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El hampa también incursiona en el Museo del Transporte

“El museo está abierto a puerta cerrada”, dijo Alfredo Schael, director del museo | Foto Omar Véliz

“El museo está abierto a puerta cerrada”, dijo Alfredo Schael, director del museo | Foto Omar Véliz

La delincuencia se introduce de noche para robar cables de alumbrado, miniaturas, romper bombillos y deteriorar el patrimonio cultural e histórico

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El Museo del Transporte Guillermo José Schael, aledaño al Parque Miranda, no se ha salvado de la delincuencia desbordada. Parte de los vehículos que se exhiben en 20.000 metros cuadrados son dañados constantemente por inescrupulosos que se introducen en las noches para llevarse piezas y ocasionar daños. Para Alfredo Schael, director del museo, e hijo del periodista fundador y presidente de esa colección, en mucho tiempo esa zona no ha sido muy segura. Para él es una de las áreas más descuidadas y desprotegidas en materia de seguridad.

Actualmente, el museo no cuenta con vigilancia privada y la iluminación es escasa lo que facilita la incursión del hampa.

Debido a la inseguridad en el museo decidieron trabajar hasta las 3:30 pm para no ser víctimas del hampa. Otra modalidad implementada desde hace dos meses es mantener las puertas cerradas durante el día aunque el museo esté en pleno funcionamiento. Durante 45 años esa reja se mantuvo abierta. “El museo está abierto a puerta cerrada”, explicó Schael, quien cree que ha hecho falta la atención por parte del gobierno del estado Miranda y el Ministerio de la Cultura porque dentro de esas instalaciones está el patrimonio cultural e histórico de la República que debería ser protegido.

Igualmente considera que tampoco ha habido preocupación por parte de los cuerpos de policías estadal, municipal y del Estado.

Las incursiones. El hampa mantiene un asedio constante en contra del museo. En una oportunidad un grupo delictivo reventó un aparato de aire acondicionado para penetrar a una oficina-biblioteca con el objeto de robar una colección de miniaturas. Cargaron hasta con los tubos del equipo de aire acondicionado.

En otra ocasión un grupo delictivo irrumpió para desmantelar el sistema eléctrico que iluminaba la exposición de trenes que ya algunos tienen rotos los vidrios de las ventanas y les han quitado piezas; igualmente en la estación de bomberos robaron una colección de carritos. Para facilitar sus fechorías los delincuentes rompen los bombillos que iluminan las áreas donde está la colección de vehículos, trenes y aviones.

En esa área han cargado con piezas de trenes, baterías, tasas de carros y adornos. “El asedio es permanente”, explicó Schael, y agregó que la inseguridad azota no solo al museo sino también los alrededores. La mayoría de los robos los protagonizan los motorizados que, debido a la facilidad que les reporta el vehículo que conducen, hacen de las suyas a diario.

Una empleada de la zona fue testigo del robo que sufrió otra mujer en la acera en la que está el museo cuando dos motorizados la despojaron de una laptop, a las 8:30 am. Estas son las escenas más frecuentes.

DATO
Sin recursos.
El Museo de Transporte Guillermo José Schael, fundación privada, no cuenta con presupuesto. El personal lo integran cinco obreros y cuatro empleados administrativos que ganan sueldo mínimo. La organización sobrevive con el aporte espontáneo del público que asiste los domingos a la exhibición, recibe donaciones de Fonbienes, de transporte Peli Express y el pago de Movilnet que tiene una antena en esos predios.

No tienen dinero para instalar una cerca eléctrica, que es muy costosa, para impedir la entrada del hampa.