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Mons. Fernando Castro, obispo de Margarita

Mons. Fernando Castro Aguayo - Foto: Iglesia

Mons. Fernando Castro Aguayo - Foto: Iglesia

El también ingeniero civil fue  Obispo auxiliar de Caracas y Vicepostulador de la Causa de José Gregorio Hernández

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El Papa Francisco nombró como nuevo obispo de la Diócesis de Margarita a Mons. Fernando Castro Aguayo, quien hasta el momento se desempeña como obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Caracas.

El Mons. Fernando Castro nació en Caracas el 29 de julio de 1951, fue ordenado sacerdote el 31 de mayo de 1984 por la prelatura personal del Opus Dei.

Ordenado obispo el 26 de septiembre de 2009 y desde ese momento se desempeña como Vicario General para la Zona Este de la Arquidiócesis de Caracas.

Desde el año 2013 se desempeñan como Vice-postulador de la causa de Beatificación del Dr. José Gregorio Hernández.

Mons. Fernando Castro, obtuvo el título de ingeniero civil en la universidad católica “Andrés Bello” de Caracas.

Realizó los estudios eclesiásticos de filosofía y de teología en el “Studium Generale” de la prelatura del Opus Dei en Venezuela y en el colegio de la Santa Cruz de Roma. Obtuvo el doctorado en teología en la universidad de Navarra, España.

Ha sido capellán del centro universitario “Monte Ávila”, del centro cultural “Guayacán” y del liceo “Los Arcos” de Caracas. Asimismo, fue rector de la Iglesia de la Sagrada Familia de Nazaret en Caracas, profesor de teología en el “Studium Generale” del Opus Dei y del seminario mayor de Caracas.

 El ABC de Fernando Castro

 Macky Arenas- ABC de la semana 

 Cuando se le conoce, uno tiene la sensación de que a este obispo no le sobra un minuto y si le falta tiempo tampoco se nota, tal es su manera perfecta de parecer en control de la apretada agenda que un pastor debe cumplir, día tras día, en esta “ciudad bendita”.

Si el buen conversador es aquél que no dice más de lo que debe ni se calla lo que no debe, Mons. Fernando Castro es el mejor exponente.

Es caraqueño, egresado del Colegio La Salle, con un título de Ingeniero Industrial de la UCAB. Es Doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Formó parte de los grupos promotores de la construcción de la Iglesia de La Tahona en el populoso sureste capitalino e impulsó la puesta en marcha de la Universidad Monteavila.

En el 2006 es nombrado Arcipreste de Baruta y hoy sirve a Caracas como obispo auxiliar. Esto fue lo que nos dijo para los lectores de ABC de la Semana.

 

 

—  ¿Desde cuándo anda en marcha la Causa del doctor José Gregorio Hernández?

 

—  Desde el año 1947 cuando el arzobispo de Caracas, Mons Lucas Guillermo Castillo, inició el proceso diocesano. Habían pasado 30 años de su muerte, por tanto, la fama de santidad del Doctor Hernández lo sigue desde el día en que murió. El pueblo dijo que era santo y lo llevó en hombros a enterrarlo.

 

— Una manera de decir “santo subbito”…

 

—  Exactamente, como ocurrió cuando murió el Papa Juan Pablo II, en 1919, al fallecer José Gregorio Hernández, tuvimos ese clamor de “santo subbito”. Su fama de santidad es muy completa y ejemplar para el mundo de hoy. La Congregación para la Causa de los Santos ha querido impulsar esta causa. En primer lugar, se trata de un médico, de un profesor universitario, un científico, un investigador. Quien introduce el microscopio en Venezuela es José Gregorio Hernández. Fue enviado con los mejores científicos de Francia a ponerse al día acerca de las más avanzadas técnicas quirúrgicas, así como en detección y diagnóstico de enfermedades, un estudiante destacadísimo, profesionalmente de lo mejor que ha tenido Venezuela.

 

—  Lo llamaban “el médico de los pobres”…

 

—  Se propaga esa como una virtud en él, pero es un término inexacto pues era  más bien el médico de todos, evidentemente también de los más necesitados. De hecho, él muere el 29 de junio del año 1919, buscando las medicinas para una señora anciana sin recursos. Su patrimonio personal lo ponía al servicio de quienes menos tenían. Pero hay que saber que el Doctor José Gregorio Hernández también atendió a Gómez y fue médico de gente muy prominente de la época. El no hacía distinción entre las personas, como corresponde a un buen cristiano. No debemos establecer una dialéctica entre ricos y pobres, sino tener caridad y un corazón grande para todos pues, de alguna manera, todos somos pobres.

 —  Hablando de inexactitudes, ¿cuáles son las que ha prevalecido para que esta Causa no avance con la celeridad a que aspiramos?

—  Los tiempos son de Dios, no de la gente, ni del pueblo. No se resuelve en las urnas la beatificación de un Siervo de Dios. Quien tiene la potestad de beatificar y canonizar es la Iglesia Católica, no un clamor popular, ni una recolecta de firmas, ni presiones de ningún tipo. Hay que destacar algo positivo: en la visita que el presidente Maduro le dispensó al Papa Francisco, preparada con gran detalle, le manifestó al Santo Padre su deseo de agilizar la Causa, de que se tuviera en cuenta la santidad del Doctor Hernández y la inmensa fe que el pueblo venezolano le tiene. Eso es legítimo y noble pues el presidente recogió el sentir de la mayoría de los venezolanos. No obstante, esto en ningún momento le resta rigurosidad a los procesos de la Iglesia en esta materia. Quiero decir que no por eso se va a beatificar a José Gregorio; lo que se hizo fue levantar la atención, una vez más, sobre esta aspiración de nuestra conciencia católica en el país. La Iglesia venezolana tiene la responsabilidad y el trabajo de agilizar la Causa.

 

—  ¿Conocemos los venezolanos suficiente acerca de su vida?

 

—  Es conocido muy parcialmente, sólo como “el que puede curar” cuando en realidad estamos hablando de una persona con una categoría humana y cristiana sobresaliente, muy fuera de lo corriente. Su sensibilidad acerca de las necesidades de los demás era un rasgo muy destacado. Lo que hizo y lo que fue no es conocido; más bien lo tienen como un santo milagrero. Claro que es un médico que puede curar, pero el que cura es en realidad es Jesucristo a través de él. En la estampa de José Gregorio la oración se dirige a Jesucristo: “Señor Jesucristo…” Gran parte del trabajo desarrollado por la Iglesia es dar a conocer la integralidad de su figura, esfuerzo que expresa claramente la reciente Carta Pastoral del Cardenal Arzobispo de Caracas, enviada a todo el país y a las Conferencias Episcopales de América. Allí habla de su vida ejemplar. No hablar de ella es como castrar la posibilidad de una beatificación y posterior canonización.

 

—  Si en verdad lo más importante es la vida ejemplar de la persona a beatificar, ¿qué papel juega el milagro, por qué hace falta?

 

—  Sin duda, los únicos santos no son los que la Iglesia declara. Gracias Dios, la vocación del cristiano es a la santidad. El bautismo nos llama a ser hombres y mujeres santos. Sin embargo, hay algunos cristianos a los cuales la Iglesia comienza una Causa de Beatificación, es decir, un reconocimiento oficial por parte de la Iglesia de la santidad de esa persona.

 

—  ¿Cuáles son los pasos?

—  El primero es el más difícil, declarar que esa persona vivió las virtudes heroicas, fe, esperanza y caridad, y que su vida fue ejemplar. Eso ocurre después de un arduo proceso de investigación donde testifican amigos y enemigos, examinan hasta lo más mínimo para tener la certeza moral de que esta persona vivió, como fiel cristiano, sus virtudes en grado heroico. Este paso ya se cumplió con el Doctor Hernández. El 16 de enero de 1986, Juan Pablo II decreta Venerable a José Gregorio. Lo propuso como un modelo de virtud y de vida cristiana para todos los fieles. Aun falta para declararlo santo, pero fue un gran paso testificar su heroicidad. No obstante, hace falta el dedo de Dios, constatar que Dios actúa a través de su siervo para poder beatificar o canonizar a esa persona. Estamos en un proceso canónico y hace falta un milagro para no tener dudas de la intervención de Dios.

—  Hay gente convencida de que a José Gregorio lo perjudica el que haya sido utilizado para ritos no católicos. ¿Es cierto esto?

—  Milagro tumba a brujo. El día en que exista un milagro que se pueda probar –ya hemos hecho dos intentos y no lo hemos logrado- el doctor José Gregorio Hernández va para los altares. En Venezuela tenemos esa mentalidad mágica, con fuerte influencia de la santería en algunos ambientes, no centrada en Jesucristo, el Hijo de Dios vivo y redentor de mundo, sino en una religiosidad fundada en santos protectores, cuando quien en verdad nos redime y nos da esperanza de vida eterna es Jesucristo.

 

—  Otra creencia es que, al precisar que un obispo esté al frente de estas labores, se dilatan por las múltiples ocupaciones que los recargan de trabajo…

 

—  Quisiera disipar esa imagen. Los postuladores de esta Causa han sido todos personas muy diligentes. El Cardenal Jorge Urosa fue Vice Postulador cuando era obispo auxiliar de Caracas; luego el Padre Alejandro López, Mons Jorge Villasmil y ahora me ha tocado a mí. Desde hace poco más de dos años, el señor arzobispo me ha encargado, como obispo auxiliar de Caracas, de esta responsabilidad. Estamos trabajando con un equipo y en esa oficina procesamos toda la información. Cualquier relato, favor o historia, nos llegue por escrito o por correo electrónico, tratamos de que tenga una respuesta. Por supuesto, toda persona que se acerca es atendida. En este año 2013 hemos recibido más de 160 testimonios sobre favores de José Gregorio Hernández, lo que significa que ya existe una mayor conciencia de que la gente debe poner por escrito lo que le sucede.

 

—  ¿Desde 1957 hasta hoy no ha podido probarse ninguno?

 

—  Se han sustanciado dos, uno en 1986 y otro en el 2006 y se presentaron a la Congregación de la Causa de los Santos. La Comisión de Médicos, en su segunda reunión, desestimó la presunta curación milagrosa por lo cual no fueron aprobados. Se ha trabajado mucho, pero insistimos en que los fieles pongan por escrito lo que José Gregorio Hernández hace. En este país todo el mundo es devoto de JGH, un gentío dice haber recibido favores o milagros, pero casi nadie lo pone por escrito. Lo que no se sabe no se puede procesar, hace falta el testimonio para poder investigar. En eso estamos insistiendo con cierto éxito.

 

—  Otro de los factores que la gente imagina intervienen para retrasar el avance de la Causa es que se trata de un laico…

 

—  Absolutamente no. Sería una aberración pensar así. La santidad es propia de la condición cristiana y por eso estamos ocupados en que esta Causa vaya adelante. Otra cosa es que, cuando detrás de una Causa está una orden religiosa, una diócesis italiana o española con toda una infraestructura, un aparato de gente focalizada en llevar adelante el trabajo pues obviamente tiene éxito con mayor rapidez. Nosotros estamos en otras condiciones pero trabajamos mucho y estoy seguro de que veremos los frutos de este gran esfuerzo.

 

— ¿Los médicos se inclinan a colaborar o son más bien escépticos por naturaleza?

 

—  La cooperación que hemos tenido de los médicos en todo el asesoramiento que hemos necesitado ha sido de una generosidad y disposición impresionante. Siempre tenemos que pedir opiniones científicas, son indispensables para poder determinar si es un milagro. Eso no se puede establecer anticipadamente, es el médico quien debe dar su opinión. Si él dice que no encuentra explicación, entonces sí podemos ir más a fondo. En un milagro está comprometida la auctoritas de la Iglesia y no se puede decir que es un milagro aquello que no lo es o puede no serlo. Yo mismo he conocido milagros incuestionables, pero hay que investigarlos.

 — ¿Esta campaña no debía extenderse a otros lugares del mundo donde hay mucho venezolano y latino devoto de JGH y que puede haber sido sujeto de un favor o milagro?

 

—  La devoción a JGH no es un fenómeno sólo venezolano. Yo mismo celebré en Guayaquil una Misa por su beatificación  a la que asistieron 5.000 personas. Allá lo llaman “el hermano Gregorio”. En ese lugar ha tenido que hacerse toda una rectificación de la correcta devoción para que José Gregorio no sea confundido con una suerte de santo milagrero. En cualquier sitio del mundo el milagro puede ocurrir, por eso estamos a la expectativa.

 

—  ¿Cuáles son los puntos en los cuales hay que insistir, a fin de ayudar a la Causa?

 

—  En la recta devoción. Su estampa se ha distribuido en todo el país, son cuatro millones las que se han repartido y llegado a los sitios más recónditos a través de los obispos y las parroquias. Conviene que se le rece en familia, en comunidad, que se le pida comunitariamente pues cuando se reza de esa manera no es el individuo sino la Iglesia la que ora. Recordemos aquello de “Cuando dos o tres están reunidos en mi nombre, yo estoy en medio de ellos”. Es bueno orar solo a JGH y no a varios a la vez, a fin de poder determinar la procedencia de la intercesión milagrosa. Por otra parte, si existe una curación súbita, algo que no tenga explicación, inmediatamente hay que hacer el testimonio escrito y buscar las pruebas posibles remitiendo esa información a través del obispo diocesano, del párroco o directamente a la Vicepostulación de la Causa del Doctor José Gregorio Hernández.

Lo más sencillo es enviarlo al Palacio Arzobispal de Caracas, Plaza Bolívar, Esquina de Gradillas. En la Iglesia La Candelaria, Plaza La Candelaria se veneran los restos de JGH en Caracas, otro lugar donde se reciben los testimonios. Existe un correo electrónico causajosegregoriohernandez@gmail.com, donde pueden enviar su relato y nos pondremos en contacto de inmediato. Mientras JGH no esté beatificado, sus imágenes no pueden ser veneradas en ninguna iglesia ni parroquia; debemos tenerlas en sitios privados, en nuestras casas o en nuestro lugar de trabajo. El culto público, en este caso, sería contraproducente. Tenemos mucha esperanza en que todo saldrá bien, por eso estamos trabajando.