienes hay que buscar y desenmascarar y hacer que paguen sus fechorías.

4. Condenamos todo exceso que vaya contra la dignidad de la persona humana y pedimos que se respeten los derechos humanos de cada quien, cualquiera que sea su condición, nacionalidad y credo. Todos somos hijos de Dios y poseemos una dignidad desde la cual brilla el esplendor de la Verdad que libera (Cf. Jn 8,32). Esto incluye el dejar a un lado cualquier tipo de ofensa o expresión peyorativa, así como cualquier tentación a promover conductas de tipo xenófobo. Los colombianos y los venezolanos hemos convivido en esta frontera con un gran sentido de fraternidad durante siglos. No podemos negar que numerosos tachirenses tienen vínculos familiares con hombres y mujeres de Colombia.

5. Invitamos a todas las autoridades, a todas las instituciones públicas y privadas para que se encuentren. En el encuentro podrá darse siempre un diálogo constructivo que resuelva situaciones controversiales y conflictos que se puedan dar. La historia común nos enseña que es posible. Hoy más que nunca se debe hacer, a fin de consolidar los vínculos de unión e integración que nos distinguen. La frontera no es una simple línea divisoria de carácter geopolítico. Es mucho más: es un ámbito donde comunidades de varias naciones hacen posible la comunión de esfuerzos en orden al desarrollo integral de todos los ciudadanos. Nuestra frontera colombo-venezolana, sobre todo en nuestra región Táchira-Norte de Santander se ha caracterizado por ser una de las más vivas del continente latinoamericano. Debe seguir siéndolo. La hora presente nos desafía a todos para lograrlo en el diálogo, en políticas comunes y acuerdos que favorezcan tanto la paz social como la sana convivencia de hermanos y el desarrollo integral de los ciudadanos y comunidades.

6. Desde hace varios años, los sacerdotes y Obispos del eje fronterizo colombo-venezolano nos hemos encontrado para dialogar, realizar proyectos comunes de atención al pueblo y para reafirmar que somos miembros de una misma Iglesia. Hoy, podemos tomar las palabras del Papa Francisco: “Una Iglesia sin fronteras, madre de todos” (MENSAJE PARA LA JORNADA MUNDIAL DEL EMIGRANTE Y DEL REFUGIADO, 2015). Nos enseña el Santo Padre: “La Iglesia sin fronteras, madre de todos, extiende por el mundo la cultura de la acogida y de la solidaridad, según la cual nadie puede ser considerado inútil, fuera de lugar o descartable. Si vive realmente su maternidad, la comunidad cristiana alimenta, orienta e indica el camino, acompaña con paciencia, se hace cercana con la oración y con las obras de misericordia”.

7. Desde hace tiempo hemos venido denunciando las situaciones terribles que golpean nuestra frontera: desde el contrabando, el narcotráfico y la trata de personas (sobre todo de niños) hasta conductas amorales que pretenden justificar el relativismo ético que les caracteriza. No hemos sentido una respuesta global de la sociedad civil ni de las autoridades. También hemos anunciado las hermosas realidades que nos permiten ver que el futuro es posible y promisorio en todos los campos. En este momento, el testimonio de trabajo desinteresado de nuestros sacerdotes y de laicos, en comunidades eclesiales de base y grupos apostólicos ha sido determinante para mostrar la compasión y la misericordia hacia quienes más lo requieren. Las “Caritas Parroquiales” están en disposición de atender a tantas personas que tienen necesidad tanto de una ayuda material como de un consuelo humano y espiritual.

8. Reafirmamos nuestra vocación de servicio y la opción preferencial por los más pobres y excluidos, sean colombianos, venezolanos o de cualquier otra nación del mundo. Nos mueve a ello un solo interés: el amor fraterno que nos debe distinguir siempre como discípulos de Jesús (cf. Jn 13,35). Lo hacemos pues nos identificamos con Él en su amor hecho entrega liberadora para todos los seres humanos del mundo y de la historia. Acompañamos este compromiso con la oración, en particular la eucarística donde podemos compartir el pan de la Palabra y de la Eucaristía, entregado para la salvación de todos sin exclusión de nadie. María, Madre de Dios y Madre Nuestra, la misma Chiquinquirá y Coromoto, nos acompañe con su intercesión y solícita protección.

+Mario, Obispo de San Cristóbal.

 

Monseñor R. Lückert: “Es una barbaridad y un atropello la deportación

 

Eduardo Berdejo (ACI).- El Arzobispo de Coro (Venezuela), Mons. Roberto Lückert, llamó a reclamar contra la “barbaridad” y “atropello a los derechos humanos” que está cometiendo el gobierno de Venezuela con los ciudadanos colombianos que están siendo deportados, luego que se anunciara el estado de excepción y cierre de la frontera con Colombia”.

El viernes el presidente Nicolás Maduro decretó el estado de emergencia y cierre de la frontera con Colombia en seis municipios del estado de Táchira, luego de que el 19 de agosto tres soldados venezolanos fueron heridos –según el mandatario-, por paramilitares colombianos.

Sin embargo, luego de esta medida se inició la deportación de ciudadanos colombianos –entre adultos y niños-, que vivían en esta zona. Además, fotografías y videos difundidos muestran cómo las viviendas de los colombianos deportados están siendo marcadas con la letra “D” para ser demolidas y el resto con una letra “R” de revisado.

“Me parece una barbaridad lo que están haciendo”, expresó Mons. Lückert, quien recordó que “la presencia de los hermanos colombianos en Venezuela no es de ahora”, sino que ambos pueblos conviven desde “hace muchos años”, trasladándose a ambos lados de la frontera.

Sin embargo, ahora se está dando un “atropello a los derechos humanos. Les rompen las casas, les roban, los sacan como unos animales a la frontera, etc, etc”. “Tenemos que reclamar (…) porque eso no puede continuar”, expresó este miércoles.

En declaraciones a ACI Prensa, recordó que en el también estado fronterizo de Zulia, la industria agropecuaria “ha florecido” gracias a la contribución de “los colombianos que trabajan en el campo” como mecánicos, electricistas y en otras actividades.

“Si en este momento todos los colombianos del estado de Zulia deciden irse a Colombia, le creamos un gravísimo problema a Colombia porque no tiene a dónde acomodarlos, y si se van nos hacen un gravísimo problema a nosotros los venezolanos porque ellos han trabajado y siguen trabajando y han constituido familias de tres, cuatro generaciones en nuestro estado”, señaló.

Mons. Lückert reiteró su condena al “atropello a los derechos humanos” que “en este momento está haciendo el presidente Maduro. Él quiere resolver el problema de la inoperancia económica de este gobierno durante 16 años que llevan ellos a través de una medida en la cual lo que están exaltando el patrioterismo de algunos venezolanos”.

“La mayoría de colombianos han venido a trabajar con nosotros”, señaló el Prelado, quien denunció que ahora deportan a los colombianos porque no sirven a los intereses del gobierno, “pero cuando interesaban en la campaña electoral, traían colombianos a votar”.

Recordó que “estando en un pueblo de Barinas, vísperas de unas elecciones presidenciales, un 1 de diciembre, cuando yo estaba tomando café a las 5am para tomar mi camioneta y retornar a Coro para votar me coincidí con una pareja de colombianos que venía de Colombia a votar por nuestro presidente, por (Hugo) Chávez. Antes sí les servían los colombianos, ahora ya no. Y si yo digo esto en este momento me insultan, me llaman ‘traidor’, me llaman de todo. Ahora los colombianos no sirven”.

Ayer el Obispo de Cúcuta (Colombia), Mons. Víctor Manuel Ochoa Cadavid, exhortó a la comunidad y a las autoridades del país a ser solidarios y atender a los más de mil colombianos que fueron deportados hasta el momento de Venezuela y que ha generado una emergencia humanitaria.

Por su parte, el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, llegó este miércoles a Cúcuta para conocer de primera mano las condiciones en las que se está atendiendo a las personas que han tenido que salir abruptamente de Venezuela y están siendo ubicadas en diferentes albergues.