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Evo: “Me siento discriminado”…

ILUSTRACIÓN: Raúl Azuaje

ILUSTRACIÓN: Raúl Azuaje

Morales  versus obispos, una brecha que no cierra. Insiste en acusar a los obispos de su país de “trato discriminatorio” hacia su persona, un lamento también contenido en la reciente carta que enviaron al Papa Francisco los movimientos sociales del país sudamericano

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ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ - Se sabe, Evo y los obispos de Bolivia nunca han tenido buenas relaciones. Desde la llegada del líder indígena y cocalero a la presidencia de su país, en 2006, numerosos han sido los cruces entre él y la jerarquía eclesiástica.

El más reciente conflicto institucional data de pocas semanas atrás. Distinta (y mucho más cordial) ha sido la relación entre mandatario y el Papa, con quien se ha reunido en diversas ocasiones.

Morales aprovechó su más reciente audiencia con Francisco para entregarle una carta en duros términos, con quejas puntuales sobre varios pastores.

“Esta es la cartita que le mandan los movimientos sociales”, le dijo Evo a Jorge Mario Bergoglio la mañana del viernes 15 de abril. Ambos estaban en la biblioteca papal, en el segundo piso del Palacio Apostólico vaticano. Era el momento del intercambio de regalos, tras un diálogo privado de 27 minutos.

Ante una mesa de madera, el presidente tomó una carpeta de plástico azul, la abrió y sacó las hojas, donde se podían divisar varios logotipos de los diferentes movimientos. El texto estaba suscrito por la Central Obrera Boliviana (COB) y la Coordinadora Nacional por el Cambio (Conalcam).

Era evidente que a Morales le interesaba particularmente el documento porque se lo extendió al Papa y después se lo pasó al prefecto de la Casa Pontificia, Georg Gaenswen, que se encontraba a unos pasos. Además tomó otra carpeta y completó: “Aquí está todo el material”. El pontífice se limitó a agradecer moviendo la cabeza.

El contenido de esa misiva no se hizo público, aunque ese día fuentes diplomáticas bolivianas refirieron que la misma incluyó una dura crítica a los obispos y una defensa al cultivo de la hoja de Coca.

Según pudo saber el “Vatican Insider”, el texto evidenció una vieja brecha entre los obispos y el gobierno de Evo.

No se trata de una situación nueva, por eso la carta ofreció ejemplos antiguos, además de otros más actuales.

En el entorno del presidente creen que la Iglesia discrimina e intenta desprestigiar de manera constante a Morales por su calidad líder popular.

Y, al mismo tiempo, la acusan de no reconocer las beneficios que –a su decir- el gobierno ha llevado a los que menos tienen.

Es larga la lista de episodios que Evo considera ejemplos de esta situación. “Me siento discriminado por la Conferencia Episcopal”, dijo el mandatario al diario El Deber 12 días antes de viajar al Vaticano (03.04.2016).

Entre otras cosas el mandatario acusa a Jesús Juárez de haberle ofrecido dádivas económicas cuando era todavía obispo de El Alto y él dirigente social.

Esto durante la presidencia de Hugo Bánzer (1997- 2001). Y no olvida que en enero de 2009 el entonces arzobispo de Sucre, Jesús Pérez, ofició una misa para prefectos y dirigentes políticos opositores que rechazaban la nueva Constitución nacional.

En Bolivia se recuerda que la división en torno a aquella reforma de la Carta Magna propició una profunda ruptura, con algunos departamentos que directamente se declararon en rebeldía hacia el gobierno central.

Entonces se llegó a pensar que, de mantenerse esa situación política, el gobierno de Morales corría serio peligro. Pero finalmente sobrevivió a la inestabilidad.  

Otro de los pastores que Evo Morales ha duramente criticado es Tito Solari, arzobispo emérito de Cochabamba. Algunos pasajes de su libro autobiográfico “La fuerza de la humildad. Historia de un pastor” desataron una enconada polémica en diciembre de 2015. Sobre todo aquellos en los cuales, el prelado advirtió: “en Bolivia, la absolutización del Estado y la amenaza de la reelección indefinida ya han puesto a la democracia en peligro”.

Como resultado de aquellas declaraciones, contra Solari no sólo arremetió el presidente sino también la ministra de comunicación, Marianela Paco, quien lo calificó de ser “político” y apuntó: “Nos da mucha preocupación y al mismo tiempo pena que haya esta impostura, y que haya este tipo de manipulación histórica para confundir a nuestra población. Si se considera pastor, como dice su obra, un pastor orienta, no desorienta” (El Deber, 30.12.2015).

Pero más allá de estos episodios del pasado, el gobierno boliviano reaccionó duramente con la Carta Pastoral sobre Narcotráfico y Drogadicción, publicada el 2 de abril pasado por la conferencia de obispos bajo el título “Hoy pongo ante ti la vida o la muerte”.

El documento denunció que Bolivia además de ser un país productor y de tránsito “es ya un país consumidor de drogas”, que la economía del país “se nutre, en parte, de recursos provenientes del narcotráfico”, y que ese flagelo, en su estrategia de expansión e impunidad, ha penetra incluso estructuras estatales y fuerzas del orden “comprando conciencias”.

Inmediatamente Evo reaccionó cuestionando el contenido del documento y exigiendo a los obispos los nombres de los funcionarios de su gobierno que estarían coludidos con los traficantes.

Y hasta dio un ultimátum para que los clérigos respondan. Pero no obtuvo una respuesta directa.

Días después Morales llegó hasta el Vaticano para asistir a un coloquio organizado por la Academia Pontificia para las Ciencias Sociales. Y a su audiencia con el Papa llevó todos estos antecedentes.

En un comunicado oficial la Santa Sede aseguró que el encuentro tuvo lugar “en una atmósfera de cordialidad” y que, durante el mismo, se habló de las relaciones entre la Iglesia y el Estado, “recordando la larga tradición cristiana de Bolivia y la contribución decisiva de la Iglesia a la vida de la nación”.

La controversia pareció no terminar ahí. Apenas esta semana, el 24 de abril, las Comunidades Eclesiales de Base de Bolivia firmaron una carta pública en apoyo a la publicación de la cuestionada carta pastoral. 

Advirtieron que “La buena noticia de Jesús consiste en defender la vida, amenazada, y sanar a todos los que son víctimas de exclusión, pobreza, pecado, dar vista a los ciegos, la libertad a los cautivos y salud a los enfermos”.

Y apuntaron: “Apoyamos a nuestros obispos en ese afán de cumplir los mandatos divinos de defender hoy, mañana y siempre la vida”.