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“Misión imposible; la crisis se precipita”

ILUSTRACIÓN: Raúl Azuaje

ILUSTRACIÓN: Raúl Azuaje

La Santa Sede pide a las partes en conflicto en Venezuela que se abran al diálogo por el bien como del pueblo; mons. Gallagher visitará el país el próximo 24 de mayo. Una misión casi imposible

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FRANCESCO PELOSO -El Vaticano trata de mover sus peones en el difícil tablero de la crisis venezolana; el objetivo es el de ejercer una intermediación entre el gobierno y la oposición para que la situación no caiga en el caos institucional y en la violencia. Con esta intención primaria han sucedido muchas cosas: el Papa ha intervenido públicamente pidiendo «diálogo y colaboración, justicia y respeto reciproco, que solamente pueden garantizar el bienestar espiritual y material de los ciudadanos», después escribió al presidente Nicolás Maduro una carta cuyo contenido afirma seguramente el mismo pensamiento (por otra parte, la condición para que se pueda dar una mediación por parte de la Santa Sede es la voluntad de las partes a abrirse al diálogo y a escuchar, rompiendo las lógicas del muro contra muro que han prevalecido durante años).

Después el vocero de la Santa Sede, el padre Federico Lombardi, explicó que «el Papa sigue con mucha atención y preocupación lo que pasa en Venezuela, y recientemente envió una carta personal al presidente Maduro con referencia a la situación del país». Hace pocos días, fue recibido en el Vaticano tanto por el Papa como por el Secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, Leopoldo López Gil, padre del homónimo líder de la oposición que se encuentra desde encarcelado. En este contexto, pues, se inserta el viaje que hará el próximo 24 de mayo a Venezuela mons. Paul Gallagher, secretario para las Relaciones con los Estados del Vaticano, en una empresa para negociar muy complicada.

Oficialmente, además, la suya no será una visita diplomática; Gallagher, de hecho irá a Caracas para celebrar la ordenación episcopal del nuevo nuncio en el Congo, el venezolano Francisco Escalante Molina. Sin embargo, dijo el padre Lombardi a la agencia France Press, se encontrará con algunas autoridades. Se trata, pues, de una misión informal de alto nivel, y hay que tener presente que el actual Secretario de Estado fue nuncio apóstolico en Venezuela.

 

La situación en el país sudamericano, entre la experiencia del Papa latinoamericano y la de la diplomacia vaticana, es bastante conocida. La Santa Sede también ha insistido en la disponibilidad del actual nuncio, mons. Aldo Giordano, para convertirse en un intermediario entre el gobierno y la oposición con el fin de resolver la complicada crisis politica y social. El mismo Giordano en las últimas horas ha insistido en que la negociación puede comenzar solamente «si todos dan prioridad al bien común del pueblo».

La situación en el país es dificilísima. Una grave crisis energética afecta a los venezolanos, cuyo país es uno de los mayores productores de petróleo del mundo. Ha habido apagones y se ha racionado el suministro de la electricidad durante varias horas al día a lo largo de la semana. Un hecho que se debe a la disminución de los precios del petróleo, según los expertos, y a los conflictos entre los países productores del «oro negro». Al mismo tiempo, faltan medicinas, alimentos, artículos de primera necesidad, mientras la inflación sigue aumentando y se ha salido de control.

El país también está viviendo un aumento sin precedentes de la violencia criminal, pues la presencia de organizaciones relacionadas con el narcotráfico, el crimen organizado y la delincuencia común es alarmante. Caracas, recordó recientemente «L’Osservatore Romano», tiene el primer lugar de la clasificación que redacta el Consejo ciudadano para la seguridad pública y la justicia penal», institución mexicana que cada año hace un informe sobre las cincuenta metrópolis más violentas del planeta, con 119,87 homicidios cada 100 mil habitantes. Y no solo está la capital en esta «lista negra» de las ciudades más violentas, porque también aparecen otros centros urbanos venezolanos: en el quinto sitio se encuentra Maturín (con 85,45 muertos) y Valencia, en el séptimo sitio (con 72,21 homicidios). El escenario es mucho más que problematico. Y al lado de la crisis social y económica surge la crisis politica del chavismo; Nicolás Maduro, el presidente que ha seguido las huellas de su predecesor Hugo Chávez, elegido con una amplia mayoría, no controla el Parlamento, en el que prevalecen las oposiciones. Estas últimas están tratando de poner en marcha un referéndum para renovar el mandato de Maduro; ya han reunido las firmas y han sido convalidadas, pero el gobierno afirma que la hipótesis de la destitución del actual presidente no está en juego. Además, la presidencia canceló la posibilidad de que la asamblea parlamentaria remueva a los ministros del gobierno, utilizando un decreto de enero de este año con el que se confieren poderes especiales a Maduro, en virtud, precisamente, de la crisis económica.

El ejecutivo actual ha sido acusado de violación de los derechos políticos fundamentales; en una entrevista con Tv2000, después del encuentro con el Papa, el padre de Leopoldo López afirmó que su hijo «Leopoldo está en la cárcel desde febrero de 2014 y lo condenaron a 14 años por sus discursos. No hay pruebas para la condena, no le dejaron presentar testigos, peritos o pruebas. Solamente tiene la posibilidad de recibir las visitas de sus parientes más estrechos». Por otra parte, los que apoyan a Maduro, todavía numerosos, afirman que detrás de la crisis hay intereses que pretenden la carda de Maduro, además de la voluntad de la Casa Blanca y otras instituciones estadounidenses de cambiar el gobierno del país con un acto de fuerza y un asedio económico.

Los obispos venezolanos han mandado un mensaje a la nación, para que no se deje «manipular por los que ofrecen un cambio de la situación mediante la violencia social», y al mismo tiempo invita a no caer en la «resignación» o en el «silencio por las amenazas». «Nunca debemos ser ciudadanos pasivos ni conformistas —explican los obispos—, sino sujetos de nuestra realidad». Y esto significa «sujetos pacíficos, pero activos», con el objetivo de actuar «como protagonistas de las transformaciones de nuestra historia y de nuestra cultura».