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El «abuelo» Francisco y la «cariñoterapia»

El cariño del Papa con los niños enfermos. (México DF) - AFP

El cariño del Papa con los niños enfermos. (México DF) - AFP

La conmovedora visita del Papa al hospital pediátrico «Federico Gómez» de la Ciudad de México: «Cerremos los ojos y pidámosle a Nuestra Madre lo que nuestro corazón hoy quiera»

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ANDREA TORNIELLI :- Recibió abrazos, cartas, dibujos, billetes con flores de papel. Regaló autógrafos y sobre todo caricias y bendiciones a los pequeños huéspedes del hospital.

El encuentro con los niños enfermos en el hospital pediátrico «Federico Gómez» de la Ciudad de México es el momento más conmovedor de estos primeros dos días del viaje mexicano. Es un hospital público con 212 camas que se ocupa de los niños más pobres: se ocupa solamente de enfermedades graves, curando a los niños que provienen de todo el país. Fue visitado por Juan Pablo II en su primera visita a México en enero de 1979.

En compañía de la primera dama, Angélica Rivera, la esposa del presidente Enrique Peña Nieto, Papa Francisco saludó uno por uno a decenas de niños enfermos y a sus padres. «Sepa que seguiremos rezando por usted», dijo la primera dama.

«Agradezco a Dios —dijo Francisco— la oportunidad que me regala de poder venir a visitarlos, de reunirme con ustedes y sus familias en este Hospital. Poder compartir un ratito de sus vidas, la de todas las personas que trabajan como médicos, enfermeras, miembros del personal y voluntarios que los atienden. Gracias».

Francisco recordó que «hay un pedacito en el Evangelio que nos cuenta la vida de Jesús cuando era niño. Era bien pequeñito, como algunos de ustedes. Un día los papás, José y María, lo llevaron al Templo para presentárselo a Dios. Así se encuentran con un anciano llamado Simeón que, cuando lo ve, muy decidido y con mucha alegría y gratitud, lo toma en brazos y comienza a bendecir a Dios. Ver al niño Jesús provocó en él dos cosas: un sentimiento de agradecimiento y las ganas de bendecir».

Francisco repitió varias veces «gracias», y añadió: «Es tan importante sentirse cuidados y acompañados, sentirse queridos y saber que están buscando la mejor manera de cuidarnos, por todas esas personas digo: ‘¡Gracias!’».

Al mismo tiempo, continuó el Pontífice, «quiero bendecirlos». «Quiero pedirle a Dios que los bendiga, los acompañe a ustedes y a sus familias, a todas las personas que trabajan en esta casa y buscan que esas sonrisas sigan creciendo cada día. A todas las personas que no sólo con medicamentos sino que con ‘la cariñoterapia’ ayudan a que este tiempo sea vivido con mayor alegría. Es muy importante la ‘cariñoterapia’, ¡ayuda tanto!».

Bergoglio después les preguntó a los pequeños enfermos si conocían al indio Juan Diego: « Cuando el tío de Juanito estaba enfermo, él estaba muy preocupado y angustiado. En ese momento, se aparece la Virgencita de Guadalupe y le dice: ‘No se turbe tu corazón ni te inquiete cosa alguna ¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre?’».

«Tenemos a nuestra Madre —prosiguió Bergoglio— , pidámosle para que ella nos regale a su Hijo Jesús. Cerremos los ojos y pidámosle lo que nuestro corazón hoy quiera, y digamos después juntos: Dios te salve Maria… Que el Señor y la Virgen de Guadalupe los acompañe siempre. Muchas gracias. Y, por favor, no se olviden de rezar por mí».

Al final del saludo, mientras los niños y los padres le decían «¡Te queremos!», el Papa regaló al hospital un cuadro que representa la maternidad de María, con el Niño abrazándola. Después, en forma privada y sin reflectores, fue al segundo piso del hospital, en donde se encuentran los pacientes de hemato-oncología. Antes de llegar al segundo piso, una chica sin cabello, debido a la quimioterapia, abrazó al Papa y después cantó el Ave María de Schubert.

 

Palabras del Papa Francisco en el Hospital pediátrico Federico Gómez

 (ACI).- El Papa Francisco decidió incluir en su programa una especial visita a niños enfermos en el Hospital pediátrico Federico Gómez.

Allí dirigió unas palabras a los pequeños y a quienes sirven en este centro de salud.

A continuación el texto completo de las palabras del Santo Padre:

Agradezco a Dios la oportunidad que me regala de poder venir a visitarlos, de reunirme con ustedes y sus familias en este hospital.

Poder compartir un ratito de sus vidas, la de todas las personas que trabajan como médicos, enfermeras, miembros del personal y voluntarios que los atienden. Tanta gente que está trabajando para ustedes.

Hay un pedacito en el Evangelio que nos cuenta la vida de Jesús cuando era niño. Era bien chiquito, como algunos de ustedes.

Un día los papás, José y María, lo llevaron al Templo para presentárselo a Dios. Y ahí se encuentran con un anciano que se llamaba Simeón, el cual cuando lo ve, muy decidido el viejito y con mucha alegría y gratitud, lo toma en brazos y comienza a bendecir a Dios.

Ver al niño Jesús provocó en él dos cosas: un sentimiento de agradecimiento y las ganas de bendecir.

Da gracias a Dios y le vinieron ganas de bendecir al viejo. Simeón es el «abuelo» que nos enseña esas dos actitudes fundamentales de la vida: agradecer y a su vez bendecir.

Acá yo los bendigo a ustedes, los médicos los bendicen a ustedes cada vez que los curan, las enfermeras, todo, todo el personal que trabaja los bendicen a ustedes los chicos pero ustedes también tienen que aprender a bendecirlos a ellos y a pedirle a Jesús que los cuide porque ellos los cuidan a ustedes.

Yo aquí (y no sólo por la edad) me siento muy cercano a estas dos enseñanzas de Simeón. Por un lado, al cruzar esa puerta y ver sus ojos, sus sonrisas, algunos guiños, sus rostros me generó ganas de dar gracias.

Gracias por el cariño que tienen en recibirme; gracias por ver el cariño con que se los cuida aquí y con el cariño con el que se los acompaña. Gracias por el esfuerzo de tantos que están haciendo lo mejor para que puedan recuperarse rápido.

Es tan importante sentirse cuidados y acompañados, sentirse queridos y saber que están buscando la mejor manera de cuidarnos, por todas esas personas digo: «¡Gracias, gracias!».

Y, a su vez, quiero bendecirlos. Quiero pedirle a Dios que los bendiga, los acompañe a ustedes y a sus familias, a todas las personas que trabajan en esta casa y buscan que esas sonrisas sigan creciendo cada día. A todas las personas que no sólo con medicamentos sino con «la cariñoterapia» ayudan a que este tiempo sea vivido con mayor alegría.

Tan importante la cariñoterapia, tan importante. A veces una caricia ayuda tanto a recuperarse. ¿Conocen al indio Juan Diego ustedes? A ver, levante la mano quién lo conoce. Todos.

Cuando el tío de Juanito estaba enfermo, él estaba muy preocupado y angustiado. En ese momento, se aparece la Virgencita de Guadalupe y le dice: «No se turbe tu corazón ni te inquiete cosa alguna ¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre?».

Tenemos a nuestra Madre, pidámosle para que ella nos regale a su Hijo Jesús. Y ahor a alos chicos les voy a pedir una cosa: Cerremos los ojos, cerremos los ojos y pidamos lo que nuestro corazón hoy quiera, un ratito de silencio con los ojos cerrados y adentro pidiendo lo que queremos.

Y ahora juntos digamos a nuestra Madre: Dios te salve María, llena eres de gracia el Señor es contigo, bendita eres entre todas las mujeres...

Que el Señor y la Virgen de Guadalupe los acompañe siempre. Muchas gracias. Y, por favor, no se olviden de rezar por mí. No se olviden. Que Dios los bendiga.