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Las palabras pueden construir puentes entre las personas

Las palabras pueden construir puentes entre las personas

El mensaje de Francisco para la Jornada de las Comunicaciones Sociales se refirió al lenguaje de la política y de la diplomacia, y pidió que «se deje inspirar por la misericordia, que nunca da nada por perdido». Después llamó, «sobre todo a cuantos tienen responsabilidades institucionales, políticas y de formar la opinión pública, a que estén siempre atentos al modo de expresase cuando se refieren a quien piensa o actúa de forma distinta, o a quienes han cometido errores». De hecho, constató el Pontífice, «es fácil ceder a la tentación de aprovechar estas situaciones y alimentar de ese modo las llamas de la desconfianza, del miedo, del odio. Se necesita, sin embargo, valentía para orientar a las personas hacia procesos de reconciliación».

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ANDREA TORNIELLI - «Lo que decimos y cómo lo decimos, cada palabra y cada gesto debería expresar la compasión, la ternura y el perdón de Dios para con todos».

Lo escribió Papa Francisco en el mensaje para la Jornada de las Comunicaciones Sociales, titulado «Comunicación y Misericordia: un encuentro fecundo» y con el que invita a la Iglesia a «vivir la misericordia como rasgo distintivo de todo su ser y actuar», y, por lo tanto, también en el ámbito de la comunicación.

«Estamos llamados a comunicar con todos, sin exclusión —explicó Bergoglio. En particular, es característico del lenguaje y de las acciones de la Iglesia transmitir misericordia».

La comunicación, observó, «tiene el poder de crear puentes, de favorecer el encuentro y la inclusión, enriqueciendo de este modo la sociedad. Es hermoso ver personas que se afanan en elegir con cuidado las palabras y los gestos para superar las incomprensiones, curar la memoria herida y construir paz y armonía.

Las palabras pueden construir puentes entre las personas, las familias, los grupos sociales y los pueblos. Y esto es posible tanto en el mundo físico como en el digital».

Francisco expresó el deseo de que las palabras y las acciones nos puedan ayudar a salir «de los círculos viciosos de las condenas y las venganzas, que siguen enmarañando a individuos y naciones, y que llevan a expresarse con mensajes de odio».

La palabra del cristiano, por el contrario, «se propone hacer crecer la comunión e, incluso cuando debe condenar con firmeza el mal, trata de no romper nunca la relación y la comunicación».

Las viejas heridas y los resentimientos «pueden atrapar a las personas e impedirles comunicarse y reconciliarse. Esto vale también para las relaciones entre los pueblos».

El Papa también se refirió al lenguaje de la política y de la diplomacia, y pidió que «se deje inspirar por la misericordia, que nunca da nada por perdido». Después llamó, «sobre todo a cuantos tienen responsabilidades institucionales, políticas y de formar la opinión pública, a que estén siempre atentos al modo de expresase cuando se refieren a quien piensa o actúa de forma distinta, o a quienes han cometido errores». De hecho, constató el Pontífice, «es fácil ceder a la tentación de aprovechar estas situaciones y alimentar de ese modo las llamas de la desconfianza, del miedo, del odio. Se necesita, sin embargo, valentía para orientar a las personas hacia procesos de reconciliación».

Francisco también dirigió un mensaje a la Iglesia: «¡Cómo desearía que nuestro modo de comunicar, y también nuestro servicio de pastores de la Iglesia, nunca expresara el orgullo soberbio del triunfo sobre el enemigo, ni humillara a quienes la mentalidad del mundo considera perdedores y material de desecho!». La misericordia, recordó, puede ayudar «a mitigar las adversidades de la vida y a ofrecer calor a quienes han conocido sólo la frialdad del juicio. Que el estilo de nuestra comunicación sea tal, que supere la lógica que separa netamente los pecadores de los justos. Nosotros podemos y debemos juzgar situaciones de pecado (violencia, corrupción, explotación, etc.), pero no podemos juzgar a las personas, porque sólo Dios puede leer en profundidad sus corazones».

«Sólo palabras pronunciadas con amor y acompañadas de mansedumbre y misericordia —explicó el Papa— tocan los corazones de quienes somos pecadores. Palabras y gestos duros y moralistas corren el riesgo hundir más a quienes querríamos conducir a la conversión y a la libertad, reforzando su sentido de negación y de defensa». Bergoglio invitó a cultivar el oído, el escuchar, porque «comunicar significa compartir, y para compartir se necesita escuchar, acoger. Escuchar es mucho más que oír. Oír hace referencia al ámbito de la información; escuchar, sin embargo, evoca la comunicación, y necesita cercanía. La escucha nos permite asumir la actitud justa, dejando atrás la tranquila condición de espectadores, usuarios, consumidores. Escuchar significa también ser capaces de compartir preguntas y dudas, de recorrer un camino al lado del otro, de liberarse de cualquier presunción de omnipotencia y de poner humildemente las propias capacidades y los propios dones al servicio del bien común».

Al final del texto, también se refirió a las redes sociales, que pueden «favorecer las relaciones y de promover el bien de la sociedad, pero también pueden conducir a una ulterior polarización y división entre las personas y los grupos. El entorno digital es una plaza, un lugar de encuentro, donde se puede acariciar o herir, tener una provechosa discusión o un linchamiento moral».

El documento contiene, pues, tres mensajes:

uno general, dirigido a los pueblos y a las naciones, para que eviten los lenguajes del odio y del resentimiento;

otro a la política, a las instituciones y a los que se ocupan de la comunicación, para que no alimenten la desconfianza, el miedo ni el odio;

y el tercero a la Iglesia y al mundo católico que tiene presencia en la arena de las comunicaciones y en los ambientes digitales, para que evite la presunción, la polarización, la división, el linchamiento moral.

Basta echar una ojeada al panorama de ciertos blogs o sitios «católicos», que utilizan un lenguaje que destila sarcasmo, burla y a menudo incluso odio (contra quienes no piensan como ellos, contra otros católicos, contra los obispos y contra el Papa), para comprender la urgencia de este nuevo llamado de Francisco.