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“Mis hijos grandes ya ni siquiera van al liceo porque no pueden ir muertos de hambre”

En varias oportunidades los manifestantes se acostaron en la vía para evitar el paso de unidades de transporte. | Foto: Wilmer González

En varias oportunidades los manifestantes se acostaron en la vía para evitar el paso de unidades de transporte. | Foto: Wilmer González

Melbys Sequea trabaja limpiando en una casa de familia y asegura que sus hijos comen gracias a lo poco que puede comprar y a la solidaridad de sus vecinos

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“Los lunes nunca hay nada. Vamos a Bicentenario y Pdval y nunca hay nada” fue el reclamo en el que coincidieron decenas de personas que desde las 4:00 de la madrugada de este lunes esperaban para comprar rubros regulados en la sede de Pdval en el sector Alta Vista, de Puerto Ordaz, una queja en crecimiento en las últimas semanas.

A las 8:00 de la mañana, tras varias horas bajo el sol, les informaron que no había alimentos y “que nos fuéramos a buscar a otro lugar y ¿a dónde nos vamos a ir si en ninguna parte hay comida?”, señaló Jannelys González, en una lectura que coincide con los cálculos de la escasez del Centro de Investigaciones para la Educación, la Productividad y la Vida de la Universidad Católica Andrés Bello (Ciepv–UCAB), que ubica el desabastecimiento en Puerto Ordaz en 59%, con casos que rozan el 100% de desabastecimiento.

La respuesta de los funcionarios de Pdval molestó a las personas, que no dudaron en cerrar la avenida Guayana para exigir comida, un elemento básico para la vida de cualquier ser humano, pero escaso en Venezuela.

El desfile de efectivos de la Guardia Nacional, con equipos antimotín, fue inmediato, pero no logró dispersar la manifestación. Al mediodía de este lunes no habían abierto el paso y evaluaban quedarse a dormir en el lugar para poder adquirir productos en el establecimiento.

“Llego a mi casa sin comida y lo único que podemos hacer es recoger mango”, dijo Yudith Barboza, al afirmar que ha acudido a Pdval todos los lunes de las últimas cinco semanas y ha regresado a su casa con las manos vacías.

“De martes a viernes hay comida, pero el lunes nada, discriminan a quienes tenemos cédulas terminadas en 0 y 1”, aseguró.

“Me estoy matando yo misma” 

 Alicia Subero de 64 años y con condición diabética, aseguró que no ha tenido otra opción que comer arepa con mayonesa. “Me estoy matando yo misma”, dijo, con lágrimas en los ojos, cuando relató que además de las penurias por la escasez de alimentos, carece de insulina para cumplir con sus tratamientos, en un contexto de escasez general y creciente.

Pese a la enfermedad, Subero se mantuvo en la protesta e, incluso, fue la única mujer que se acostó en el canal del Sistema de Buses de Tránsito Rápido (BTR) para impedir el paso del bus a modo de reclamo. “No es justo lo que estamos viviendo, no estamos mendingando, queremos comer y así nos tratan”, reclamó.

Melbys Sequea, otra de las protestantes, contó que tiene ocho hijos; los últimos dos morochos de tres meses. En la mañana de este lunes salió a Pdval, para tratar de estirar su insuficiente ingreso, a falta de comida en casa y cumpliendo el doble rol de padre y madre porque a su esposo lo mataron en las minas de El Callao.

La mujer trabaja limpiando en una casa de familia y asegura que sus hijos comen gracias a lo poco que puede comprar y a la solidaridad de sus vecinos. “Mis hijos grandes ya ni siquiera van al liceo porque no pueden ir muertos de hambre, pero no tenemos recursos”, apuntó.

Otros ciudadanos se declaraban profundamente revolucionarios, pero hartos de la situación de escasez, de alimentos y medicinas. “Nos están matando de revolución, ¡traidores!”, gritó un hombre a los uniformados.

Para más información el Correo del Caroní