• Caracas (Venezuela)

Iglesia

Al instante

“No es Jubileo si no llega a los pobres”

Papa Francisco durante la Audiencia - AFP

Papa Francisco durante la Audiencia - AFP

Durante la Audiencia en este Miércoles de ceniza, el Pontífice recordó cuál es el significado bíblico del Jubileo, «indulto general», y condenó la usura, «pecado grave». Pidió también oraciones para el encuentro con Kiril en Cuba

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

IACOPO SCARAMUZZI – Vatican Insider - «Si el Jubileo no llega a los bolsillos no es verdadero Jubileo». En este miércoles de ceniza, y comienzo de la Cuaresma, Papa Francisco reflexionó sobre el origen del Jubileo en curso, durante la Audiencia general en la Plaza San Pedro.

Recordó el significado de «indulto general» indicado por la Biblia y subrayó que en un mundo en el que el ochenta por ciento de las riquezas está en manos del veinte por ciento de la humanidad, los que tienen más deben compartir los propios bienes con los pobres y con los extranjeros. Además, Francisco condenó el «pecado grave de la usura».

El libro bíblico del Levítico, recordó el Papa, presenta la antigua institución del Jubileo, cada cincuenta años, como momento culminante de la vida religiosa y social del pueblo de Israel.

En aquella época « si alguno había sido obligado a vender su tierra o su casa, en el jubileo podía retomar la posesión; y si alguno había contraído deudas y, no podía pagarlas, hubiese sido obligado a ponerse al servicio del acreedor, podía regresar libre a su familia y recuperar todas sus propiedades. Era una especie de “indulto general”, con el cual se permitía a todos de regresar a la situación originaria, con la cancelación de todas las deudas, la restitución de la tierra, y la posibilidad de gozar de nuevo de la libertad propia de los miembros del pueblo de Dios.

Un pueblo “santo”, donde las prescripciones como aquella del jubileo servían para combatir la pobreza y la desigualdad, garantizando una vida digna para todos y una justa distribución de la tierra sobre la cual habitar y de la cual tomar el nutrimiento.

 

La idea central es que la tierra pertenece originalmente a Dios y ha sido confiada a los hombres, y por eso ninguno puede atribuirse la posesión exclusiva, creando situaciones de desigualdad. Esto, hoy, podemos pensarlo y repensarlo; cada uno en su corazón piense si tiene demasiadas cosas. Pero, ¿Por qué no dejar a aquellos que no tienen nada? el diez por ciento, el cincuenta por ciento…».

Con el jubileo bíblico, «quien se había convertido en pobre regresaba a tener lo necesario para vivir, y quien se había hecho rico restituía al pobre lo que le había quitado. El fin era una sociedad basada en la igualdad y la solidaridad, donde la libertad, la tierra y el dinero se convirtieran en un bien para todos y no solo para algunos como sucede ahora, si no me equivoco. Pero más o menos, ¡eh!

Esto es una cosa, las cifras no son seguras, pero el ochenta por ciento de las riquezas de la humanidad están en las manos de menos del veinte por ciento de la gente.

Es un jubileo – y esto lo digo recordando nuestra historia de la salvación – para convertirse para que nuestro corazón se haga más grande, más generoso, más hijo de Dios, con más amor. Pero, les digo una cosa: si este deseo, si el jubileo no llega a los bolsillos no es un verdadero jubileo. ¿Lo han entendido? Y esto es en la Biblia. ¡eh!

No lo inventa este Papa: está en la Biblia. El fin – como he dicho – era una sociedad basada en la igualdad y en la solidaridad, donde la libertad, la tierra y el dinero se convirtieran en un bien para todos y no para algunos.

De hecho, el jubileo tenía la función de ayudar al pueblo a vivir una fraternidad concreta, hecha de ayuda recíproca. Podemos decir que el jubileo bíblico era un “jubileo de misericordia”, porque era vivido en la búsqueda sincera del bien del hermano necesitado».
La ley de la Biblia, continuó el Papa, también prescribía el pago del «diezmo», es decir la décima parte, de las cosechas «a los Levitas, encargados del culto, los cuales no tenían tierra, y a los pobres, a los huérfanos, a las viudas». «¡Cuántas primicias! Primicias —recordó— no solo de los frutos de los campos, sino de todo otro producto del trabajo, de los sueldos, de los ahorros, de tantas cosas que se poseen y que a veces se desperdician.

Esto sucede también hoy, ¡eh! En la Limosnería Apostólica llegan tantas cartas con un poco de dinero, pocas cosas con esta inscripción: “esto es parte de mi sueldo para ayudar a otros”. Y esto es bello; ayudar a los demás, las instituciones de beneficencia, los hospitales, los asilos y los diezmos; dar también al forastero, a aquellos que son extranjeros y están de paso. Jesús estuvo de paso en Egipto».

Además la Biblia relaciona este tema con la exhortación insistente a «responder generosamente a los pedidos de préstamos, sin hacer cálculos mezquinos y sin pretender intereses imposibles», prohibiendo la usura explícitamente: «Esta enseñanza es siempre actual. ¡Cuántas familias están en la calle, víctimas de la usura! Por favor recemos, para que en este jubileo el Señor quite del corazón de todos nosotros este deseo de tener más de usura. Que se regrese a ser generosos, grandes. ¡Cuántas situaciones de usura estamos obligados a ver y cuánto sufrimiento y angustia llevan a las familias! Y tantas veces, en la desesperación cuantos hombres terminan en el suicidio porque no pueden más y no tienen esperanza, no tienen una mano extendida que los ayude; solamente la mano que viene a hacerles pagar los intereses. Es un grave pecado la usura, es un pecado que grita en la presencia de Dios».

El Papa concluyó su catequesis diciendo: «Queridos hermanos y hermanas, el mensaje bíblico es muy claro: abrirse con valentía al compartir, y ¡esto es misericordia! Y si no queremos misericordia de Dios comencemos a hacerla nosotros. Es esto: comencemos a hacerlo nosotros entre conciudadanos, entre familias, entre pueblos, entre continentes. Contribuir en realizar una tierra sin pobres quiere decir construir una sociedad sin discriminación, basada en la solidaridad que lleva a compartir cuanto se posee, en una distribución de los recursos fundada en la fraternidad y en la justicia».

Hoy por la tarde el Pontífice presidirá la Ceremonia de las Cenizas en San Pedro, con el envío de los «misioneros de la Misericordia». Recordó al final de la audiencia que mañana se festeja la Jornada Mundial del Enfermo y que el viernes que viene «iniciaré el viaje apostólico en México, pero antes me dirigiré a La Habana para encontrar a mi querido hermano Kiril. Encomiendo a las oraciones de todos ustedes tanto el encuentro con el Patriarca como el viaje a México».