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Se debe hablar a los niños de política sin fomentar la polarización

Recomiendan organizar actividades para los niños | Foto: Stock.Xchng

Los niños pueden participar, pero se deben establecer límites | Foto: Stock.Xchng

Especialistas recomiendan evitar el discurso pesimista y discriminatorio. Hay que escuchar a los hijos

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En estos días de emociones exacerbadas por la política, han circulado imágenes de niños que lloran la derrota electoral o que celebran el triunfo del presidente Hugo Chávez. Es imposible, dicen los especialistas, excluir a los más pequeños de este asunto que invade prácticamente todos los ámbitos de la vida. Pero así como es importante dar explicaciones, también se debe ofrecer un mensaje positivo y fomentar el respeto a las diferencias.

Si, por ejemplo, la familia está frustrada por los resultados electorales, los más pequeños también expresarán su tristeza. Alejandra Sapene, psicóloga infantil y de adolescentes, dice que cuando los niños escuchan que sus padres hablan sobre lo mal que está el país o la necesidad de irse al extranjero, es posible que desarrollen un sentimiento de desesperanza: “Entonces, los niños tendrán una visión pesimista del futuro o manifestarán desinterés en hacer las cosas. También se pueden tornar más llorosos o miedosos”.

Fernando Pereira, coordinador de la ONG Cecodap, señala que se debe evitar hablar con pesimismo frente a los niños. Aunque es difícil manejar las emociones en este momento, dice, hay que hacer un esfuerzo para no transmitir un mensaje de angustia; por ejemplo, que la familia va a perder todo o que el país se va a acabar.

“En muchos casos, ellos se toman las cosas de forma literal y, de acuerdo con la edad, tienen menos capacidad de manejarlo. Los padres o familiares no tienen derecho de dejar a los niños sin esperanza. Eso es terrible”, señala Pereira.

Sapene agrega que, en primer lugar, los padres deben procesar sus sentimientos, ordenar sus ideas y evitar sobredimensionar la realidad. “Pueden pensar que la vida familiar se va a afectar por este resultado electoral, pero no hay que magnificar. Se debe ver el asunto en su justa dimensión, y transmitir eso a los niños”.

Pereira recomienda a los padres que escuchen a sus hijos, y que los dejen llorar o expresar su inconformidad. Hay que preguntar de dónde obtuvieron la información que los atemoriza y estar atentos ante las señales sobre su estado de ánimo –si lloran, están agresivos, inquietos o sin apetito–. También se debe explicar a los pequeños las razones por las que la familia está triste. Sin embargo, no es aconsejable sobreexponerlos a mensajes políticos.

En familias que celebran el resultado, indica el especialista, también es importante conversar con los niños. Hay que hacerles entender que existen otras personas que se sienten mal y que deben ser cuidadosos para no ofenderlas.

Menos polarización

Es saludable, dice Sapene, que los padres hablen con los niños de asuntos políticos. Sin embargo, hay que tener cuidado con los mensajes que se transmiten, pues pueden afectar su ánimo. Por ejemplo, si los adultos se refieren de forma negativa a los que piensan diferente, se alimentará la división y el irrespeto.

“El error está en introducir discursos de polarización y discriminación”, considera la especialista. Hay algunos padres, acota, que impiden a sus hijos relacionarse con niños de familias que tienen una posición diferente. También hay quienes les dicen a los más pequeños que los que manifiestan otra tendencia política son malos o tienen ánimos de destruir.

Esa actitud, añade Sapene, genera desconfianza entre los pares y trae consecuencias a largo plazo: afecta el desarrollo de los seres humanos y se crean sociedades con mínima tolerancia.

La especialista recomienda, en cambio, que los adultos expliquen a los pequeños que la amistad debe superar las diferencias políticas. Se deben enviar mensajes claros sobre la importancia del respeto. Pereira afirma que los padres deben enseñar con el ejemplo: “Los niños tienen que entender que es válido expresar las opiniones, pero hay que cuidar el lenguaje y la actitud para no ofender. Ellos ven cómo actúan los adultos y eso es determinante”.

Lecciones de convivencia

Para Fernando Pereira, coordinador de la ONG Cecodap, eso de que las escuelas ignoren la realidad política no es lo más correcto. Las consecuencias de evitar el asunto serán las hostilidades, peleas en la cancha o en la puerta del colegio. “Esta es una situación que afecta a los niños y jóvenes, y es peor si ni siquiera en la escuela tienen un lugar para analizarlo con sus compañeros”, señala.

Dice que esta es una buena oportunidad para hablar sobre la democracia y la importancia de la convivencia. Por ejemplo, a través de los juegos se puede trabajar con los más pequeños lo que significa perder y ganar. De esa manera, los docentes podrán explicar la realidad posterior a las elecciones presidenciales.

También, subraya Pereira, es imprescindible dejar que los estudiantes expresen lo que piensan sobre lo que ha sucedido. Más que explicaciones, hay que escuchar. Con esa información los docentes pueden dar recomendaciones a los padres y trabajar en conjunto por el bienestar de los niños.

Si una institución tiene estudiantes con tendencias políticas diferentes –sean ellos mismos o sus familias–, se debe trabajar el respeto y la convivencia pacífica, destaca Pereira: “Ellos tendrán la mejor clase de sociales, de valores ciudadanos y cultura de paz. Será mucho más vivencial y les quedará mucho más que si sólo lo leyeran en los libros”.