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Las fauces de la delincuencia

La realidad que vive junto a su rebaño

La realidad que vive junto a su rebaño

Sonará a antítesis, pero él, sacerdote, perdió la fe. No en Jesucristo, su Señor y redentor, sino en la institucionalidad y, Ave María Purísima, en la justicia venezolana

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A eso lo ha llevado, en un ejercicio de pragmatismo y desprovisto de todo dogma, la realidad que vive junto a su rebaño: las fauces de la delincuencia.

La más reciente, el sábado pasado, cuando al final de una misa y antes de una boda, dos invitadas fueron sorprendidas por unos ladrones que las despojaron de sus pertenencias. Y, una vez más, los feligreses y Carlos Devera, párroco de la iglesia Virgen del Valle, ubicada en la avenida Monseñor Zabaleta, sufrieron los embates de la ingobernabilidad.

Reiteración

Pero la situación no es novedad. Ni para él ni para su parroquia. “A mí me habían robado antes, y denuncié tanto y no se hacía nada, que llegó un momento en el que perdí la fe. Parece que los funcionarios solo se preocupan por cuidar a los que les pagan”, relata.

Y, ya en Virgen del Valle, la situación, lejos de aplacarse, se atenúa. En esta sede le ha tocado su dosis también, pues “me robaron en junio y me quitaron el celular. Me dijeron que no les viera la cara porque, si no, me mataban. También ha pasado que durante las misas abren los carros para llevarse lo que está adentro, o se roban las baterías, y hasta un carro se llevaron”.

Por todo ello, esta vez el sacerdote decidió no denunciar nada. En cambio, pide que las rondas policiales tomen en consideración a la iglesia, sobre todo en las noches.

“Tenemos que recordar que esta es una de las parroquias con más feligreses. También tenemos que recordar que se acercan noviembre y diciembre, y que todos los fines de semana va a haber bodas en la parroquia”, argumenta.

Dentro de sus posibilidades, ha implementado algunas medidas. La más drástica: la eliminación de la misa dominical de las 7:00 de la noche. Lo consultó con los feligreses, y la determinación, en consecuencia, fue esa.

“La delincuencia nos ha obligado a replantear el horario de las misas. Antes, los domingos, las teníamos a las 7:00 y a las 9:00 de la mañana, a las 5:00 de la tarde y a las 7:00 de la noche. Ahora, serán a las 7:00, a las 9:00 y a las 11:00 de la mañana y a las 5:00 de la tarde”, informa.

Reitera su petición a los cuerpos policiales regional y municipal, y como última consideración expone que “mucha gente se está criando en la calle, y la calle no educa. No sé si pedir respeto sea adecuado, porque esta sociedad cada vez está más de espaldas a Dios”. Ni qué decir: que el Señor los (y nos) agarre confesados.