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Francisco: Empedrado, el rumbo renovador

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El Papa nombra a 15 cardenales menores de 80 años.

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STEFAN DEGE- Vienen, por ejemplo, de lugares tan remotos como la isla de Tonga, de Cabo Verde o de Panamá. Los nuevos portadores del capelo rojo no proceden, como de costumbre, de prestigiosos obispados en Italia. Cinco obispos del sureste de Asia y Oceanía han pasado a formar parte del Colegio Cardenalicio.

Y entre los escogidos no hay ningún estadounidense. Asimismo, cinco cardenales que se han destacado por su trabajo fueron nominados por el Papa, entre ellos, un alemán. No cabe duda: con su nominación, el papa Francisco sienta precedentes. Una vez más.

Como Papa “del fin del mundo”, el argentino Jorge Mario Bergoglio ha designado a cardenales provenientes “del fin del mundo”. Clérigos de lugares remotos representan un catolicismo diferente, muchas veces más conservador.

Su elección refleja la diversidad de la Iglesia, dice Francisco. Sin embargo, la definición papal del fin del mundo es interesante: al designar a estos cardenales, fortalece la periferia católica y también la influencia de ésta sobre la Iglesia universal de dominación europea. Su elección es un rechazo al centralismo eclesiástico, y le declara la guerra al centro de poder clerical en Roma.

Hace poco, Francisco ya le había leído la cartilla a su curia, al diagnosticarles a los representantes 15 enfermedades, entre ellas arribismo, arrogancia, insensibilidad y “Alzheimer espiritual”.

Renovar la Iglesia

 El segundo mensaje del Papa es aún más obvio: la Iglesia debe estar allí donde la gente la necesita y proteger a los más vulnerables. Así, por ejemplo, designó cardenal al italiano Francisco Montenegro.

La isla mediterránea de Lampedusa forma parte de su arzobispado en Sicilia. En 2013, el Papa visitó Lampedusa, donde condenó fuertemente la miseria de los refugiados. Entre los nuevos dignatarios, sin embargo, también se encuentran clérigos de Etiopía, Tailandia y Vietnam.

En estos países, los cristianos católicos son minoría. Francisco ha nombrado a cardenales en lugares donde su Iglesia se ve amenazada o donde tiene la obligación de ayudar. Le guste o no a sus críticos en el Vaticano, Francisco usa la designación cardenalicia para decidir la dirección política de la Iglesia.

Su mensaje es: renovémosla desde la periferia. Solo así podrá estar con las personas, en el sentido de Jesús. Sin lugar a dudas, las decisiones de Francisco también despiertan resistencia, y la constante lucha del Papa, de 78 años, le roba fuerzas. No le queda mucho tiempo. Hasta que renuncie o muera, el rumbo reformista que ha emprendido deberá ser irreversible. No se sabe si Francisco llegará a cosechar los frutos de sus reformas. Como servidor de la Iglesia se ha fijado como meta renovarla. Es evidente que esto es más importante para él que su propia persona.