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Cinco familias hatillanas compitieron por brindar la primera hallaca

El Hatillo cerró la calle 2 de Mayo para los comensales | Fot Manuel Sardá

El Hatillo cerró la calle 2 de Mayo para los comensales | Fot Manuel Sardá

Por quinto año la calle 2 de Mayo de El Hatillo se cerró para que los caraqueños comieran el plato navideño

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Por quinto año consecutivo la calle 2 de Mayo del casco histórico de El Hatillo se cerró para que las familias León, Coronado, Purroy, Torres y Montilla compitieran por servir la primera hallaca del año a los caraqueños que las visitaron.

Las 3 primeras de las familias mencionadas se adjudican ser las pioneras de las hallacas de El Hatillo, una tradición que cumple 60 años. Lo cierto es que esa calle la cierran desde hace 5 años para que las familias saquen sus mesas a la intemperie y coticen su arte culinario. De las 3 cocineras emblemáticas solo queda viva Angelina Vega de León, quien con 88 años de edad aún dirige a sus hijos para que muelan maíz, amasen, laven hojas y salgan a vender el plato navideño.

León asegura que enseñó a Socorro Coronado a hacer hallacas y luego ella varió la técnica para hacer su propia receta. Coronado ya no está viva, pero sus hijas Socorro y Ana se encargan de conservar la tradición con toda la familia que consta de 10 hermanos, de los cuales 3 estudiaron gastronomía.

Los Coronado hacen las hallacas al vapor y no usan papelón, pero sí azúcar. “La idea es lograr el equilibrio entre ácido, dulce y salado”, indican las Coronado para evitar decir el secreto que las diferencia.

Mientras, los León sí sancochan la hallaca en agua. No cuentan mucho sobre sus técnicas ni la receta, y se limitan a decir que “tiene que haber amor”. Muestran su museo en casa: el primer molino de maíz que, después de varios años de uso a fuerza, se puso a valer cuando le instalaron el motor de una lavadora. Fue bautizado “Pata ‘e rolo”, para los hijos, o “el Abuelo”, para la cocinera mayor.

Los Purroy siguen la tradición de su tía Carmen, que no tuvo hijos pero sí le sobran sobrinos. Este año acudieron 14 descendientes a cocinar las hallacas y ofrecerlas a los comensales. Luego, en la misma calle se unieron a la tradición los Torres y los Montilla.

A las cinco familias las une la calle donde viven, que la hallaca hatillana se hace con el maíz molido y que este año la almendra no pudo ser un adorno por lo costoso del ingrediente.