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Castro Y el Papa: Misterios de la iglesia

La libertad es castigada - Foto: Iglesia

La libertad es castigada - Foto: Iglesia

“Si en América Latina alguien aprende a pescar, es castigado y sus peces confiscados por los socialistas. La libertad es castigada. Tú hablas de progreso y yo de pobreza.”

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ANTONIO SÁNCHEZ GARCÍA  : Chris Mathews, periodista británico de tendencias socialistas, se llevó una amarga sorpresa cuando llegó a entrevistar al Cardenal Bergoglio, primado argentino.

Sufrió lo que cuentan del pastor que fue por lana y salió trasquilado: no consiguió enardecer al cardenal Bergoglio con sus reproches socialistas. El que salió enardecido fue él.

La entrevista dio la vuelta al planeta en tiempos en que ni Bergoglio ni Mathews  (Transcripción original  en inglés )  tenían la menor idea de lo que le esperaba a uno de ellos: convertirse en el Sumo Pontífice de la Iglesia católica, apostólica y romana.

Si todo lo que en dicha entrevista expresara el primado argentino contribuyó a que el Sacro Colegio Cardenalicio lo designara máximo dirigente de los miles de millones de cristianos del mundo, la intención no podía ser más clara: sincerar la política, acercarla a los principios de la Iglesia Católica, desterrar la demagogia, la humillación, la mentira y humanizar la gestión de la vida pública, adecentándola y descascarándola de la pesada carga de manipulación marxista.

En el caso concreto de América Latina, advertirle al mundo de la grave amenaza que se cernía sobre el continente desde Venezuela, en donde un teniente coronel golpista practicaba en abundancia lo que Bergoglio consideraba el colmo de la manipulación: empobrecer a las mayorías en nombre, precisamente, de esa mayoría, para arrastrarla a elegir a sus propios depredadores.

Bergoglio acusaba, precisamente, al socialismo marxista, al chavismo en concreto, y al castrocomunismo por extensión, dominio e influencia, de empobrecer para reinar: “Culpo a los políticos que buscan sus propios intereses. Los socialistas creen en la redistribución que es una de las razones de la pobreza. Ustedes quieren nacionalizar el universo para controlar todas las actividades humanas”.

 

La radicalidad y racionalidad del rechazo al socialismo no podía ser más categórico. E iba a la esencia del reproche del liberalismo al comunismo: no le enseña al hombre los medios para su propio enriquecimiento, sino que lo conduce irremisiblemente a la mendicidad para convertirlo en un siervo del Estado. Vale decir, del partido. “Ustedes destruyen el incentivo del hombre para, inclusive, hacerse de su familia, un crimen contra la naturaleza y contra Dios. Estas ideologías” –no necesita aclarar que se trata del comunismo en todas sus vertientes – “crean más pobres que todas las corporaciones que ustedes etiquetan como diabólicas”. 

La indignación de Mathews lo lleva a brincar de la silla: “Nunca había escuchado algo así de un cardenal”.

A lo cual responde el hoy Papa Francisco, si bien, necesario es aclararlo, por entonces nadie divisaba el papado en su horizonte inmediato, “la gente dominada por socialistas necesita saber que no tenemos que ser pobres.”

Y allí destapa el frasco de la indignación de Mathews, pues Bergoglio deja de lado toda prudencia y entierra su espada en el corazón del monstruo:

“El imperio de la dependencia creado por Hugo Chávez, con falsas promesas, mintiendo para que lleguen a arrodillarse ante el gobierno y ante él. Dándoles peces pero sin permitirles pescar. Si en América Latina alguien aprende a pescar, es castigado y sus peces confiscados por los socialistas. La libertad es castigada. Tú hablas de progreso y yo de pobreza.” 

La trascendencia del reproche y su profunda importancia radican en el análisis que lo sustenta: no se trata de Hugo Chávez, ni siquiera de Venezuela.

Se trata de toda nuestra región, se trata del Foro de Sao Paulo: “Temo por América Latina. Toda la región está controlada por un bloque de regímenes socialistas, como Cuba, Argentina, Ecuador, Bolivia, Venezuela, Nicaragua. ¿Quién los salvará de esa tiranía?”.

Rebosa de la acrimonia cardenalicia toda una reflexión metódica y científica - sociológica, económica y políticamente sustentada que inhiben cualquier consideración accidental. El anticomunismo de Bergoglio se inserta en la más compleja y profunda tradición de la Iglesia y el cristianismo: un tirano comunista no puede arrodillarse ante el Papa y prometer regresar al seno de la Iglesia luego de haber tiranizado a su Patria durante más de medio siglo, perseguido a su Iglesia, encarcelado y asesinado a sus mejores hijos y llevado al dominio de todo un continente en los términos tan contrarios al espíritu de la Iglesia, como le reclamaba Bergoglio a Mathews, receptor por circunstancia de un discurso dirigido a toda la izquierda socialista mundial: “Ustedes han creado el estado de bienestar y ha sido solo respuesta a las necesidades de los pobres creados por la política. El estado interventor absuelve a la sociedad de su responsabilidad. Las familias escapan de su responsabilidad con el falso estado de bienestar e inclusive, las iglesias. La gente ya no practica la caridad pues ve a los pobres como problema del gobierno. Para la igledia ya no hay pobres que ayudar, los han empobrecido permanentemente y son ahora propiedad de los políticos. Y algo que me irrita profundamente, es la inhabilidad de los medios para observar el problema sin analizar cuál es la causa. A la gente la empobrecen para que luego vote por quienes los hundieron en la pobreza”.

 Si la cruda e implacable sinceridad del cardenal Bergoglio irritó hasta la exasperación a un periodista de simples tendencias socialistas al encontrarse a un anticomunista de la más rancia, legítima, justificada y pura especie ¿qué reacciones no hubiera provocado en un tirano que constituye la prueba palpable y fehaciente de las graves y trascendentales acusaciones de quien hoy ocupa el trono papal? Es más: ¿qué habría pensado el máximo responsable por la creación del bloque socialista que él denuncia tan frontalmente y sin tapujos? Estamos ante otro misterio de la Iglesia.