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La fuga de talento venezolano tiene como destino Latinoamérica

Talento en fuga / Federación de profesores de Venezuela - Asociación de profesores de la UCV

Talento en fuga / Federación de profesores de Venezuela - Asociación de profesores de la UCV

Profesionales trabajan en por lo menos 32 países del mundo

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“En Venezuela nadie vive de la docencia”, dice Juan Carlos Centeno. Desde Monterrey, México, el profesor en Ciencias Políticas ve con pesar los continuos paros y protestas de los docentes universitarios en el país, cuya lucha por mejores salarios parece infructuosa.

Centeno comenzó su vida académica en 2002 como profesor instructor en la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela. El sociólogo y educador en Ciencias Sociales de 42 años de edad obtuvo 19 puntos de 20 en el concurso de selección de docentes, pasó a formar parte de la nómina de la UCV y daba clases por horas. Devengaba entre 380 y 400 bolívares quincenal cuando subió a un segundo escalafón como profesor asistente. “La universidad nunca fue una opción de ingreso. Para mí era simplemente un placer”, recuerda. La necesidad de subsistir lo impulsó a trabajar al mismo tiempo como profesor en una institución privada y en el área gerencial de una reconocida compañía venezolana.

Sin embargo, su pasión por enseñar e investigar lo llevó a financiarse él mismo sus viajes a congresos docentes en Brasil, Argentina y Chile, en donde se presentó en nombre de la UCV. “Nunca me dieron dinero para ir, no tenía el apoyo”, cuenta Centeno.

Un día se hartó y decidió emprender un viaje sin regreso. Se mudó a México en 2006 para comenzar un doctorado en Política Pública, becado por la embajada de ese país. Obtuvo su título en 2010. Al año siguiente, la Universidad Autónoma de Nuevo León, en Monterrey, lo llamó para trabajar. “Hace dos años metí la renuncia en la UCV y aún no me han liquidado”.

La historia de Centeno no es un caso aislado. En el último año, 825 profesores de esa universidad han renunciado a su cargo. Poco más de 500 expusieron como argumento el problema salarial, indicó Samuel Pérez, director de Asociación de Profesores de la UCV. Lo mismo ocurre en la Universidad Simón Bolívar, donde se han retirado 370 docentes desde enero de 2005 hasta abril de este año, señala el departamento de vicerrectorado académico.

En México, cuando un docente alcanza el doctorado se convierte en profesor titular de forma automática. Como profesor y coordinador de la maestría en Ciencias Políticas de Nuevo León, Centeno recibe una remuneración de 2.000 dólares mensuales, más del doble de lo que puede devengar un docente venezolano en una universidad pública en un cargo equivalente.

El experto en migraciones, Iván de la Vega, señala que la fuga de docentes y científicos venezolanos se ha incrementado en los últimos años, en la búsqueda por una mejor calidad de vida y un mejor nivel de valoración a su labor. De acuerdo con un documento de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, sólo en Estados Unidos de América hay un número superior a los 8.000 profesionales venezolanos que trabajan en actividades vinculadas a la ciencia, la tecnología y la investigación que, en su mayoría, tienen un estatus como naturalizados o residentes.

“Otro dato relevante es que un estudio muestra que hay profesionales venezolanos que trabajan en por lo menos 32 países del mundo”, señala el documento publicado en la web www.acfiman.org.

Escaso apoyo a la enseñanza. Sin embargo, no sólo las naciones del mundo desarrollado se hacen atractivas para los docentes universitarios venezolanos que buscan mejores condiciones de vida y de trabajo, pues hay una tendencia a buscar también como destino otras naciones latinoamericanas. Colombia y México, al igual que Panamá, Chile, Argentina y Costa Rica, son los países que suelen preferir los docentes e investigadores venezolanos, señala De la Vega. “La migración ha cambiado con la crisis económica. Europa no es atractiva en este momento”, advierte.

Para entender el fenómeno, basta recordar que, de acuerdo con datos de la Federación de Asociación de Profesores Universitarios de Venezuela, un profesor instructor a tiempo completo gana 2.677 bolívares mensuales, equivalentes a 425 dólares al mes.  Un docente que alcanza la última categoría académica (titular) puede percibir un salario de 4.845 bolívares, aproximadamente 769 dólares. Ninguno de los niveles educativos (instructor, asistente, agregado, asociado y titular) logra cubrir la canasta básica familiar, que para el mes de abril se ubicó en 10.441,02 bolívares, según información del Cendas.

Si se comparan estos salarios con los de un profesor en otros países de la región, la situación es aún más alarmante. Brasil es el país que mejor remunera a sus docentes universitarios, con 4.500 dólares mensuales. Le sigue Argentina con 4.300 dólares, Colombia con 4.000 dólares al mes y México con 2.700 dólares, demuestra un estudio de la Asociación de Profesores de la Universidad Central de Venezuela.

En Barranquilla, Colombia, a Elías Said, de 33 años de edad, le permiten sentirse “más cabeza de ratón que cola de león”, dice. Recién graduado de sociólogo de la UCV a los 22 años de edad, se mudó a España para formarse como doctor en Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid. A los 26 años recibió su título.

Ese fue sólo el inicio. Luego de varios años de formación académica probó suerte en la  Universidad del Norte, en Barranquilla, donde fue aceptado y postulado como director del Observatorio de Educación.

Por su mente le pasó la idea de hacer vida académica en Venezuela, pero sólo si la situación socioeconómica mejoraba. “Soy ucevista de corazón, pero cuando averigüé las condiciones para desarrollar la investigación y los marcos contractuales un poco tragicómicos con los que se trabaja, preferí irme. Colombia me dio una oportunidad”.

Ecuador como destino
Ecuador es un ejemplo de cómo un país latinoamericano puede volverse atractivo para los científicos venezolanos. Varios han sido captados por el programa Prometeo Viejos Sabios, que impulsa el Gobierno ecuatoriano para captar científicos extranjeros con título de PhD. Los científicos que participan en este programa tienen la oportunidad de vivir temporal o permanentemente en Ecuador y desarrollar proyectos. Entre los beneficios que reciben está un sueldo de entre 4.000 a 6.000 dólares.

“A uno lo valoran como científico, con un sueldo acorde con la experiencia. Uno es bien recibido, tratado y apoyado”, asegura el profesor de la USB Ricardo Silva, que laboró durante seis meses en la Universidad Estatal de Guayaquil. Cinco científicos venezolanos trabajan actualmente en Ecuador en este programa: Pedro Aponte, PhD en Biología Celular; Jazmín Arrivillaga, PhD en Entomología Médica; Luis Llambí, PhD en Ciencias del Desarrollo; Ever Morales, PhD en Ciencias Biológicas y Juan Carlos Navarro, PhD en Entomología Molecular y Ecoepidemiología.

Concursos desiertos
Los bajos salarios de los profesores universitarios venezolanos han hecho que los concursos para seleccionar los mejores aspirantes a vacantes disponibles en las casas de estudio queden abandonados. “Somos los peores pagados de Latinoamérica. Los profesores se jubilan y no hay generación de relevo. Cada vez menos gente está dispuesta a dejarse llevar por su vocación. A un profesor recién graduado se le exige tener estudios de cuarto nivel y pasa por exámenes fuertes para después ganar un sueldo mísero”, dice Samuel Pérez de la Apucv.

En promedio, 53% de los cargos docentes ofertados en la USB quedaron desiertos el año pasado. En el último concurso realizado en enero de 2013 ninguna persona se postuló para el área de Ciencias Biológicas. En el departamento de Ciencias Técnicas y Administrativas, 57% de las vacantes disponibles quedó vacía.