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Visita domiciliaria en La Habana

El Papa y Fidel Castro, La Habana /AFP

El Papa y Fidel Castro, La Habana /AFP

El Papa y los jóvenes ■ El encuentro privado con el enfermo líder de 89 años duró unos 40 minutos. ■ El Papa - 'No podemos permitir otro fracaso de la paz en Colombia' ■ Texto completo de la homilía del papa Francisco en La Habana

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Rocío Lancho García|  No estaba previsto en la agenda del viaje pero el portavoz de la Santa Sede, padre Federico Lombardi ya había anunciado que era “muy probable” que sucediera. El Santo Padre Francisco ha visitado en la tarde de este domingo a Fidel Castro en su residencia de La Habana.

En una rueda de prensa, el director de la Oficina de Prensa del Vaticano ha confirmado el encuentro entre el Papa y el comandante.

Han estado presentes la mujer, hijos y nietos del ex presidente cubano en lo que ha definido un encuentro “sencillo y familiar”.

La visita ha tenido lugar después de la santa misa de esta mañana en la Plaza de la Revolución y ha sido completamente privada, sin cámaras ni fotógrafos.

Durante unos 40 minutos han tenido ocasión de conversar. Castro, como ya hizo en 2012 con Benedicto XVI, ha hecho al papa Francisco varias preguntas sobre la defensa del medio ambiente y sobre la situación actual del mundo.

El Santo Padre ha regalado a Castro dos libros de Alessandro Pronzato, “Evangelios molestos” y “La boca se nos llenó de risas. Sentido del humor y fe”. Del mismo modo le ha entregado también una copia de la encíclica Laudato Si’ y de la exhortación apostólica Evangelii Gaudium. Finalmente le ha regalado algunos CD’s con sermones de un jesuita, el padre Llorente, que fue profesor de Fidel.

Por su parte, el líder de la revolución cubana, ha regalado al Pontífice una copia del libro “Fidel y la religión” de fray Betto, con una “dedicatoria muy respetuosa y afectuosa”.

Francisco es el tercer Papa con el que se reúne Fidel Castro. Tuvo ocasión de reunirse 5 veces con Juan Pablo II y una vez con Benedicto XVI.

 El Castro y el p. Llorente, sacerdote y ex maestro que pidió su conversión

(ACI).- El P. Llorente fue profesor y mentor de Fidel Castro en el Colegio de Belén de La Habana, donde el líder cubano estudió cuando tenía 16 años de edad.

En el año 2007, en una entrevista para la agencia Efe desde Miami donde se exilió, el sacerdote señaló que si "en algún momento de lucidez" Fidel Castro lo llamaba o pedía encontrarse con él, estaba dispuesto a ir "inmediatamente" para confesarle.

"Lo primero que haríamos sería darnos un abrazo tremendo, reírnos recordando las aventuras que tuvimos juntos, que fueron innumerables y muy bonitas" y después le diría: "Fidel, ha llegado el momento de la verdad", declaró a Efe.

El sacerdote aseguró que conservaba el anhelo de absolver a Castro si antes pedía "perdón públicamente, porque sus pecados no son sólo personales" y se arrepentía "de todo el mal que ha hecho".

El P. Llorente nació en España y era un joven novicio jesuita de 24 años cuando lo enviaron a Cuba en 1942 para completar su formación. Trabajó como maestro en el Colegio de Belén donde Castro fue su mejor alumno y se hicieron muy amigos. 

En 1945, el sacerdote escribió al pie de su fotografía de estudiante en el libro escolar del Colegio de Belén: "Fidel Castro, madera de héroe, la historia de su patria tendrá que hablar de él". 

El P. Llorente recordó a Efe que los años de escuela fueron los más felices de Fidel porque hasta entonces "no se había sentido querido por nadie", estaba lleno de "complejos y traumas" por saberse el hijo de una relación extramatrimonial de su padre, Ángel Castro, con Lina Ruz, quien trabajaba en su casa como sirvienta.

En diciembre de 1958, el P. Llorente llegó a la Sierra Maestra haciéndose pasar por ganadero, para entrevistarse con Castro durante la revolución. "Él me confesó que había perdido la fe, y yo le respondí: 'Fidel, una cosa es perder la fe y otra la dignidad'", recordó. 

En esos años, el P. Llorente ayudó a establecer en la isla la Agrupación Católica Universitaria (ACU), un movimiento juvenil de inspiración jesuita, fundado en la década del '30. El sacerdote debió abandonar Cuba en 1961 por el acoso del régimen de Castro contra la Iglesia Católica y estableció ACU en Estados Unidos. 

Vivió en Miami hasta su muerte el 28 de abril de 2010, a la edad de 91 años.

El Arzobispo de Boston, Cardenal Sean O'Malley, escribió tras su fallecimiento que el P. Llorente "dio más retiros en un año que la mayoría de los jesuitas dan en toda una vida. Tenía un gran don para inspirar a los jóvenes a ser muy activos en la Iglesia".

"Era un maestro elocuente de la espiritualidad ignaciana y la vida del Evangelio", indicó.

Francisco a los jóvenes: «No nos encerremos en los conventillos de las ideologías»  

En el Centro Cultural Padre Félix Varela, el Papa se reunió con la juventud cubana para exhortarla a soñar y a caminar junta para construir la «amistad social» y llegar a «esa dulce esperanza de la patria»

Pablo Lombó :- «Un escritor latinoamericano decía que las personas tenemos dos ojos, uno de carne y otro de vidrio. Con el ojo de carne vemos lo que miramos, con el ojo de vidrio vemos lo que soñamos. Está lindo, ¿eh?». Con estas palabras Papa Francisco comenzó su diálogo con los jóvenes en el Centro Cultural Félix Varela de la ciudad de La Habana. Después de escuchar las palabras de uno de ellos, abandonó el discurso que tenía preparado para responder a lo que había dicho y pedido el joven: «Ustedes están parados y yo estoy sentado, ¡qué vergüenza!. Pero estoy sentado porque tomé nota sobre lo que dijo su compañero, y sobre esto les quiero hablar».

 

Soñar

 

«Una palabra que cayó fuerte: soñar. Un escritor latinoamericano -recordó Papa Bergoglio- decía que las personas tenemos dos ojos, uno de carne y otro de vidrio. Con el ojo de carne vemos lo que miramos, con el ojo de vidrio vemos lo que soñamos. Está lindo, ¿eh? En la objetividad de la vida tiene que entrar la capacidad de soñar, y un joven que no es capaz de soñar está clausurado en sí mismo, está cerrado en sí mismo. Y uno a veces sueña cosas que no van a suceder, pero soñálas, abríte, abríte a cosas grandes. No sé si en Cuba se usa la palabra, pero en Argentina decimos no te arrugues. Soñá que el mundo con vos puede ser distinto, soñá que si vos ponés lo mejor de vos vas a ayudar a que ese mundo sea distinto. No se olviden, sueñen. Por ahí se les va la mano y sueñan demasiado y la vida les corta el camino. No importa. Sueñen y cuenten sus sueños, hablen de las cosas grandes que desean»

Conventillos de las ideologías y conventillos de las religiones

Después, reflexionando sobre las palabras del joven cubano, Francisco continuó: «que que sepamos acoger y aceptar al que piensa diferente. Realmente nosotros a veces somos cerrados, nos metemos en nuestro mundito. ‘O este es como yo quiero que sea o no hablo con él’. Y fuiste más allá todavía: que no nos encerremos en los conventillos de las ideologías o en los conventillos de las religiones, que podamos crecer ante los individualismos. Cuando una religión se vuelve conventillo pierde lo mejor que tiene, su realidad de adorar a Dios, de creer en Dios; es un conventillo de palabras, de oraciones, de ‘yo soy bueno vos sos malo’, de prescripciones morales; y, cuando yo tengo mi ideología y vos tenés la tuya, me encierro en ese conventillo de la ideología. Corazones abiertos, mentes abiertas. Si pensás distinto que yo, ¿por qué no vamos a hablar porqué siempre nos tiramos la piedra sobre lo que nos separa; por qué no nos damos la mano en aquello que tenemos en común?».

El Papa exhortó a los jóvenes a «hablar de lo que tenemos en común y después podemos hablar de las cosas que tenemos diferentes. Pero digo hablar, no digo pelearnos, no digo encerrarnos, no digo ‘conventillear', pero eso solo es posible cuando uno tiene la capacidad de reconocer aquello que tengo en común con el otro de aquello para lo cual somos capaces de trabajar juntos».

La amistad social

Al explicar la colaboración y el trabajo en común, recordó una experiencia bonaerense. Contó de una jóvenes universitarios que estaban construyendo salones parroquiales en un barrio pobre de la capital argentina. Un día el párroco lo invitó y le fue presentando a todos los chicos y chicas que colaboraban allí los sábados y los domingos: «Este es el arquitecto, es judío, este es comunista, este es católico práctico; todos eran distintos pero todos estaban trabajando en común por el bien común. Eso se llama amistad social, buscar el bien común. La enemistad social destruye, y una familia se destruye por la enemistad, un país se destruye por la enemistad, el mundo se destruye por la enemistad. Y la enemistad más grande es la guerra; hoy día vemos que el mundo se está destruyendo por la guerra, porque son incapaces de sentarse y hablar». «¡No matemos más gente!», exclamó, pero tampoco hay que dejar que maten «la capacidad de unir; estamos matando la amistad social. Sean capaces de crear la amistad social».

Esperanza

«Los jóvenes son la esperanza de un pueblo. Eso lo oímos de todos lados, pero ¿qué es la esperanza, es ser optimista? No, ser optimista es un estado de ánimo. Mañana te levantas con dolor de hígado y no sos optimista. La esperanza es algo más, es sufrida, la esperanza sabe sufrir, sabe sacrificarse para llevar adelante un proyecto. ¿Vos sos capaz de sacrificarte por un futuro o solo podes vivir el presente?». Según el Papa, la esperanza se da en el trabajo,  por ello recordó la dramática situación del desempleo que viven los jóvenes de Europa. «Evidentemente -sentenció- que un pueblo que no se preocupa por dar trabajo a los jóvenes, un pueblo, y cuando digo pueblo no digo gobiernos, todo el pueblo, ese pueblo no tiene futuro. Los jóvenes entran a formar parte de la cultura del descarte, y todos sabemos que hoy en este imperio del Dios dinero se descartan las cosas y se descartan las personas. Se descartan los chicos, porque no se los quiere o se los mata antes de nacer, se descartan los ancianos, estoy hablando del mundo en general, porque ya no producen. En algunos países hay ley de eutanasia, pero en tantos otros hay una eutanasia encubierta. Se descartan los jóvenes, porque no les dan trabajo y ¿qué les queda?».

Un país que no inventa, un pueblo que no inventa posibilidades laborales orilla a los jóvenes a «las adicciones», al «suicidio», o a «irse por ahí buscando ejércitos de destrucción para crear guerras». Esta cultura del descarte, continuó, «nos está haciendo mal a todos, nos quita la esperanza, y es lo que vos pediste para los jóvenes. Queremos esperanza, sufrida, trabajadora, fecunda, que nos da trabajo y nos salva de la cultura del descarte, y esta esperanza es convocadora de todos, porque un pueblo que sabe auto-convocarse para mirar el futuro, para construir la amistad social, aunque piense diferente, ese pueblo tiene esperanza».

Caminar juntos

El camino de la esperanza no es fácil, recordó Papa Francisco, y, advirtió, «no se puede recorrer solo. Hay un proverbio africano que dice: ‘Si querés ir de prisa, andá solo, pero si querés llegar lejos, andá acompañado’. Y yo a ustedes, jóvenes cubanos, aunque piensen diferente, aunque tengan su punto de vista diferente, quiero que vayan acompañados, juntos, buscando la esperanza el futuro y la nobleza de la patria. Y así empezamos con la palabra soñar y quiero terminar con otra palabra que vos dijiste y que yo la suelo usar bastante: la cultura del encuentro. Por favor no nos desencontremos entre nosotros mismos», para llegar a la «belleza de esa dulce esperanza de la patria a la que tenemos que llegar»

El Papa se despidió de los jóvenes deseándoles lo mejor y pidiéndoles que rezaran por él, «y si alguno de ustedes no es creyente y no puede rezar porque no es creyente -añadió-, que al menos me desee cosas buenas».