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Mons. Roberto Lückert: “A veces el pueblo debe defenderse”

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"Los jóvenes de Venezuela han tenido que reaccionar. Los estudiantes están protestando por algo justo", considera el arzobispo de Coro. Monseñor Roberto Lucker sostiene que no se puede dialogar con un gobierno que impone un monólogo

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Monseñor Roberto Lückert es, quizás, una de las voces más polémicas dentro de la Iglesia católica venezolana.
Lo es porque no oculta su oposición al Gobierno nacional, tanto al del difunto Hugo Chávez como al del “hijo”, Nicolás Maduro. Integrante del más alto nivel del clero, la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), está convencido de que los venezolanos están desconcertado ante la situación nacional.

A la difícil situación económica, se suma ahora el clímax de la polarización política, que sobrepasó el mes de confrontación en las calles.
Lückert, arzobispo de Coro, firmó la comunicación pública que la CEV emitió tras los hechos violentos del pasado 12 de febrero en Caracas, los mismos donde murieron dos personas y por los que el dirigente político Leopoldo López fue encarcelado.
En el texto los sacerdotes instaron el gobierno del presidente Maduro a tomar acciones para evitar los hechos violentos, pero también le exigieron garantizar el derecho a las manifestaciones pacíficas.

Sin embargo, todavía no se ha constituido una Comisión de la Verdad suficientemente imparcial para, tal como se pidió en el escrito, se realizara una investigación profunda de los primeros fallecidos.

Hoy ya el balance arroja una treintena de ciudadanos que perdieron la vida en las calle.

¿Qué balance hace luego de mes y medio de protesta?

- Los jóvenes de Venezuela han tenido que reaccionar. Los estudiantes están protestando por algo justo. Por la inseguridad, la escasez… Están protestando en nombre de quienes no podemos protestar, y eso se les agradece.
Son jóvenes que no están dirigidos por cuadros políticos. Lamentablemente el Gobierno no ha entendido, no ha querido escuchar la protesta y eso es preocupante.
Es que el Gobierno, en vez de abrir un frente de diálogo, está echándole gasolina a la protesta al poner presos a dirigentes políticos, a alcaldes que ganaron con el voto popular. Con amenazas no se puede conversar, si no se da confianza no se puede conversar. Se deben dar muestras, como la liberación de los presos políticos.

El Ejecutivo acusa a la oposición de violenta.

- Yo no estoy de acuerdo con la violencia, porque violencia genera violencia. Pero ante un Gobierno que te arremete, que te hace un alarde de poder, a veces el pueblo tiene que defenderse de los atropellos.
El Gobierno ha justificado estas acciones escudándose en las manifestaciones de los estudiantes, pero la forma ha sido desmedida.

A inicios de año, tras la muerte de la actriz Mónica Spear, el Gobierno inició un proceso de diálogo sobre el tema de la seguridad. Incluso, se llamó a la Iglesia ¿Qué resultado ve de eso?

- Entre las principales cosas que advierten las encuestas es que la inseguridad sigue siendo un problema nacional, y que lesiona a todos los venezolanos.
En Caracas, por ejemplo, ya se suspendieron las actividades sociales de noche. La muerte de la actriz disparó las alarmas sobre la cantidad de personas que han muerto por esta situación.

El Gobierno tiene que lograr, por ejemplo, el desarme de los grupos violentos que parecieran que son el brazo armado popular que tiene, porque el Presidente los elogia, los estimula, eso se les ha escapado de las manos, pareciera que están promoviendo una guerra civil.

Sectores de oposición comienzan a definir a la administración de Maduro como una dictadura ¿Comparte ese criterio?

- Hay que recordar que el presidente eterno (Chávez) prometió anclarnos en el mar de la felicidad cubana, allí lo que hay es una dictadura fascista, donde la democracia no tiene nada que buscar.
Aquí se habla de socialismo, eso no está en la Constitución. Nosotros somos un país constitucionalmente democrático.
La democracia se distingue por ser plural y acá, por ejemplo, están cerrando el oxígeno a los medios de comunicación impreso con la escasez de papel, la idea es lograr, como en Cuba, que haya solo tres medios.

¿Qué puede hacer la sociedad civil ante esto?

-Tiene que organizarse mejor, vivir en acciones con la Unidad, no solo en palabras. Hay que defender la democracia, aunque nos cuente que muchos vayan presos. Tienen que haber profetas, en este caso políticos, que den la cara. Hay que alentar a los jóvenes para que no desmayen de ser ellos la epidermis sensible que sirve de eco a la sociedad.

¿Qué percibe de los sectores populares?

- Con esa agresividad que ha manifestado el Gobierno, la gente tiene más miedo. Hay mucha gente que depende del Gobierno porque le da una limosna, este es un Gobierno limosnero.
El pueblo tiene mucho temor, ese fue el éxito de Fidel Castro y pareciera que es el objetivo que tiene el Gobierno de Venezuela.

La protesta permanente desgasta. ¿No cree posible que los ciudadanos de oposición pierdan el interés en los próximos días, que sientan la necesidad de retornar sus actividades normales?

- Este Gobierno está incentivando la guerra civil, de enfrentarnos entre venezolanos, está dando el ambiente necesario para una guerra civil. Además, el Gobierno debe tener mucho miedo por la cuestión económica: se han puesto a regalarle el dinero a todo el mundo y no se han ocupado de Venezuela. ¿Cuánto ha mejorado la calidad de vida? Ahora hay que hacer cola por un paquete de harina. Si no hay salida ahora, tal vez lo que ocurra es que se corra la arruga, pero en un mes o dos meses va a explotar de nuevo el descontento social.

¿Cuál cree que debe ser el papel de la Iglesia en estas circunstancias?

- La Iglesia tiene un gran papel, de hacer que las partes se encuentren, pero ambos sectores deben bajar la guardia. El Gobierno, antes que nada, cree que tiene la verdad él solo y eso no es así. El diálogo es para enfrentar, en el mejor sentido de la palabra.

¿Estaría de acuerdo con participar en las conferencias de paz que ha instalado el Ejecutivo?

- Si el Gobierno baja la guardia, deja de estar insultando, sí estoy dispuesto a acudir. No puedo dialogar con un Gobierno que está imponiendo un monólogo. Ya estamos hartos de monólogos.