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China; el clero «clandestino» abriga esperanzas

Fieles chinos rezando

Fieles chinos rezando

Se multiplican las voces de pastores y fieles católicos que expresan sus expectativas ante un posible acuerdo entre Pekín y el Vaticano, en la época de Papa Francisco y del presidente Xi Jinping

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GIANNI VALENTE – Vatican Insider: Tres Ave María al día para pedir que China y la Santa Sede encuentren un acuerdo y que pueda finalmente comenzar una nueva estación en la vida de los católicos chinos.

Las recitan en cada misa los fieles de la diócesis de Qiqihar.

Su obispo, José Wei Jingyi, confà en que funcionará: «El acuerdo entre China y la Santa Sede llegará. Es como un destino. Es la dirección hacia la que estamos yendo, y no tendremos que esperar demasiado.

Es el ‘signo de los tiempos’ que ahora debemos escrutar a la luz del Evangelio». José Wei es uno de los llamados obispos «clandestinos». Las autoridades civiles no lo reconocen en su función episcopal.

Después de años de «apagón», el diálogo entre la China popular y la Santa Sede ha vuelto a comenzar.

Lo indicó a finales de octubre del año pasado el cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado de Papa Bergoglio, confirmando que días antes una delegación vaticana había viajado a Pekín para retomar el hilo de las negociaciones con los funcionarios, buscando un acuerdo sobre cuestiones sensibles, como los procedimientos para nombrar a los obispos chinos.

Por lo visto han proseguido estos contactos entre ambas partes. Mientras tanto, se van multiplicando las voces de obispos, sacerdotes, religiosos y laicos que quieren hacerse escuchar.

Y no ocultan las esperanzas que nacieron tras la noticia de un posible acuerdo entre China y el Vaticano, en la época de Papa Francisco y del Presidente Xi Jinping.

En primera fila, los que expresan las esperanzas en una nueva estación de diálogo entre Pekín y la Santa Sede, están muchos de los llamados pastores «clandestinos»: obispos y sacerdotes que no pertenecen a los organismos y que no siguen los métodos utilizados por la politica religiosa del gobierno chino, y justamente en virtud de su experiencia indicaron a Vatican Insider la esperanza de que se haga realidad lo que ellos esperan en silencio desde hace mucho tiempo, después de tantas ocasiones desperdiciadas: «Esperamos que la buena noticia del acuerdo entre China y el Vaticano llegue dentro de poco, como de la noche a la mañana», dice Lin Xue Hai, sacerdote «clandestino» en la provincia de Fujian y autor de varios textos del blog de los Hermanos Sacerdotes.

En las filas de los sacerdotes y obispos chinos se registra el presentimiento de que un acuerdo entre China y la Santa Sede podría conllevar «cosas buenas para todo el pueblo chino, y no solo para los católicos», indicó el padre Jan Su Nian, sacerdote de Wenzhou. Las múltiples señales de atención y de afecto del Papa hacia China, «País amigo», son interpretadas bajo esta luz.

Según el padre Wang Guo Cai, que trabajó al servicio de la comunidad china de la ciudad de Prato mientras vivió en Italia, «lo que el Papa está haciendo para que crezcan y maduren las relaciones de la Iglesia con China es simplemente extraordinario. Es lo que esperamos que suceda desde hace tanto tiempo, y nos alegra. Porque permitirá que la vida de todos los días sea más fácil para los católicos chinos».

En cambio, José Liu, sacerdote «clandestino» de Fuzhou, precisa que «nosotros seguimos al Papa y confiamos en él, en todo lo que decida en relación con la relación con China. Y si las relaciones entre la Santa Sede y el gobierno de Pekín se consolidan, en cierto sentido significaría un nuevo punto de inicio para la Iglesia en China».

Tampoco para Hu Xian Long, sacerdote católico «clandestino» de la Mongolia Interna, el eventual acuerdo de la Santa Sede con las legítimas autoridades de la República popular china representaría un compromiso de carácter político (o peor).

El padre Hu está convencido de que un resultado positivo de las negociaciones entre Pekín y el Vaticano podría implicar la apertura de nuevas vías para el anuncio del Evangelio en el país: «La fe en Jesús puede cambiar el corazón de las personas», dice Hu, «y es como si muchos chinos estuvieran esperando este cambio, hecho por Cristo. Nosotros rezamos también para que las relaciones con la Santa Sede ayuden a China a caminar por la vía del desarrollo, por el bien auténtico del pueblo».

Según el sacerdote «clandestino» Han Wen Ming, que trabaja en la provincia septentrional de Heilongjiang, «el Papa no piensa solo en la Iglesia de China, sino que le importan las almas de casi mil cuatrocientos millones de hombres y mujeres, de ancianos y niños.

Las buenas relaciones permitirán que la Iglesia conduzca su misión a favor del pueblo chino y a favor de la paz en el mundo». Y también José Han Zhihai, obispo de Lanzhou, tampoco reconocido por las autoridades gubernamentales, piensa así: «Nosotros esperamos que el pueblo de Dios en China tenga más espacio y libertad para la fe. Esto depende también de la manera en la que la Santa Sede logre acelerar la comunicación con el gobierno chino»:

Según el obispo Wei el hecho de que prosigan las negociaciones entre la Santa Sede y las legítimas autoridades chinas representa una vía para que sea más fecundo el testimonio de los que en China custodiaron la fe durante los años de la cruenta persecución.

Wei lo sugiere con imágenes sugerentes, que pertenecen a su experiencia personal: «Recuerdo una noche de Navidad, cuando era niño. No había ningún sacerdote, porque todos estaban en la cárcel, y la Iglesia había sido demolida. Mi familia se había reunido con otros cristianos para rezar a escondidas. Después de la oración, nos pudimos al rededor de la radio que alguien nos había prestado. Tratamos de sintonizar la frecuencia para escuchar la Radio Vaticana, que transmitía la Misa del Gallo. Si nos hubieran descubierto, nos habrían encarcelado, diciendo que escuchábamos la radio ‘de los enemigos’. Pero no logramos sintonizarla. Y entonces, recuerdo que mi padre repetía, con tristeza, Ojalá China pudiera establecer una relación con la Santa Sede. ¡Así hasta podríamos participar en la misa del Papa!». Ahora, concluye el obispo Wei, ese deseo no ha disminuido, «porque mis padres y los demás ancianos se han ido al Paraíso. Por el contrario, ha crecido, en los enormes cambios que se están dando en China».