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Café con Gumilla, Fé y Alegría

...“Educar con corazón” un reto en la Venezuela de hoy

...“Educar con corazón” un reto en la Venezuela de hoy

José Gumilla s.j. estableció en l730 la primera plantación de café en Venezuela ☻ Bernardo Rotella s.j. fundó Cabruta ☻ Fe y Alegría: “En medio de la crisis estamos de júbilo”

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 EL NACIONAL  - A pesar de la situación del país, Fe y Alegría está de júbilo por su 61 aniversario. Yameli Martínez, directora de la Zona Educativa en Caracas y Vargas, dijo que el lema que utilizarán para este festejo es “Educar con corazón” porque entienden que la educación no es solo académica, sino de formación integral para el desenvolvimiento humano que tanto necesita el país.

La crisis económica les ha afectado, como cualquier organización, en el mantenimiento de infraestructura, en brindar apoyo a la formación adecuada de docentes para que puedan actualizarse profesionalmente, en la consecución de medios y materiales para impartir clases en las escuelas, y en la adquisición de equipos acordes con la demanda estudiantil actual, que apuesta por una educación técnica que requiere tener recursos cada día.

“Es lamentable que las escuelas de Fe y Alegría no tengan el beneficio del programa de alimentación escolar; sin embargo, algunos recintos, con apoyo de la empresa privada, han podido ofrecerlo”, dijo Doris Toledo, directora de la Zona Educativa de Miranda, y no dejó pasar que han tenido inconvenientes con las cantinas escolares ya que no pueden adquirir los insumos necesarios por la escasez reinante en el país, que no permite brindar un mejor servicio al estudiantado.

Yameli Martínez agregó al planteamiento de su colega que “educar con corazón” representa un reto en la Venezuela de hoy. “Porque impartir educación con valores ante una sociedad en que esos valores se están perdiendo, formar a niños y grandes significa ser competente ante la vida, y por esa razón el empeño de la organización es instruir por competencia, con corazón, manos y mente, porque no es solo el intelecto sino la emoción”.

Las alianzas institucionales, como el programa “Madres promotoras de paz” y “Médicos sin fronteras”, dirigidas a la formación de mujeres que acompañen familias víctimas de la violencia, en búsqueda del fortalecimiento de su salud mental: “Los sectores populares son vulnerables a la violencia y al tener madres, padres y niños que cada día están perdiendo seres queridos en manos del hampa se debe pensar cómo hacer para ayudar, minimizar y preparar a esta población”.

El apoyo de la empresa privada y distintas organizaciones han podido brindar al alumnado una educación ciudadana que le permita minimizar la violencia en las aulas. El apoyo de Cecodap, con el programa “Pasaporte del buen trato”, les ayuda a que aprendan cómo resolver sus conflictos y tomar decisiones.

Entre los problemas más comunes que se pueden presentar en las escuelas es el bullying.

El consejo educativo. Fe y Alegría, sin embargo, continúa dando espacios de reflexión en torno al sistema de educación de calidad que sueñan: una escuela de oportunidades en la que haya espacios dignos que le permita al docente poder tener una remuneración digna y, sobre todo, poder lograr la jubilación para su personal.

Como subvencionados la organización es miembro de la Asociación Venezolana de Escuelas Católicas. Ambas educadoras agradecen el convenio que tienen con el Ministerio de Educación para el pago de salarios a sus docentes. El capital que reciben para cubrir necesidades de los planteles pertenecientes a la organización lo hacen a través de rifas y donaciones.

Yameli Martínez y Doris Toledo coinciden: “Estos 61 años soñamos una escuela que nos garantice calidad de vida para los niños y el personal que labora en ellas”. La organización es un movimiento de educación integral, liberador, con una ideología de educación popular clara.

Las actividades de celebración del aniversario comenzarán el 8 de marzo con una misa de agradecimiento en la iglesia San Francisco, ubicada en la esquina del mismo nombre, en Caracas. El 10 habrá una caminata por la paz y por el cese de la violencia. El viernes 11 de marzo finalizarán las actividades con la presentación de una obra de teatro para los docentes.

Gumilla y company….

La presencia jesuítica colonial en lo que hoy es la República de Venezuela fue relativamente poco numerosa. Menos significativa en el centro y en las ciudades -excepto Mérida- y de gran trascendencia en aquellas regiones que todavía hoy están muy precariamente asimiladas por la nación venezolana. El territorio Amazonas y el río Orinoco fueron el escenario principal de sus desvelos.

Siglo y medio de presencia educadora con un colegio en la ciudad de Mérida (1628-1767), significativos tanteos fundacionales en Caracas y apenas medio siglo en los inhóspitos territorios de las misiones en las cabeceras del Orinoco, dejaron una huella imborrable en la historia de Venezuela.

Durante un siglo los jesuitas trataron sin éxito de asentar su trabajo en el Alto Orinoco como avanzada de los llanos del Meta y Casanare, adonde entraban por los lados de Colombia.

Fue el P. Gumilla quien, ya entrado el siglo XVIII, logró avanzar por el Orinoco y establecer bases más estables en medio de mil peligros y penalidades.

La actual ciudad de Cabruta en la confluencia del Apure y el Orinoco fue fundada por el P. Bernardo Rotella (en 1740), quien murió en ella ocho años después.

Más tarde sobresale el P. Felipe Salvador Gilij, quien dedicó 19 años de su vida a las misiones en el Orinoco, de donde salió a causa de la expulsión decretada por Carlos III. Su aporte filológico es el más relevante de cuantos hicieron los jesuitas misioneros del Orinoco.

Al igual que los padres Gumilla, Rotella y otros, el P. Gilij se esmeró en estudiar las lenguas indígenas llegando a dominar tres de ellas. Su “Ensayo de Historia Americana” es todavía hoy de máximo interés para el conocimiento y comprensión de los indígenas de las regiones del Alto Orinoco. A él debemos la primera clasificación de las lenguas del Orinoco. Sus aportes a la geografía, etnología e historia natural de Orinoco son notables.

El P. Gumilla, en su obra “El Orinoco Ilustrado”, contó cómo hacia 1732 realizó la primera plantación de café en Venezuela.

Asimismo se estableció la cría del ganado vacuno y el cultivo de otras plantas para poder mantener la población indígena agrupada en poblados.

Otro hombre sobresaliente fue el P. Manuel Román, quien dedicó 30 años de su vida a las misiones del Orinoco, donde murió en 1764.

Dio a conocer como segura la existencia del brazo Casiquiare, enlace fluvial entre las cuencas del Orinoco y del Amazonas. Contribuyó a la defensa de las fronteras y de los indígenas contra las incursiones de los portugueses desde el Brasil.

Cuando años después Humboldt llegó al Alto Orinoco, vio sólo los vestigios de un heroico esfuerzo truncado: “El ganado de los jesuitas ha desaparecido enteramente desde el año 1795, quedando sólo en el día, como testigos de la antigua cultura de estas comarcas y de la industriosa actividad de los misioneros, algunos troncos de naranjos y tamarindos aislados en las sabanas y rodeados de árboles silvestres”.

La expulsión hizo abortar los proyectos de establecimiento en las ciudades de Caracas y de Coro y acabó con el colegio incoado de Maracaibo.

Los jesuitas y la Independencia

A pesar de su escaso número y la lejanía de su acción con respecto a los centros políticos en Venezuela, la labor jesuítica en la América Hispana, su expulsión y su pensamiento, no fueron ajenos a la Independencia de Venezuela.

El prócer Juan Germán Roscio no los conoció pero supo de su doctrina. Él afirmó que la defensa que hacían los jesuitas del derecho de los pueblos oprimidos a la rebelión contra los tiranos fue causa de su expulsión en 1767 por el Rey Carlos III de España, temiendo que reforzara las inquietudes americanas que apuntaban ya, aquí y allá. “He aquí, dice, la verdadera causa porque fueron arrojados de los reinos y provincias de España: todo lo demás fue un pretexto de que se valieron los tiranos para simular el despotismo y contener la censura y venganza que merecía el decreto bárbaro de su expulsión”, escribió Roscio.

El precursor Francisco de Miranda calificó la expulsión de “sentencia inicua y bárbara, que proscribe en masa, más de trescientos jesuitas americanos honor y ornato de nuestra patria”. En realidad, fueron unos 2.500 los jesuitas expulsados de tierras americanas de dominio español, 120 los colegios cerrados y medio millón los indígenas privados de sus misioneros.

Miranda tuvo en Italia e Inglaterra contacto con algunos jesuitas -que vivían como sacerdotes después de suprimida la Orden- y tenía una lista de más de un centenar de ellos para traerlos como educadores después de la Independencia. En su desembarco en Coro en 1806, hizo leer en púlpitos y plazas la “Carta a los Americanos” del Abate Juan Pablo Vizcardo, un jesuita peruano, expulsado y afectado por la supresión. En dicha carta, Vizcardo -para la fecha ex-jesuita debido a la desaparición de la Orden- justifica ante los americanos y los invita a la independencia frente a España.

Los 29 diputados hispanoamericanos a las Cortes de Cádiz pidieron en 1812 que, “reputándose de la mayor importancia para el cultivo de las ciencias y el progreso de los Misiones, la restauración de los jesuitas sea concedida por las Cortes para los reinos de América”. La petición fue desestimada.

Desde 1767 hasta 1916 no hubo jesuitas en Venezuela, a pesar de lo cual el entonces presidente José Tadeo Monagas firma un decreto de expulsión en 1848. Es importante señalar en el siglo XIX la notable personalidad religiosa del jesuita venezolano P. José Manuel Jáuregui, nacido en Puerto Cabello, que en 1858 fue nombrado superior de todos los jesuitas de España.

La contribución de los jesuitas a Venezuela es importantísima. Se establecieron desde 1628 en Venezuela (con la interrupción de la clausura en 1767 salen de nuestra tierra hasta 1916 para dirigir el Seminario de Caracas y la  formación de sacerdotes. Habían sido expulsados en 1767 de España y de sus dominios, por el rey Carlos III, y en 1848 el presidente José Tadeo Monagas les prohibió la entrada por considerarlos  peligrosos. 

De manera que los dos primeros jesuitas –en retornar- entraron semi-legales y también semi-clandestinos con la recomendación del Nuncio de que se identificaran como sacerdotes, pero no como jesuitas.

Los jesuitas llegaron para reforzar a la Iglesia en Venezuela con la formación del clero.

De ahí, pronto  se abrieron a la formación de laicos católicos con  la fundación de sus colegios, en los que siempre iban a pretender la excelencia humana y académica: San Ignacio de Caracas (1923), el internado San José de Mérida (1927), San Luis Gonzaga de Maracaibo (1945), Javier de Barquisimeto (1953), Jesús Obrero de Catia, Caracas (1948), Loyola-Gumilla de Puerto Ordaz (1965). Un jesuita, el P. Carlos Guillermo Plaza, habría de ser  el hombre clave en la fundación en 1945  de la AVEC (Asociación Venezolana de Educación Católica), que agrupa a todos los centros educativos de la Iglesia Católica. Otro jesuita, el P. Plaza, fue el animador principal para que se fundara en  1953 la Universidad Católica, la primera universidad privada en Venezuela, verdadero acto de audacia, pues apenas cinco años antes se discutía en el Congreso y en el mundo político si los jesuitas debían ser expulsados del país. Hoy hay en Venezuela una docena de universidades católicas, siete de fundación jesuita. De la Universidad Católica de Caracas,  salió el P. Vélaz y un grupo de estudiantes universitarios que, junto a la generosidad sin límites de Abrahán Reyes y su esposa Patricia, posibilitaron el nacimiento en 1955 de Fe y Alegría, en un  rancho del  23 de enero. Hoy 60 años después, Fe y Alegría es una inmenso movimiento internacional  de educación popular y promoción social en 21 naciones con más de millón y medio de alumnos.

Escapa a los límites del artículo enumerar todas las obras que, junto a numerosos  laicos,  hoy llevan a cabo los jesuitas en Venezuela: Pero habría  que mencionar, al menos,  la extraordinaria labor social y comunicacional del Centro Gumilla, lector infatigable de la realidad venezolana desde los intereses de los más pobres,  con sus revistas SIC,  Comunicación y otras publicaciones; la labor en investigación y promoción de la educación que lleva a cabo el CERPE (Centro de Reflexión y Producción Educativa); el trabajo pastoral de sus parroquias, casas de Ejercicios Espirituales y centros de espiritualidad; el trabajo juvenil y de liderazgo del movimiento Huellas y Brújula; millones de niños venezolanos han aprendido a leer con los libros de Distribuidora Estudios; y resulta imposible nombrar las  actividades  de promoción humana, social y espiritual, nacidas a la sombra de sus principales obras y programas.

Joven a sus 100 años, hoy la Compañía de Jesús, cada vez más venezolana y enraizada en la entraña del pueblo, manifiesta una gran vitalidad. Su fortaleza nace de una fuerte espiritualidad  que busca formar “hombres y mujeres para los demás”, conscientes, competentes, compasivos y comprometido en  la construcción de un país y de un mundo justo y fraternal según el proyecto de Jesús, que inspira su compromiso.  Su lema “en todo amar y servir a todos” expresa una decisión radical de gastar la vida en el servicio desinteresado a los demás.