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49 familias esperan por viviendas en terreno vecino al parque Arístides Rojas

El caserío queda a 500 metros del parque | Foto Omar Véliz

El caserío queda a 500 metros del parque | Foto Omar Véliz

Tienen 9 meses ocupando ranchos de madera y zinc con la esperanza de tener un hogar. Ningún organismo les ofrece respuesta

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El parque Arístides Rojas, ubicado en la avenida Andrés Bello, tiene vecinos ocultos. 97 familias viven escondidas en una especie de selva tupida detrás de cientos de árboles de mango, sin que ningún deportista sospeche de su existencia. 49 de estos grupos parentales están allí desde el 27 de octubre de 2014, cuando invadieron el terreno en la avenida Augusto César Sandino a 500 metros aproximadamente del lindero norte del parque, detrás del Instituto Nacional de Estadística, cercano a la Cota Mil.

Vivían en Pinto Salinas y llegaron a esas áreas apoyados por el consejo comunal “El Progreso”, de Maripérez. Desde entonces esperan que alguna autoridad les valide el proyecto de construcción de sus viviendas.

“Cuando llegamos vivían 14 familias, y funcionaba un estacionamiento de autobuses y un taller mecánico. Hacían cosas ilegales; por eso vino Fogade y traspasó el terreno al Instituto de Tierras Urbanas”, explica Eliana Sifontes, una de las ocupantes del área autodenominada “La Manguera”.

Unas casas son de madera recién cortada y techos de zinc, pero las de bloques tienen más antigüedad. Simona Loreto, por ejemplo, asegura que pertenece a la quinta generación de habitantes del sector Los Mangos (34 familias que viven en el lugar desde hace 40 años, al menos).

“No queremos invadir más terreno; si quieren construyan una muralla y así ni los vemos”, dijo Tania Rojas. Mientras Jesús Dellán agregó que este nuevo grupo, al contrario de sus antecesores, ha limpiado el área y la ha despejado de chatarra: “Los primeros pisatarios no tenían ni luz ni agua. Nosotros más bien luchamos por ellos. Sin embargo, en todos los organismos que visitamos nos dicen que ellos tienen la prioridad por ser los primeros que llegaron”.

Ni siquiera los vigilantes del parque entran al área, pues admiten sentir temor de quienes allí viven: “En estos días vino la Guardia Nacional Bolivariana y trató de sacarlos. Yo nunca he entrado allí”, dijo un empleado de la Corporación de Servicios Municipales, que no dio su nombre.

Se sienten burlados. “Nos mandan a integrarnos como consejo comunal, pero cuando vamos a Fundacomunal nos dicen que somos invasores. ¿Entonces?”, se pregunta Helen Orozco, quien justo ayer volvió al Instituto de Tierras Urbanas para pedir orientación.