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Ciudad Juárez, en la frontera con Estados Unidos

Ciudad Juárez, en la frontera con Estados Unidos

El papa orará frente al Río Bravo, que divide México y Estados Unidos, uno de los lugares que mejor refleja el drama de la inmigración. Francisco estará acompañado por migrantes y familiares de desaparecidos. La misa podrá verse desde ambos lados de la frontera.

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(CNN Español) - El papa Francisco culmina este miércoles su viaje a México con una visita a Ciudad Juárez, en la frontera con Estados Unidos.

Allí,  considerada una de las fronteras más violentas del mundo y con un alto índice de feminicidios, el papa tendrá otra intensa jornada.

La ciudad está fuertemente custodiada por la visita papal.

Visitará el centro penitenciario Cereso 3, conocido por ser el más peligroso de México, donde dará un discurso. Las visitas a las cárceles son una constante de su papado, algo que también hizo en su visita a Sudamérica.

Antes de partir a Roma, a las 19:15 horas local, habrá una ceremonia de despedida en el aeropuerto internacional de ciudad Juárez.

Además de los migrantes que dirigirán sus miradas hacia Ciudad Juárez desde la valla metálica que separa ambas ciudades, otros miles estarán en el estadio para seguir la misa a través de mega-pantallas. El obispo Seitz: «Las naciones tienen la autoridad para vigilar las fronteras, pero también el deber moral de defender los derechos humanos»


Para la Iglesia católica de los Estados Unidos El Paso es desde hace años una de las principales fronteras en la acogida de los latinos que tratan de atravesar de cualquier manera hacia el gigante norteamericano, encomendando sus vidas a los consejos de los «coyotes» (las personas que los «cruzan») y muchas veces muriendo en el desierto. Justamente en El Paso y en las demás ciudades fronterizas, la cooperación entre los obispos de México y los de Estados Unidos se ha hecho más intensa durante los últimos años.

Aquí, por ejemplo, nació el «Hope Border Institute», un centro que, en colaboración con muchas otras realidades que ofrecen asistencia a los migrantes, trata de promover, partiendo de la doctrina social de la Iglesia, una cultura del encuentro a favor de los pobres en la frontera.

Una representación de migrantes estará en la frontera, más allá de la valla, en territorio estadounidense. Francisco los verá desde un palco a 80 metros, a orillas del Río Grande, desde donde rezará por los miles de migrantes que han fallecido tratando de llegar a los Estados Unidos.

Pero la que se verá en El Paso será una pequeña representación, pues toda la comunidad católica se reunirá en el Sun Bowl Stadium, de football americano, en donde se espera la presencia de miles de fieles que seguirán la Misa del Papa a través de mega-pantallas.

«A pesar de las fronteras que existen —explicó el Obispo de El Paso, mons. Mark Seitz—, nosotros nos consideramos una única gran comunidad católica. Tenemos grandes esperanzas en esta visita. No hay duda —comentó— de que habrá algunos que criticarán al Papa, diciendo que al venir a la frontera impulsa la inmigración clandestina; pero se equivocan de objetivo. Con su presencia, el papa pide lo contrario: la reforma de las estructuras y de las leyes para permitir que los migrantes y los refugiados no deban sufrir ni morir buscando un lugar seguro o un sostén económico para las propias familias. Las naciones tienen la autoridad para vigilar las fronteras, pero también tienen la obligación moral de defender los derechos humanos y la vida de las personas».

La comunidad católica de El Paso no estará sola hoy en los Estados Unidos. Con los migrantes de El Paso estará el presidente de la Conferencia Episcopal del país, el arzobispo Lousville Joseph Kurtz, quien también envió un mensaje a los católicos estadounidenses («El Papa nos pide ver a estos hermanos y a estas hermanas, del norte y del sur, como nuestros compañeros en el peregrinaje hacia Cristo»).

Otros obispos estadounidenses estarán del otro lado, en México, para concelebrar con el Papa. Entre ellos estará el cardenal arzobispo de Boston, O’Malley, que hace dos años, durante la visita de Francisco a Lampedusa, otro lugar simbólico de la odisea de los migrantes, presidió una Misa en la frontera de Nogales, en el estado de Arizona. O’Malle dijo hablando de esta visita del Papa que «buenos muros no hacen buenos vecinos», utilizando un juego de palabras con el conocido proverbio estadounidense que dice exactamente lo contrario.