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Cumbre climática de París: 'Hechos' y no 'palabras muertas'

Barcos pesqueros en el Mar de Aral, (Uzbekistán)

Barcos pesqueros en el Mar de Aral, (Uzbekistán)

La cita busca limitar el aumento de la temperatura y evitar los peores efectos de ese fenómeno para el Medio Ambiente.

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El observador permanente de la Santa Sede ante la FAO, el español Fernando Chica Arellano, consideró este viernes que sería "hermoso" que la próxima Cumbre del Clima de París, en vez de ser la conocida como COP21, fuera "la número uno de una nueva era".

"Qué hermoso que a todas las palabras y compromisos se unieran hechos concretos para que el papel no estuviera colmado de palabras muertas, sino de iniciativas absolutamente viables, tangibles y concretas", destacó en una entrevista con Efe.

Monseñor Chica Arellano (Jaén, 1963), que el pasado febrero fue nombrado en su nuevo cargo por el papa Francisco, se refirió así a la conferencia que comenzará a finales de este mes en la capital francesa y que busca un pacto global para combatir el cambio climático.

En la misión de la Santa Sede ante las agencias de la ONU en Roma, incluida su organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el observador permanente llamó a la comunidad internacional a cooperar y "salir de los intereses particulares para mirar algo tan hermoso e importante como es la cuestión del cambio climático".

Y es que todavía se requiere un esfuerzo extra por parte de los países, cuyas propuestas presentadas hasta ahora no son suficientes, según la ONU, para limitar el aumento de las temperaturas en dos grados centígrados y evitar los peores efectos de ese fenómeno para el medio ambiente.

Semanas antes de que comience la cumbre, el responsable eclesiástico apuntó que "sería bueno" que las personas e instituciones "abandonaran la perspectiva individualista" y se abrieran "a la solidaridad internacional y al amor grande".

En ese sentido, recordó que la Iglesia católica no se ocupa de dar soluciones técnicas a esas cuestiones, que competen a los Estados y regiones, pero sí de concienciar a los distintos actores.

"Sí podemos poner el dedo apuntando ahí donde está el problema", aseguró Chica, quien entró en el servicio diplomático vaticano en 2002 y desde entonces ha trabajado en la nunciatura apostólica de Colombia, en la representación pontificia de la ONU en Ginebra y en la sección de Asuntos Generales de la Secretaría de Estado.

Para demostrar el compromiso del Papa con el medio ambiente, el responsable citó varias veces la encíclica "Laudato Si", que Francisco publicó en junio precisamente para promover la protección del Medio Ambiente y denunciar la desidia del sistema político y económico.

El pontífice, recordó Chica, tiene "mucha esperanza" en que en la Cumbre de París se tomen decisiones concretas, teniendo en cuenta que "ahora hace falta voluntad política para llevar a cabo todos los compromisos" adoptados hasta la fecha.

También "propone la civilización del amor, la solidaridad y el amor social como una categoría política y también económica", en contraposición a la mentalidad "consumista", según el observador.

Ese mensaje -dijo- es el que Francisco ha querido difundir en distintas ocasiones, como en sus históricas visitas de septiembre a Cuba, Estados Unidos y a la Asamblea General de Naciones Unidas.

Sobre la oposición de diversos sectores conservadores estadounidenses al discurso de Francisco en relación con el cambio climático, monseñor Chica sostuvo que el papa, en su defensa de la "cultura del diálogo", aboga por "edificar puentes y buscar lazos de unión porque entre las personas es más aquello que nos une que lo que nos separa".

En cuanto a los diecisiete nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible -"la brújula que marca ahora el camino de Naciones Unidas"-, el observador resaltó que la erradicación de la pobreza y el hambre sea el segundo de esa lista aprobada por el organismo internacional.

Subrayó que la lucha contra el hambre está "muy inscrita" en el corazón de la Iglesia y es una "prioridad" para el papa Francisco, al tiempo que recordó la labor de los cristianos que hacen "gestos maravillosos" para acabar con esa lacra "en silencio y sin hacer ruido".

"El pobre lo único que tiene es el grito, aunque a muchos les cueste fatiga escucharlo", señaló el observador, para quien es "una auténtica injusticia" que en un mundo con alimentos para todos todavía haya casi 800 millones de personas pasando hambre.