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Big Bang: El papa y Lemaitre

George Lemaitre con Albert Einstein | Foto: Archivo

George Lemaitre con Albert Einstein | Foto: Archivo

El Papa Francisco ha afirmado que el Big-Bang, la teoría científica que explica el origen del Universo, "no se contradice con la intervención creadora divina, al contrario, la exige"

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Así lo ha puesto de manifiesto durante la inauguración este lunes de un busto de bronce del papa emérito Benedicto XVI, que ha sido colocado en los Jardines Vaticanos, en concreto en la Casina Pio IV, sede de la Academia de las ciencias de la que ha sido miembro Joseph Ratzinger.

De este modo, el Pontífice ha explicado que la evolución de la naturaleza no se contradice con la noción de Creación, porque la evolución presupone la creación de los seres que evolucionan.

Así, ha destacado que "el principio del mundo no es obra del caos, sino que deriva directamente de un poder supremo creador del amor".

Un dios mago

Ante varios académicos de la Academia de las Ciencias reunidos en los Jardines Vaticanos, el Papa ha criticado que cuando se lee en el libro del Génesis cómo fue el origen del mundo, se piensa "en un Dios mago, que con una varita mágica ha creado todo, pero no es así".

"Él creó a los seres y les dejó que se desarrollaran de acuerdo a las leyes internas que les dio a cada uno, para que evolucionaran, para que llegaran a su plenitud", ha asegurado Jorge Bergoglio, antes de añadir que "así es como el mundo fue avanzando siglo a siglo, milenio a milenio, hasta llegar a lo que es hoy".

Finalmente, el Papa ha afirmado que la responsabilidad del científico, "sobre todo del científico cristiano, es preguntarse sobre el porvenir de la humanidad y del mundo" para ayudar así a "preparar, preservar y eliminar los riesgos que puedan existir, tanto naturales como por acción del ser humano".

"El científico debe actuar (...) para lograr alcanzar el grado de desarrollo incluido en el diseño del Creador", ha concluido.

Un jesuita, padre del "Big Bang"

Georges Lemaitre revolucionó la concepción del origen del universo y su nombre quedó relegado en el olvido.

La edad del Universo fijada en 13 mil 700 millones de años, de acuerdo a complejas ecuaciones matemáticas, no habría sido posible establecer por la comunidad científica  en tan corto tiempo de no ser por la teoría del Big Bang, la Gran Explosión, del astrónomo y sacerdote belga, Georges Henry Lemaître (1894-1966), que esbozó esta visión revolucionaria entre 1927 y 1931.

Todo el mundo conoce o tiene referencias  Galileo, Newton y Einstein, o por citar en nuestra época a Carl Sagan y Stephen Hawking , pero pocos han oído hablar de Lemaître, el pionero  de las teorías actuales sobre el origen del universo, quien llegó a este camino, no por razones religiosas sino buscando explicar  el movimiento de huida o expansión de las galaxias.

El jesuita Lemaitre esbozó la teoría del Big Bang después de varios años de bregar en complejas ecuaciones matemáticas.

Y, por si fuera poco, su teoría fue designada peyorativamente como "Big Bang", por el astrónomo británico Fred Hoyle, con el ánimo de ridiculizarlo, sin imaginar que ese nombre pasaría a la posteridad como la clave en la búsqueda del origen del universo.

Irónicamente la teoría del Big Bang se atribuye generalmente a Albert Einstein, quien fue el principal detractor de Leimatre hasta que, años después, comprobó que el religioso belga había acertado en los cálculos astronómicos, de alta complejidad, y juntos profundizaron las investigaciones.

En este informe buscamos simplificar las hipótesis científicas, ininteligibles para quienes no tenemos profundos conocimientos de astrofísica, y ahondar en el aspecto histórico.

El Universo en expansión

La aventura científica del sacerdote jesuita empezó cuando el astrónomo estadounidense Edwin Powell Hubble (1889 -  1953) descubrió corrimiento al rojo de galaxias distantes, lo que significaba que se alejaban y, por lo tanto, no existía un Universo estable.

Sus estudios lo llevaron a señalar que la  totalidad del universo comenzó a partir de un solo “átomo primigenio”, lo que constituye la primera versión de lo que ha llegado a ser la teoría actual del Big Bang.

Einstein menospreció el modelo de Lemaître, como hizo con todos los modelos en los que el universo se expandía, pero el religioso belga lo demostró, basándose en la ley universal de la termodinámica y el principio de la entropía, por lo que al final tuvo que admitir que podía tener razón.

Aunque ahora parezca extraño, su hipótesis no fue bien recibida por  la comunidad científica, debido a que en esos momentos  casi todas las teorías sobre el movimiento celeste defendían la concepción de un universo inmutable y eterno.

El mismo Einstein se irritó al conocer los trabajos de Lemaître : no le cabía en la cabeza un universo en evolución.

Es decir, el sacerdote  basaba su teoría en principios científicos que después serían reconocidos en toda su amplitud, mientras los científicos se aferraban a un universo inmutable y eterno, que más parecía estar en los linderos religiosos, por llamarlo así.

El trasfondo del debate era que la idea de una Gran Explosión como origen del universo, se  rechazaba porque, de acuerdo a los genios de la astronomía, era una estrategia de Lemaitre para introducir la creación divina en la ciencia.

No se discutía si la hipótesis del átomo primitivo era una intuición física o más bien una teoría rigurosamente elaborada: se la rechazaba frontalmente.

Los detractores más radicales se horrorizaban al ver “derrumbarse” el principio del Padre de la Química, Antoine Lavoisier,  descubierto antes por Mijail Lomonosov, de que “la materia no se crea ni se destruye, solo se transforma”.

Esta conclusión estriba en que  una reacción química, la suma de las masas de los reaccionantes es igual a la suma de las masas de los productos, con independencia de los procesos internos que puedan afectarle, pero que de acuerdo a las teorías modernas se cumple sólo aproximadamente.

Es más, la equivalencia entre masa y energía descubierta por Einstein obliga a rechazar la afirmación de que la masa convencional se conserva, como se comprobaría años más tarde con las reacciones termonucleares, tema que requeriría ser tratado en un capítulo más amplio.

Génesis y Big Bang

Lemaitre no se amedrentó pero  se vio obligado a dar maratónicas conferencias para insistir  que no pretendía “explotar” la ciencia en beneficio de la religión, porque “estaba firmemente convencido de que ambas tienen caminos diferentes para llegar a la verdad”.

El religioso belga dejó clara la autonomía de la ciencia con respecto a la fe en el caso de la hipótesis del átomo primitivo cuando declaró que, “desde un punto de vista físico, todo sucedía como si el cero teórico fuera realmente un comienzo; saber si era verdaderamente un comienzo o más bien una creación, algo que empieza a partir de la nada, es una cuestión filosófica que no puede ser resuelta por consideraciones físicas o astronómicas”.

De acuerdo a su interpretación, la narración de la creación hecha en el Génesis no puede interpretarse literalmente, si se tiene en cuenta que es un relato poético, que utiliza un lenguaje mitológico para mostrar una realidad.

En ese sentido,  el término mitológico no es sinónimo de mentira o falsedad, sino más bien un modo de expresar ciertas verdades trascendentes de modo inteligible; en ocasiones, es el único modo de “explicar” lo inefable.

Cuando fue cuestionado de basar su fe en los resultados científicos respondió:

“No se puede reducir a Dios a una hipótesis científica [...] Si Dios permanece escondido no es porque no exista, sino porque no se identifica con el mundo y porque respeta nuestra libertad”.

Contra viento y marea

En junio de 1924 regresó a Bruselas, pero ese mismo año volvió a viajar por motivos científicos, esta vez a Canadá y Estados Unidos donde, además de conocer a la eminencia científica, Arthur Stanley Eddington, encontró a destacados realizando trabajos pioneros en las observaciones astronómicas.

Después de un año en la Universidad de Cambridge con el astrónomo Arthur Eddington y otro en Cambridge, Massachusetts con Harlow Shapley, regresó a la Universidad de Lovaina como profesor a tiempo parcial.

Tres años después publicó un informe en el que resolvió las ecuaciones de Einstein sobre el universo entero (que Alexander Friedman ya lo había logrado sin que el sacerdote-astrónomo se enterase) y sugirió que el universo se está expandiendo.

Sus conclusiones se basaban en un corrimiento hacia el rojo de la luz de las nebulosas espirales, lo que significaba su alejamiento

En 1931, propuso la idea que el universo se originó en la explosión de un «átomo primigenio» o «huevo cósmico» o hylem.

El astrónomo británico Fred Hoyle, partidario recalcitrante , en ese entonces, de un  modelo de universo eterno, acuñó la expresión peyorativa "Big Bang" para ridiculizar las ideas desarrolladas por Lemaître.

Einstein reconoció finalmente que el universo está en expansión pero le dijo que no le convencía la teoría del átomo primitivo, porque le recordaba demasiado la creación, es decir el bíblico Génesis.

Lemaitre había avanzado un gran trecho para abrir camino a su teoría del universo en expansión, pero seguía estrellándose con las preferencias filosóficas de numerosos físicos.

No sólo les obligaba a aceptar que el universo tuvo un comienzo, sino, también, que consistió en un estado de densidad infinita, en una singularidad donde las leyes de la física pierden todo su sentido.

Pero ya estaban los primeros pasos hacia la demostración irrefutable del Big Bang e incluso se le relaciona con su visión de lo que se llamaría después "la partícula de Dios”.

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