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La escuela pública emigra

Alumnos en salón de clases / Leonardo Guzmán

Alumnos en salón de clases / Leonardo Guzmán

El aumento de los inscritos en instituciones privadas contrasta con el estancamiento de los cupos en las administradas por el Estado

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La idea de que las escuelas privadas son mejores pareciera imponerse. Son muchos los padres que, independientemente de su condición económica, deciden pagar por la formación de sus niños.

Luis Bravo Jáuregui, investigador de la Escuela de Educación de la Universidad Central de Venezuela, señala que en los últimos años la matrícula de escuelas privadas ha crecido de forma sostenida mientras que la de las instituciones públicas se ha estancado.

Las cifras de las memorias y cuentas del Ministerio de Educación –analizadas por Bravo Jáuregui– indican que desde 2004 hasta 2010 la atención de la educación pública, sin contar con las misiones, ha disminuido: en esos años se redujo la matrícula en 656.668 alumnos, con períodos de leve aumento. Las escuelas privadas, en cambio, incrementaron la matrícula en 323.948 estudiantes, con una tendencia de aumento progresivo cada año.

El especialista explica que entre 2005 y 2008 hubo una contracción de la matrícula de la educación oficial, pero no hay una modificación de patrones demográficos que la justifiquen: “El problema es que la educación pública no es atractiva y, por eso, la gente prefiere hacer grandes esfuerzos para pagar una escuela privada”.

Blanca Bolívar, habitante del sector Santa Rosa, tiene a sus dos nietas inscritas en una escuela privada de la avenida Andrés Bello. Aunque considera que hay instituciones públicas que son de calidad, dice que su hijo prefiere gastar 1.000 bolívares mensuales por cada niña –una estudia primer nivel y la otra, sexto grado–. La explicación es que allí estudió él y se graduó de ingeniero después, por lo que tiene buenas referencias. “En ese colegio están pendientes y les hacen seguimiento a los niños”, asegura.

Carmen Pino, habitante de la carretera vieja de Las Minas de Baruta, también prefiere pagar un colegio privado para su hija, que estudia tercer año de bachillerato. Ella dice que hay instituciones oficiales de calidad, pero que decidió llevarla a una privada por la cercanía, la seguridad y el horario de un solo turno.

Un habitante del 23 de Enero –que prefiere no revelar su nombre– también da un testimonio similar. Decidió cambiar a su hijo a un colegio privado cuando comenzó el bachillerato, pese a que en el sector hay oferta de liceos. El sacrificio, indica, vale la pena: gasta aproximadamente 1.000 bolívares mensuales y la educación es de calidad. Sus hijos pequeños estudian en una escuela pública de la zona. Él dice que reciben buena educación, aunque preferiría que estuvieran en una privada: allí tendrían deportes, acceso a la tecnología, música y una mejor atención académica. “El problema es que no nos alcanza el sueldo para pagar las mensualidades de los tres”, señala.

Las razones

Los padres están dispuestos a pagar por la educación privada, aun cuando represente un sacrificio. Una mensualidad en un colegio privado representa, en promedio, el equivalente a la cuarta parte de la canasta alimentaria, que cerró en 2012 en 4.073,90 bolívares.

Las escuelas privadas, sin embargo, tienen mucha demanda en sectores humildes, confirma María Elena Giarratano, presidente de la Confederación Nacional de Federaciones de Sociedades de Padres y Representantes de la Educación Católica de Venezuela. “Las instituciones públicas no tienen el mismo control que las privadas. Entre otras cosas, en esas escuelas hay inseguridad”, indica.

Sucesos como la muerte de una estudiante de 16 años de edad dentro del liceo Andrés Bello, ocurrida el 8 de enero, le dan peso a ese argumento. “Los colegios están saturados porque hay una migración de la escuela pública a la privada causada, entre otras cosas, por la violencia en las escuelas”, señala Pedro Castro, directivo de la Cámara Venezolana de la Educación Privada.

Mabel Mundó, experta en políticas públicas educativas del Centro de Estudios del Desarrollo de la Universidad Central de Venezuela, explica que otro factor que impulsa esa migración es la prosecución: en los planteles privados hay garantías de cursar todos los niveles en una misma institución. También, dice, en las escuelas privadas hay ofertas más completas –con clases de inglés, por ejemplo– y, entre otras cosas, mejor supervisión. “La gente quiere que su hijo pueda defenderse en el mundo. A un padre que está convencido de la trascendencia de la educación no le importa sacrificarse para que estudie en un buen colegio”, afirma la especialista.

La odisea de encontrar cupo

J. A. ha hecho colas, ha pedido planillas, se ha anotado en listas y hasta se ha involucrado en movimientos religiosos. Su objetivo parece sencillo, pero no lo es: encontrar un cupo en primer grado para sus gemelos, de 5 años de edad. Desde hace dos años empezó a buscar, pero desde octubre de 2012 lo hace con más ahínco. Ha ido a los colegios San Ignacio, Andes, Academia Merici, Santa Rosa de Lima, Don Bosco, Los Campitos, Roraima y otros. “La demanda es enorme. A pesar de que uno siempre está pendiente, va muchísima gente. Las esperanzas son pocas y es un estrés”, cuenta.

Pedro Castro, directivo de la Cámara Venezolana de Educación Privada, apunta que no hay suficientes aulas para la demanda. Él dice que la escasez se debe a que no ha habido incentivos para que los privados abran más planteles, y la educación pública tiene una oferta poco atractiva.

Los colegios caraqueños de prestigio –como los que busca J. A.– tienen valores agregados: dan tareas dirigidas, clases de música, deportes en las tardes y, entre otras cosas, cuentan con instalaciones seguras y en buen estado. “Algunos son más competitivos porque son innovadores e introducen elementos tecnológicos, que son importantes actualmente”, dice Mabel Mundó, especialista del Centro de Estudios del Desarrollo de la Universidad Central de Venezuela.