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Los hogares se fracturan por el éxodo colombiano

La Iglesia abogó por los derechos humanos de los deportados | Foto AFP

Foto: AFP

En medio de la crisis colombo-venezolana muchas familias se han separado debido a las deportaciones hechas en Táchira y al cierre de la frontera

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En La Invasión, un barrio de San Antonio que limita al norte con el fronterizo río Táchira, casi todas las familias tienen un relato de separación forzada. A Rubén Dario Marín, colombiano de 58 años de edad, lo separaron de dos de sus nietos y su nuera. Cuando llegó la Guardia Nacional a la comunidad supieron que la mujer no tenía documentos de identidad legales para vivir en Venezuela y le indicaron que sería deportada. Ella suplicó quedarse con los dos hijos. Y aunque al principio no querían acceder a la petición uno de los militares dejó que cruzara el río con los niños.

Desde ese momento algo se rompió en la familia, afirmó Marín. La mujer y los niños están juntos, pero sin el padre ni el resto de los parientes. El abuelo, ahora, intenta sortear el control militar en las trochas (puentes improvisados sobre el río) para verlos y llevarles alimentos, agua y ropa. El viernes, por ejemplo, cargaba con una pesada botella de agua sobre los hombros. Iba de un lado a otro buscando un momento de descuido para pasar a Colombia. “Allá todo es más caro, y ellos no tienen plata. Uno toma el riesgo de llevarles alguito”, añadió.

Alejados por el cierre

La separación de Denis Cecilia Ruedas y de sus dos hijas tiene una medida exacta: 315 metros. Esa es la longitud del Puente Internacional Simón Bolívar, una de las principales vías terrestres que une a Colombia con Venezuela. También es un trayecto que Ruedas, de nacionalidad colombiana, no ha podido recorrer en los últimos 5 días debido al cierre total de la frontera. “Quiero cruzarlo para buscar a mis hijas que están en casa de una amiga en Cúcuta, pero me impiden unirme con ellas. Mis niñas son venezolanas y yo no. Si logro pasar no me gustaría regresar al país con ellas porque podrían separarnos definitivamente”, contó el sábado. 

En algún sitio de San Cristóbal permanecen los hijos de Yurley Higuera. Están “resguardados”, con el papá y la abuela, fuera del foco de la Guardia Nacional y de los funcionarios de Migración. Los niños no son ilegales, pero sus padres sí: colombianos, sin documento alguno que los salve de ser expulsados: “No queremos que los dejen aquí (en Venezuela), por eso los tenemos ocultos. Yo intentaré pasar a Cúcuta y luego llevar a mis hijos”.

El temor de las separaciones producto de las deportaciones se ha apoderado de los colombianos en Táchira. Mayerlin Villamizar, comerciante colombiana, hacía una larga fila el miércoles para ir a Cúcuta por el Puente Internacional Simón Bolívar. Llevaba un bebé recién nacido en brazos: “Es mi nieto. Mi hija ya viene en camino, vamos a intentar salir porque no queremos separarnos como familia”.

Tras 15 años de vivir en Venezuela, Villamizar nunca se había sentido tan amenazada. Hace 10 días escuchó decirle a la Guardia Nacional Bolivariana que los niños venezolanos con padres colombianos se quedarían en el país, pues son “hijos de la patria”. Se lo dijeron a una amiga colombiana, mientras estaban juntas en su casa. “A ella la deportaron a Colombia y sus dos hijos venezolanos fueron entregados a familiares en Táchira. Por eso, le dije a mi hija que intentemos irnos juntas, pasar antes de que nos deporten y nos quiten al bebé”, expresó.