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Lombardi sale; llega “El gringo” Burke

El padre Federico Lombardi y Greg Burke en la Sala de Prensa vaticana

El padre Federico Lombardi y Greg Burke en la Sala de Prensa vaticana

Cambia el director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, después de la década del padre jesuita. Será su actual «número dos», numerario del Opus Dei que era corresponsal de Fox News. Como vice directora llegará una mujer, la periodista española Paloma Ovejero

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ANDREA TORNIELLI - El próximo 29 de agosto cumplirá 74 años, desde 2012 era «jubilable» y justamente hoy, 11 de julio de 2016, se cumple el décimo aniversario de su nombramiento como director de la Sala de Prensa de la Santa Sede: deja su puesto el padre Federico Lombardi, el portavoz que con discreción y estilo alejado de cualquier protagonismo (conjugado con un profundo conocimiento de la Iglesia y de los mecanismos de la comunicación) acompañó durante casi todo su Pontificado a Benedicto XVI y se ocupó de los primeros tres de Papa Francisco.

Y ocupará su lugar el periodista estadounidense Greg Burke, de 56 años. que fue nombrado en noviembre del año pasado vice director de la Sala de Prensa vaticana, después de haber estado durante tres años ligado a la sección de comunicación de la Secretaría de Estado. Y como nueva vice directora llega una mujer, la periodista española Paloma García Ovejero, corresponsal en Roma de la emisora católica Radio Cope.

La jubilación del padre Lombardi representa un cambio que pesará bastante en el sistema de información vaticano.

Federico Lombardi nació en Saluzzo (Italia) en 1942, es sobrino tanto del célebre jesuita Riccardo Lombardi, conocido como «el micrófono de Dios»  durante la época de Papa Pacelli, como del famoso jurista católico Gabrio Lombardi; cursó sus primeros estudios en la ciudad de Turín y asistió al Instituto Social de los padres Jesuitas. En 1960 entró al noviciado de la Provincia turinesa de la Compañía de Jesús en Avigliana. De 1962 a 1965 estudió filosofía en el Aloisianum de los Jesuitas en Gallarate, y después, durante cuatro años, fue asistente de los estudiantes en el Colegio Universitario del que se ocupaban los jesuitas en Turín. Estudió en la Universidad de Turín y obtuvo la licenciatura en matemáticas. De 1969 a 1973 estudió en la Facultad Teológica de la «Phil.-Teol. Hochshule St Georgen» de los jesuitas en Frankfurt am Main y obtuvo la licenciatura en Teología. Fue ordenado sacerdote en 1973 y comenzó a trabajar como redactor en la revista «La Civiltà Cattolica», la revista de los jesuitas italianos, y fue nombrado vice director de la misma en 1977. Durante seis años, de 1984 a 1990, fue Provincial para Italia de la Compañía de Jesús. Un año después fue nombrado director de los programas de la Radio Vaticana. En 2002 se convirtió en el director general del Centro Televisivo Vaticano, después de la clamorosa salida de su predecesor Ugo Moretto, que decidió abandonar el sacerdocio para casarse con una colega periodista. Lombardi dejó la televisión vaticana en las manos de Edoardo Viganò a finales de 2012, casi a la vigilia de la histórica renuncia de Benedicto XVI. En marzo de 2016 dejó la Radio Vaticana, aunque siguió siendo durante algunos meses más director de la Sala de Prensa. El cambio de guardia en la Radio y ahora en la Sala de Prensa forma parte de la reforma y de la unificación de los medios de comunicación vaticanos, estudiada y desarrollada por el Prefecto de la Secretaría para la Comunicación, don Dario Viganò.

Durante estos diez años, el padre Lombardi ha tenido que afrontar considerables «tormentas» mediáticas, como las que sacudieron la Curia Romana en los dos casos «vatileaks» y sus consecuentes procesos jurídicos . Con su estilo un poco minimalista, alejado de cualquier protagonismo (fue un portavoz que nunca robó l escena a los verdaderos protagonistas) fue la «voz» del Papa sin gritar sin recurrir a acrobacias. Completamente identificado con la institución que representaba, se mantuvo distante de cualquier «status symbol» y de los favoritismos, encarnando perfectamente el ideal del colaborador del Papa acostumbrado a servir sin ponerse en evidencia.

Como director de la Sala de Prensa tuvo que afrontar la crisis que siguió a la cancelación de la excomunión de los obispos lefebvrianos, entre los que estaba también Richard Williamson, que negaba la existencia de las cámaras de gas. Se comprendió en ese momento, en el Vaticano, que era necesario monitorear constante y cotidianamente la red para comprender cuáles noticias habían sido publicadas sobre la Iglesia y, en particular, sobre el Papa y la Santa Sede. La otra gran crisis que Lombardi vivió fue la del escándalo de la pederastia, en 2010, con ataques muy duros y peticiones de investigaciones judiciales que llegaban incluso a rozar la figura misma del Pontífice, considerado como si fuera el director ejecutivo de una multinacional, por lo que, de alguna manera, algunos lo consideraban responsable de las acciones de los sacerdotes en el mundo. Mediante la Radio Vaticana, con sus comentarios tranquilos y precisos, con la redacción de material informativo en varias lenguas que eran entregados rápidamente a los periodistas, el padre Federico Lombardi se convirtió en un punto de referencia insustituible.

Con su sutil humorismo, Lombardi acompañó a miles de periodistas durante el Cónclave de 2013, el primero de la historia de la Iglesia que se daba con un Papa que había renunciado por motivos de edad. En sus ruedas de prensa cotidianas no faltaron acentos de ironía, como cuando se vio obligado a hacer una lista de las características químicas de los cartuchos que provocan el humo blanco o negro de la chimenea de la Capilla Sixtina: «Hoy tenemos esta rueda de prensa con lo que sucede en el convento», dijo a los periodistas de todo el mundo. O cuando, sonriente, le pidió a los periodistas: «No me llamen por teléfono todos juntos para saber la fecha del Cónclave, de lo contrario no voy a poder mandarles el comunicado». O cuando le respondió a quien le preguntaba qué había comido ese día el Papa emérito: «Habrá que preguntárselo a él».

La elección del primer Papa jesuita de la historia sorprendió al jesuita vocero vaticano, que no la consideraba una posibilidad y que necesitó casi una hora para reponerse de la noticia. El padre Lombardi tuvo que adaptarse al estilo de Bergoglio, muy diferente del de su predecesor y más propenso a conceder entrevistas y a dialogar sobre cualquier argumento, y sin red, durante los vuelos al volver de sus viajes internacionales.

Con su sucesor, la Sala de Prensa de la Santa Sede vuelve a tener como director a un periodista laico numerario del Opus Dei, como fue durante varios años Joaquín Navarro Valls; se trata de Gregory Joseph Burke, que nació en Saint Louis en 1959 en una familia católica. Estudió en una preparatoria de jesuitas y en 1983 se licenció en Literatura Comparada en la Columbia University de Nueva York. En esos años conoció el Opus Dei y se volvió «miembro numerario», es decir con la vocación al celibato. Se especializó en periodismo, trabajó con la United Press International en Chicago, después con la revista semanal National Catholic Register. Colaboró con Time y en 1994 lo contrataron como corresponsal. Siete años después pasó a la televisión, como corresponsal en Roma de Fox News, trabajo que mantuvo hasta julio de 2012, cuando, en medio de la tormenta de los «vatileaks» fue llamado a la Secretaría de Estado para que diera asesoría en el rubro de la comunicación. En diciembre de 2015 fue nombrado vice director de la Sala de Prensa de la Santa Sede y trabaja en ella desde el primero de febrero de 2016.

Es significativa la elección de una mujer como vice directora: Paloma Ovejero. Nació en Madrid en 1975, se licenció en periodismo en España, con un máster en comunicación en la New York University. Desde hace tres años se encuentra en Roma como corresponsal de la emisora católica Radio Cope. El nuevo director y la nueva vice directora comenzarán su trabajo operativamente en agosto, por lo que Papa Francisco todavía contará con la presencia del padre Federico Lombardi durante su viaje a Polonia a finales de julio, para la Jornada Mundial de la Juventud de Cracovia.