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Esto lo tienen en el corazón

Esto lo tienen en el corazón

Y el Papa dijo: «Quiero esos dibujos en mi escritorio» los dibujos que los niños del Mòria Refugee Camp en Lesbos le dieron a Francisco el sábado pasado; «¡Quieren la paz!»

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FRANCESCO SFORZA/L’OSSERVATORE ROMANO :- «Saludamos a unos 300 de estos refugiados, uno por uno. Muchos de ellos eran niños; algunos de ellos (de estos niños) han asistido a la muerte de sus padres y de sus compañeros, algunos murieron ahogados en el mar. ¡He visto mucho dolor!». Papa Francisco deja de leer el documento que había preparado al final e la oración dominical. 

Todavía lleva en la mirada los rostros, las lágrimas, la desesperación que huía visto 24 horas antes, en el campo de refugiados de Mòria, en la isla griega de Lesbos. A todos los fieles que llenaban la plaza San Pedro, Bergoglio contó el caso de un joven padre que quedó viudo. 

«Quiero contarles un caso particular, de un hombre joven, no tendrá ni cuarenta años. Lo encontré ayer, con sus dos hijos. Él es musulmán y me contó que estaba casado con una chica cristiana; se amaban y se respetaban recíprocamente. Pero, desgraciadamente, esta chica fue degollada por los terroristas, porque no quiso renegar de Cristo ni abandonar su fe. ¡Es una mártir! Y ese hombre lloraba mucho…». Es el hombre que no dejaba de sollozar arrodillado a los pies de Francisco en compañía de sus dos hijos.

De todos los encuentro que tuvo en el campo para refugiados que visitó con el Patriarca Ecuménico de Constantinopla y del arzobispo ortodoxo de Atenas, lo que más sorprendió al Pontífice fueron los menores de edad. Chicos que se han quedado solos en el mundo, que han vivido bajo las bombas, que no duermen en las noches por miedo. Niños que quisieron fijar en sus dibujos lo que han visto, sus sufrimientos y sus esperanzas.

Dentro de la tienda blanca, en Mòria, un chico con camiseta azul y blanca, alargó el brazo para entregarle desde detrás de la valla metálica a Francisco una hoja con el dibujo de algunos de sus coetáneos. «¿Este es para mí? ¿Lo hiciste tú? ¿Y cuál de estos eres tú?», le preguntó el Papa con la ayuda del intérprete. 

Azadi, el niño, le muestra con el dedo uno de los personajes, con un pañuelo alrededor de la cabeza y una bandera que tiene escrita la palabra «Help». Ayuda. «Soy yo con mis amigos del campo», explica. El Papa estaba a su lado, el niño le tomó la mano y le dijo: «Qué bello que tú estés aquí».

A pocos metros de distancia, otro niño vestido de azul, le ofrece al Papa otro dibujo, en el que se ve el sol llorando lágrimas color sangre, y hay adultos y niños que se están ahogando. Papa Bergoglio lo ve y se sorprende. «Este dibujo es un símbolo», le dice al Patriarca Bartolomeo. Agradece al dio y le pasa el dibujo a uno de sus colaboradores diciendo: «Que no se pierda .¡Lo quiero en mi escritorio!».

Francisco quedó conmovido, quedó claro cuando apareció a bordo en el sector del avión de Alitalia con el que él y su séquito volvieron a Roma. Pidió que le llevaran los dibujos. Tal vez esperaba alguna pregunta sobre la emoción que sintió durante los encuentros de su viaje. Y, como nadie se la hacía, en cierto momento habló de eso tomando la iniciativa: «Quiero decirlo hoy, después de lo que he visto, de lo que ustedes han visto, en ese campo de refugiados, daban ganas de llorar. Traje unos dibujos para mostrárselos». Y Francisco los fue enseñando uno por uno. « Qué quieren estos niños? Paz. Es cierto que en el campo no tienen cursos de educación, pero, ¿qué han visto estos niños? Este es un dibujo en el que se ve a un niño que se ahoga. Esto lo tienen en el corazón; hoy, de verdad, daban ganas de llorar. Recuerdan esto. Uno dibujó al sol llorando. Pero si el sol es capaz de llorar, también a nosotros nos hará bien una lágrima».