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La etapa del desarrollo de su hija fue el momento más difícil


La dolorosa pérdida de una madre, el abandono e incluso la soledad ha inspirados a algunos padres para encarar la crianza de sus hijos

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Javier Torres, padre soltero, recordó que cuando se divorció de su entonces esposa en 2003, su hija Samantha se mudó con él, lo que generó un gran reto para el joven papá que con poca experiencia tuvo que aprender los oficios del hogar.

La pequeña Samantha, con 5 años de edad, logró tener más estabilidad cuando se mudó a la casa de su papá y el colegio le quedaba más cerca. A pesar del divorcio de sus padres, a la pequeña le tocó madurar rápidamente.

Al principio, para Javier el tener que criar a su hija sin una figura materna fue una experiencia nueva y difícil. Tener que “planchar, lavar, cocinar, asumir el rol de padre y madre” fue complejo, pero no estaba solo, aseguró. Amigos y familiares lo ayudaban a llevar a Samantha al colegio y a cubrir alguna que otra responsabilidad, cuando él estaba trabajando.


El director de teatro considera que la experiencia de criar a Samantha durante gran parte de su vida le ha dejado un aprendizaje muy bonito porque lo ha convertido en un hombre integral y multitasking.

Recordó cuando su hija le decía “papá tú sabes hacer de todo”. La experiencia que más lo ha marcado en su vida fue el momento del desarrollo de su hija. “Estábamos juntos, y ella me gritó: '¡Papá llegó el día!' No sabía qué hacer. En ese momento estaba con mi mamá, quien me ayudó”, expresó el caraqueño.

Javier, quien acepta tener un carácter muy fuerte, indicó que se ha vuelto en un hombre sensible, además de llevar la batuta en su casa, hacer labores en la cocina, hacer las compras del mercado y entender a su hija como mujer, fue un reto para él.

Torres contó que la madre de Samantha la buscaba en las tardes y los fines de semana; ambas pasaban un rato agradable. Además estaba muy atenta, la llamaba y conversaba con ella.


Pero un hecho que cambió su vida por dos años lo hizo entristecer, Samantha se mudó a la casa de su madre entre 2012 y 2014, pero Javier sabía que este cambio podría favorecer a su pequeña que estaba en la etapa más difícil, la adolescencia. “Al principio me sentí muy vacío, vivía con mucha tristeza. Saber que estaba su cuarto allí solo para los fines de semana hizo que fueran días fuertes”.

En 2015, Samantha volvió con su padre, hecho que recuerda su padre como uno de los más felices de su vida.

Actualmente ambos viven en el estado Bolívar, Samantha estudia administración, apoya a su padre con la musicalización de las obras de teatro de Guayana Vip, empresa en la cual Javier es director.

El tener que estar en dos hogares diferentes ha afectado un poco a Samantha. “Su mamá nunca ha dejado de velar por ella. Ha estado económicamente. Ella siente ese vació porque hay ocasiones en la que ella quisiera estar con su madre y contarles cosas de su intimidad”, sentenció su padre.