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Urosa: “La carta de los 13, tormenta en un vaso de agua”

Jorge Urosa Savino | Archivo

Jorge Liberato Urosa Savino

Habla uno de los firmantes de la misiva dirigida al Papa que desató la polémica en el Sínodo de los Obispos. Otro cardenal asegura que dentro de la asamblea episcopal ese documento no mereció la menor atención 

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Andrés Beltramo Álvarez – Vatican Insider  - “Una tormenta en un vaso de agua”. Así calificó uno de los firmantes de la ya famosa carta de los 13 cardenales dirigida al Papa, la polémica que siguió a la publicación del contenido de esa misiva.

Jorge Liberato Urosa Savino aclaró que la iniciativa nunca pretendió ser polémica. Precisó que el texto filtrado a la prensa era un “borrador preliminar” pero que no coincide con el documento finalmente entregado y aseguró que todos aceptan las disposiciones de Francisco.

El arzobispo venezolano de Caracas dijo al Vatican Insider que la carta fue entregada la mañana del lunes 5 de octubre y recogía “una serie de preocupaciones” que algunos cardenales le manifestaron al líder católico.

“Fue una iniciativa honesta, en buena fe, con respeto al santo padre. Era una carta que debía permanecer reservada y los que han fallado son los que la han dado al público. Entonces se generó una tormenta en un vaso de agua, porque le dieron un exagerado valor”, precisó el purpurado.

Él apareció en la lista de cardenales firmantes del documento, que se filtró a través de un blog italiano el pasado lunes 12 de octubre, generando inmediatamente una controversia.

Aunque lo publicado no correspondía exactamente al texto que llegó a las manos de Jorge Mario Bergoglio, en sustancia reflejaba las perplejidades de algunos “padres sinodales” al inicio del Sínodo de los Obispos, la asamblea episcopal llamada a debatir sobre los desafíos de la familia en la sociedad actual.

La carta avanzó dudas sobre dos cuestiones principales: La comisión de 10 clérigos que redactarán el documento final de este Sínodo, nombrada por el Papa; y el “Instrumentum laboris”, la guía de trabajo sobre la cual los “padres sinodales” están discutiendo y que incluye algunos aspectos controvertidos, como por ejemplo consideraciones sobre la posibilidad de los divorciados vueltos a casar de recibir la comunión.

Al respecto Urosa precisó: “La mayoría de los círculos menores han considerado que hay que hacer una gran revisión, una reestructuración del Instrumentum Laboris. Hay que cambiarlo, reelaborarlo, hay que darle un sentido más bíblico y más pastoral. No se si habrá tiempo para este cambio, quizás nos quedemos en una lavadita de cara”.

Según el cardenal, la carta que él firmó no corresponde a la filtrada a la prensa, porque la que finalmente se envió a Francisco “no decía nada sobre el colapso de las Iglesias protestantes”.

Con esas palabras hizo referencia a un pasaje de la misiva difundida en el blog en el cual, los firmantes, advertían: “El colapso de las iglesias protestantes progresistas en la época moderna, acelerado por su abandono de los elementos clave de la fe y de la práctica cristiana en nombre de la adaptación pastoral, justifica una gran cautela en nuestras discusiones sinodales”.

Asimismo constató que las dudas y las perplejidades de los cardenales quedaron atrás, porque el Papa ya respondió –la mañana del martes 6 de octubre tomando la palabra ante el pleno- y ellos decidieron respetar su decisión.

“Este es mi tercer sínodo. En todos los Sínodos evidentemente hay discusiones, hay puntos de vista, diferencias, hay sensibilidades tanto teológicas como culturales, pastorales distintas entonces hay debates. Pero siempre se llega a un consenso y así va a ser en este también”, anticipó.

Por otra parte el presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Francisco Robles Ortega, afirmó que la carta no tuvo influencia dentro del Aula Sinodal, donde unos 270 clérigos de más de 110 países debatirán hasta el próximo 25 de octubre.

“Al interior para nada se nos habló de esa carta, no hemos tenido tiempo ni siquiera de comentar el hecho, estamos muy avocados al trabajo de los círculos menores con mucho interés. Todos estamos concentrados en eso”, indicó.

Consideró que el ambiente entre los “padres sinodales” es de mucha libertad; aseguró que las      perplejidades sobre el cambio de método de trabajo en el Sínodo se han despejado, porque desde el primer momento estaban claros los pasos a recorrer, los cuales “se está llevando sin zozobras y sin sobresalto”.

“Nada de divisiones, eso no se percibe en la asamblea ni tampoco una supuesta voluntad de llevar al Sínodo en una dirección específica, yo percibo la gran diversidad del análisis de la realidad, eso es obvio, hay diferencias pero no esa división”, ponderó.

 

La carta de los 13: Puntos claros y sombras sobre el «misterio» del Sínodo

¿Cuál es el texto auténtico? ¿Por qué fue filtrada a una semana de distancia? ¿Por qué la firmaron estrechos colaboradores del Papa en la Curia romana? Preguntas y (pocas) respuestas sobre el caso que confirmó la existencia de un «Sínodo mediático» manipulado

ANDREA TORNIELLI - Los trece cardenales que firmaron la carta entregada al Papa por el cardenal George Pell, el lunes 5 de octubre por la mañana, manifestaron sus preocupaciones por la composición de la comisión encargada de redactar la relación final del Sínodo y sugirieron la sospecha de que los relatores de los «circuli minores» hubieran sido nombrados desde arriba en lugar de por la asamblea.

Pell indicó que la carta (cuyo presunto texto, desmentido por los mismos firmantes que no se reconocen en el, fue divulgado por el vaticanista de «L’Espresso», Sandro Magister) era una «petición de aclaraciones». Pero la respuesta de Papa Francisco, del martes 6 de octubre (temprano en la mañana), con la invitación a abandonar la «hermenéutica conspiradora», hizo evidente que esa «petición de aclaraciones» sugería la sospecha de un Sínodo manipulado en sentido aperturista.

Exactamente la misma sospecha que ventilaron semanas antes de que comenzara el Sínodo diferentes blogs, sitios y panfletos de ambientes periodísticos cercanos a algunos de los firmantes. Se escribió que los relatores de los círculos menores habrían sido nombrados desde arriba (falso), que la comisión para el documento final era elegida en los Sínodos anteriores (falso), que las relaciones de los círculos menores no habrían sido dadas a conocer (falso), que los padres no habrían podido expresarse con su voto sobre la relación final (falso), que falta transparencia: falso también, puesto que cada uno de los padres sinodales puede conceder entrevistas y publicar, si así lo desea, su intervención en el aula (mientras que no era siempre de esta manera en el pasado).

«Yo no veo esta manipulación de la que hablan», dijo el cardenal Donald Wuerl, arzobispo de Washington y miembro de la Comisión para la redacción final, un purpurado promovido por Benedicto XVI al que solamente el aturdimiento de ciertos grupos mediático eclesiásticos pueden presentar como «progresista». «Yo he participado en los Sínodos desde 1990 -continuó el cardenal estadounidense-, y este es el más abierto en el que he participado. No sé cómo se podrían manipular trece grupos lingüísticos, trece moderadores y trece relatores, además de 250  personas que hablan».

Surge, pues, una sospecha, que se suma a la lista de las otras tantas sospechas: «Tal vez -explicó a Vatican Insider un padre sinodal- el problema sea justamente este: un Sínodo abierto, en donde hay una gran libertad de expresión. Hay quienes, creando cortinas de humo y sospechas sobre manipulaciones y asambleas piloteadas, en realidad manifiestan solamente la nostalgia de un tiempo en el que todo era más regimentado, incluso en las conclusiones».

Como se sabe, de los trece presuntos firmantes indicados por Magister, cuatro indicaron que no habían suscrito el texto de la carta. Uno de ellos, que materialmente firmó el documento («con pluma» y «personalmente», precisa), describe el texto como mucho más breve y sintético del que divulgó el vaticanista de «L’Espresso», pero no pretende añadir nada más sobre su contenido.

En relación con los nombres, al no haber más desmentidos de última hora, habría que tomar como buena la lista publicada por Gerard O’Connell en «America», es decir: Carlo Caffarra, Thomas Collins, Daniel Di Nardo, Timothy Dolan, Willem Eijk, Gerhard Müller, Wilfrid Fox Napier, John Njue, George Pell, Robert Sarah, Elio Sgreccia, Jorge Urosa Savino e Norberto Rivera Carrera.

Este último declaró que no había firmado la carta «con los contenidos que algunos publican». En la tarde de ayer también del cardenal Sgreccia desmintió averla firmada. Mientras el cardenal Dolan indicó, durante un programa radiofónico, que había firmado la carta por petición del mismo Pell, que se confirma, pues, como uno de los inspiradores, a demás del mensajero, de la carta a Papa Francisco. De todos los nombres de los firmantes citados, los más destacados son los de los dos curiales: Pell, Prefecto de la Secretaría para la Economía, y Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Se trata de dos colaboradores directos y muy cercanos al Pontífice, dos de sus «ministros» que se reúnen frecuentemente con el Papa.

De los dos, el más sorprendido por las polémicas mediáticas de las últimas horas fue Müller, que en una entrevista llegó a evocar el espectro de los «vatileaks», dando a entender que, de alguna manera, el documento fue tomado directamente del escritorio del Papa. El purpurado alemán, creado cardenal por Francisco en su primer Consistorio, parecía querer desmentir de esta manera que hubieran filtrado la carta, justo durante la semana en la que los padres sinodales afrontan los temas más controvertidos, desde alguno de los grupos cercanos a los cardenales que la presentaron. Pero la tesis del Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe parece muy endeble. Justamente el hecho de que se haya difundido un borrador y no el original demuestra que el ambiente que la filtró a la prensa fue el mismo que la concibió.

Para concluir, no hay que pasar por alto lo que declaró a Vatican Insider el cardenal Pell, a propósito de la publicación de la carta en el sitio de Magister, periodista hacia el que hace un año el mismo cardenal australiano demostró su aprecio. En lugar de evocar, como Müller, la estación de los «vatileaks», Pell respondió a una pregunta diciendo que no le parecía nada del estilo: «¡Estoy acostumbrado a vivir en Italia, la vida está llena de sorpresas!». Para el purpurado australiano, ministro de la Economía en inspirador de la carta, se trata, pues, de una historia a la italiana.

Lombardi: “un acto de disturbo; el Papa ya respondió”

Iacopo Scaramuzzi - La publicación de ayer en un sitio de internet, «a dos días de distancia», de una carta dirigida al Papa al comienzo de la asamblea por 13 cardenales que expresaban sus perplejidades sobre el método sinodal, debe ser considerada como «un acto de disturbo» del que no hay que «dejarse condicionar».

Lo precisó, hablando por segunda ocasión al respecto, el vocero vaticano, el padre Federico Lombardi, quien también subrayó que el cardenal Lorenzo Baldisseri y el Papa en persona «habían respondido con claridad» durante las discusiones en el aula de los días pasados.

El padre Lombardi quizo comenzar la conferencia de prensa cotidiana en la sala de prensa vaticana con una aclaración sobre «una extraña carta de la que se habló ayer»: «Como sabemos -indicó- por lo menos cuatro de los sinodales que fueron incluidos en la lista de los firmantes han desmentido: Scola, Piacenza, Vingt-Trois y Erdö»; Pell, explicó el jesuita, declaró que la carta enviada al Papa «era reservada y debía permanecer reservada, y que cuanto se publicó no correspondía ni al texto ni a las firmas de lo publicado.

En substancia, las dificultades de la carta fueron evocadas el lunes por la tarde en el aula, aunque no tan detalladamente, como indiqué hablando sobre objeciones y dudas sobre los procedimientos, y, como sabemos, el Secreterio general y el Papa habían respondido con claridad. «Quien, a días de distancia, publicó la carta ha hecho un acto de disturbo», subrayó Lombardi, que no era voluntad de los firmantes, «por lo menos de los más autorizados», por lo que la invitación es «a no dejarse condicionar por ella. Que se puedan hacer observaciones sobre la metodología del Sínodo, que es nueva, no sorprende, pero una vez establecida, existe el compromiso de todos a aplicarla de la mejor manera. Algunos de los ‘firmantes’ -continuó Lombardi subrayando las comillas con un gesto- son moderadores elegidos de los círculos y trabajan intensamente, y el clima general es positivo». Mientras tanto, además, el cardenal mexicano Norberto Rivera Carrera hizo circular un desmentido en relación con su supuesta firma en la carta.

Lombardi también indicó del desmentido que el cardenal Wilfrid Fox Napier le rogó que difundiera en relación con una entrevista que concedió a un sitio estadounidense, precisando que el purpurado sudafricano considera que «nadie pone en discusión el derecho de Papa Francisco» de nombrar a diez miembros de la comisión para la redacción de la relación final del Sínodo.