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El Papa revindicó en Chiapas al “obispo rebelde”

Obispo Samuel Ruiz García

Obispo Samuel Ruiz García

Por varias décadas, el obispo Samuel Ruiz García vivió confrontado con la jerarquía de la Iglesia católica mexicana, que varias veces trató de removerlo de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, Chiapas.

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SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS (ACI).- La localidad mexicana de San Cristóbal de las Casas, en el estado de Chiapas, vivió este lunes una jornada histórica que le será muy difícil de olvidar.

El Papa Francisco visitó la localidad para celebrar la Santa Misa en el Centro Deportivo municipal con las comunidades indígenas y en su homilía alertó contra la cultura del descarte que ha despojado al mundo de sus riquezas.

En la Misa se emplearon cinco idiomas nativos: Tseltal, Ch´ol, Tojolabal, Zoque y Tsotsil, ésta última es la lengua nativa más hablada en Chiapas y la que usó el Papa al inicio de su homilía. Estas lenguas son habladas cada una por poco más de un millón de personas, según el último censo de México.

La primera lectura fue leída en Ch´ol, el salmo en Tsotsil y castellano, el Evangelio en Tseltal y el Padre Nuestro fue cantado en Tsotsil. Además Al final de la Santa Misa, el Papa Francisco entregó el decreto de autorización del uso de lenguas indígenas en la liturgia.

Según datos oficiales, para la celebración se repartieron 100 mil boletos totalmente gratuitos, de los cuales 10.000 fueron a parar a las comunidades indígenas locales y 7.600 para etnias de todo el país.

La Misa contó con un coro de 350 niños tsotsil de la comunidad de Acteal y unos 200 mariachis tsotsiles, así como dos bandas de niños de la comunidad mixe de Oaxaca.

Junto a todos ellos, un conocido cantante de México, Reyli Barba, interpretó “Qué bueno que llegaste” en tsotsil, dedicada al Papa y preparada en el Encuentro Nacional con Indígenas de octubre de 2015.

Parte de la música fue interpretada por tres grandes marimbas tocadas por cuatro mujeres y cuatro hombres cada una.

El altar dispuesto para la ocasión es una reproducción de la catedral de San Cristóbal y en él se han podido comprobar la belleza de los ornamentos litúrgicos preparados por los indígenas con sus típicas decoraciones geométricas de pirámides, flores, animales, etc.

El Pontífice utilizó una Mitra, casulla y el báculo con motivos indígenas y en lugar de usar el incensario común empleó un sahumerio de barro.

La homilía

En la homilía, el Pontífice recordó lo que decía el salmo responsorial que se proclamó en la celebración, “la ley del Señor es perfecta”. “Esa es la ley que el Pueblo de Israel había recibido de mano de Moisés, una ley que ayudaría al Pueblo de Dios a vivir en la libertad a la que habían sido llamados”, indicó.

“El alba sobrevino para los pueblos que una y otra vez han caminado en las distintas tinieblas de la historia”, añadió Francisco. “En esta expresión, hay un anhelo de vivir en libertad, hay un anhelo que tiene sabor a tierra prometida donde la opresión, el maltrato y la degradación no sean la moneda corriente.

Además, “en el corazón del hombre y en la memoria de muchos de nuestros pueblos está inscrito el anhelo de una tierra, de un tiempo donde la desvalorización sea superada por la fraternidad, la injusticia sea vencida por la solidaridad y la violencia sea callada por la paz”.

El Papa explicó que esto se cumple en Jesucristo porque “en Él vemos cómo esa ley perfecta toma carne, toma rostro, toma la historia para acompañar y sostener a su Pueblo; se hace Camino, se hace Verdad, se hace Vida, para que las tinieblas no tengan la última palabra y el alba no deje de venir sobre la vida de sus hijos”.

También habló de la creación como casa común de todos los hombres y denunció que “hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla”.

“La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes”.

“Ya no podemos hacernos los sordos frente a una de las mayores crisis ambientales de la historia”, pidió a los miles de fieles que le escucharon.

Francisco alabó a la relación que los pueblos indígenas tienen con la naturaleza y recordó que muchas veces no han sido comprendidos por la sociedad.

“Algunos han considerado inferiores sus valores, su cultura y sus tradiciones. Otros, mareados por el poder, el dinero y las leyes del mercado, los han despojado de sus tierras o han realizado acciones que las contaminaban. ¡Qué tristeza! Qué bien nos haría a todos hacer un examen de conciencia y aprender a decir: ¡Perdón! El mundo de hoy, despojado por la cultura del descarte, los necesita”.

Al concluir, el Santo Padre destacó que “celebramos que Jesucristo sigue muriendo y resucitando en cada gesto que tengamos con el más pequeño de sus hermanos”.

Antes de concluir la Eucaristía se realizó una alegre danza ritual que fue acompañada por todos los asistentes con alegría y sobriedad.

Después de la Misa y antes de abandonar el lugar, algunos representantes de las comunidades indígenas agradecieron a Francisco su cariño y atención.

“Gracias por la confianza de estar con nosotros, por aumentar nuestra fe en Dios, por la forma en que nos enseñas. Aunque muchas personas nos desprecian, tú has querido visitarnos y nos has tomado en cuenta, como la Virgen de Guadalupe a San Juan Dieguito”, dijeron.

Como regalo le dieron la Biblia traducida al tseltal y tsotsil.

Antes de despedirse, el Santo Padre pidió, como suele hacer: “por favor les pido no se olviden de rezar por mí”.

¿Quién es Samuel Ruiz, el controvertido obispo revindicado

Alberto Nájar - BBC Mundo,

 

 Ruiz fue uno de los obispos más controvertidos de México.

Por varias décadas, el obispo Samuel Ruiz García vivió confrontado con la jerarquía de la Iglesia católica mexicana, que varias veces trató de removerlo de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, Chiapas.


Fue un personaje polémico. El gobierno de México, por ejemplo, lo vinculó con la formación del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

Y el Vaticano canceló incluso la parte central de su pastoral, la formación de diáconos y catequistas indígenas.

Eso quedo atrás. Durante su visita a Chiapas, el papa Francisco visitó la tumba del sacerdote quien murió en 2011, le llevó flores y rezó una oración.

También autorizó el uso de lenguas originarias en ceremonias religiosas y celebró una misa acompañado con diáconos indígenas.

Algo que Samuel Ruiz empezó a hacer en los años 60, cuando llegó a la diócesis, y que se convirtió en uno de los temas más criticados de su pastoral.

 Ahora el gesto de Francisco se ve en México como la reivindicación de quien algunos llamaron "el obispo rojo", por su decisión de optar por los pobres en el culto católico.

Otros también ven un acto de justicia a la tarea de quien miles de indígenas todavía llaman "Tatic", “padre” en lengua tzotzil.

El Papa, en una ceremonia ante miles de indígenas, dijo que era momento de la reconciliación.

"Muchas veces, de modo sistemático y estructural, sus pueblos han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad. ¡Qué tristeza!", dijo.

"Qué bien nos haría a todos hacer un examen de conciencia y aprender a decir: perdón".

Cruel realidad

Cuando Samuel Ruiz llegó a San Cristóbal de las Casas, en 1959, se encontró con un escenario cruel: los indígenas que caminaban por las calles debían bajar de las aceras para permitir el paso de personas blancas y mestizas.

No podían sentarse en las bancas de la plaza central, ni tampoco entrar a hoteles y restaurantes.

El salario mínimo para un trabajador mestizo era de 8 pesos. En las haciendas y fincas cafetaleras los indígenas recibían tres centavos, que muchas veces el patrón les pagaba con granos de frijol o maíz.

Una vez, Ruiz García celebró un bautizo en una comunidad alejada. Al despedirse un anciano le pidió que no volviera más.

"El hacendado nos pidió doble cuota para pagar tus gastos", le dijo.

Años después le contó al periodista Julio Scherer una costumbre brutal de esa época: los peones corrían al lado del caballo de su patrón, pero si en el camino alguna serpiente asustaba al animal el hombre desensillaba y montaba al indígena, quien debía cargarlo "con el riesgo de su propia vida".

Concilio Vaticano II

La realidad de San Cristóbal empezó a cambiar la vida del joven obispo (tenía 36 años de edad), experto en Teología y que hablaba siete idiomas, entre ellos latín y hebreo.

Pero la transformación definitiva empezó en Roma, cuando asistió al Concilio Vaticano II.

En ese encuentro surgió la opción por los pobres en la Iglesia católica, fundamento de la Teología de la Liberación que Samuel Ruiz abrazó definitivamente.

Allí surgió también la idea de vincular el Evangelio con las costumbres y lenguas de cada comunidad, lo que en México se conoció como "pastoral indígena".

El obispo aplicó desde entonces lo que aprendió en el Concilio.

Uno de sus primeros pasos fue traducir los textos de la Biblia a las distintas lenguas que se hablan en Chiapas.

Luego creó un ejército de 700 diáconos indígenas, quienes se encargaron de las tareas religiosas y de evangelizar es sus comunidades.

Lo hicieron en su propio idioma, como lo había autorizado el Concilio Vaticano II.

Así surgieron las ceremonias religiosas en tzeltal, tzotzil y chol, las lenguas que ahora el papa Francisco autorizó utilizar de manera oficial.

El siguiente paso del obispo fue respaldar movimientos sociales contra el despojo y la concentración de tierras en Chiapas.

Años después, algunos de estos grupos confluyeron en el EZLN.

El camino pastoral de Ruiz García no fue fácil, como lo explicó en la carta "En esta hora de gracia" enviada al Vaticano en 1993.

"Esta opción ha traído hostigamiento y ataques, tanto por parte del Estado, como por parte de diversos grupos o sectores privilegiados", denunció.

"Se ha tenido que soportar la calumnia y la mentira propagada por los medios de comunicación social, oficiales y paraoficiales, y sufrir el encarcelamiento de agentes de pastoral, la muerte de catequistas, la intimidación".

EZLN

La aparición pública del Ejército Zapatista en 1994 y los seis años siguientes fueron los más complicados para el obispo, confesó en una entrevista.

El gobierno del entonces presidente Ernesto Zedillo acusó al religioso de respaldar el levantamiento, una versión que fue apoyada por una parte de la jerarquía católica.

Samuel Ruiz respondió que el origen del conflicto estaba en la pobreza.

"Se dijo que detrás del movimiento había una 'ideologización', pero era más bien el hambre, el reclamo de sus tierras y la represión", dijo a la periodista Cristina Ávila-Zesatti.

Pero la influencia de su pastoral fue clara, le dice a BBC Mundo Elio Masferrer Kan, investigador de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH).

"En Chiapas hay una organización que evidentemente es resultado de la teología india, el EZLN", señala.

A pesar de la desconfianza oficial, Samuel Ruiz fue el mediador central en el diálogo que entablaron el gobierno y los zapatistas, que terminó en los llamados Acuerdos de San Andrés Larráinzar que no fueron aplicados.

 

Su papel agudizó la confrontación con la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), que reúne a todos los obispos del país.

Era previsible, insiste Masferrer Kan.

"La iglesia jerárquica mexicana siempre se alineó, por decirlo de alguna manera, con los grupos económicos dominantes, los grandes empresarios", cuenta.

 

La distancia de la cúpula religiosa con Samuel Ruiz fue evidente cuando murió, en enero de 2011. A su funeral la CEM sólo envió un mensaje escrito.

Cinco años después, el jefe del Vaticano visitó su tumba… Y reivindicó su tarea pastoral.