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La carta del papa Francisco a los Presidentes de la Cumbre

Lleguen a compromisos de colaboración - Foto: Iglesia

Lleguen a compromisos de colaboración - Foto: Iglesia

El Papa Francisco recordó algunos importantes principios y valores a los líderes de los países de América reunidos en la Cumbre las Américas de la Organización de Estados Americanos (OEA), celebrada en Panamá.

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Alvaro de Juana (ACI/EWTN Noticias

En un mensaje enviado al Presidente de Panamá, Juan Carlos Varela Rodríguez, pidió que los mandatarios “lleguen a compromisos de colaboración en el ámbito nacional o regional que afronten con realismo los problemas y trasmitan esperanza”.

La Cumbre se desarrolla bajo el tema “Prosperidad con equidad: el desafío de la cooperación en las Américas”, con el que el Papa dice sentirse “en sintonía”.

“Estoy convencido -y así lo expresé en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium– de que la inequidad, la injusta distribución de las riquezas y de los recursos, es fuente de conflictos y de violencia entre los pueblos, porque supone que el progreso de unos se construye sobre el necesario sacrificio de otros y que, para poder vivir dignamente, hay que luchar contra los demás”.

De hecho, “el bienestar así logrado es injusto en su raíz y atenta contra la dignidad de las personas. Hay ‘bienes básicos’, como la tierra, el trabajo y la casa, y ’servicios públicos’, como la salud, la educación, la seguridad, el medio ambiente…, de los que ningún ser humano debería quedar excluido”.

Sin embargo, el Pontífice cree que “este deseo –que todos compartimos–, desgraciadamente aún está lejos de la realidad” puesto que “todavía hoy siguen habiendo injustas desigualdades, que ofenden a la dignidad de las personas”.

En su opinión “el gran reto de nuestro mundo es la globalización de la solidaridad y la fraternidad en lugar de la globalización de la discriminación y la indiferencia y, mientras no se logre una distribución equitativa de la riqueza, no se resolverán los males de nuestra sociedad”.

El Papa es consciente del desarrollo que han experimentado muchos países en los últimos años, “pero no es menos cierto que otros siguen postrados en la pobreza”. Una de las causas que esgrime Francisco es que “gran parte de la población no se ha beneficiado del progreso económico general, sino que frecuentemente se ha abierto una brecha mayor entre ricos y pobres”.

“La teoría del ‘goteo’ o ‘derrame’ se ha revelado falaz: no es suficiente esperar que los pobres recojan las migajas que caen de la mesa de los ricos”, escribe Francisco, que después lanza algunas propuestas para ayudar a paliar esta situación: “son necesarias acciones directas en pro de los más desfavorecidos, cuya atención, como la de los más pequeños en el seno de una familia, debería ser prioritaria para los gobernantes”.

Y recuerda que “la Iglesia siempre ha defendido la ‘promoción de las personas concretas’, atendiendo sus necesidades y ofreciéndoles posibilidades de desarrollo”.

El Santo Padre también escribe sobre la inmigración e indica que “la inmensa disparidad de oportunidades entre unos países y otros hace que muchas personas se vean obligadas a abandonar su tierra y su familia, convirtiéndose en fácil presa del tráfico de personas y del trabajo esclavo, sin derechos, ni acceso a la justicia”.

Con este problema, “la falta de cooperación entre los Estados deja a muchas personas fuera de la legalidad y sin posibilidad de hacer valer sus derechos, obligándoles a situarse entre los que se aprovechan de los demás o a resignarse a ser víctimas de los abusos”.

“Son situaciones en las que no basta salvaguardar la ley para defender los derechos básicos de la persona, en las que la norma, sin piedad y misericordia, no responde a la justicia”.

Pero también, “incluso dentro de cada país, se dan diferencias escandalosas y ofensivas, especialmente en las poblaciones indígenas, en las zonas rurales o en los suburbios de las grandes ciudades”.

Por tanto, “sin una auténtica defensa de estas personas contra el racismo, la xenofobia y la intolerancia, el Estado de derecho perdería su legitimidad”.

El Pontífice termina su escrito dirigiéndose directamente al Presidente de Panamá y le asegura que “los esfuerzos por tender puentes, canales de comunicación, tejer relaciones, buscar el entendimiento nunca son vanos”.

Además, anima a que Panamá ayude a “generar un nuevo orden de paz y de justicia y a promover la solidaridad y la colaboración respetando la justa autonomía de cada nación”.