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El embarazo vigilado de la anaconda del Parque del Este

Las 47 anacondas recién nacidas están resguardadas en el Terrario | FOTO HENRY DELGADO

Las 47 anacondas recién nacidas están resguardadas en el Terrario | FOTO HENRY DELGADO

Durante la gestación de Rosita un guardián la custodió en sus salidas a tomar sol, para evitar que algún visitante le lanzara piedras 

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Pocas veces Rosita, la anaconda del Parque Generalísimo Francisco de Miranda, sube a la isla que está en su laguna. Casi no se deja ver, a excepción de las narinas y los ojos que asoma de vez en cuando para respirar. Hace cuatro meses su rutina cambió y en vez de continuar con su vida plácida bajo las aguas comenzó a pasar la mayor parte del día expuesta a la luz del sol y a la mirada de los vigilantes del parque que custodiaron su embarazo. Al parir volvió a la vida bajo el agua.

Enroscados en una mata de tapara en el área de exhibición de reptiles, Juan Pablo Pérez, uno de los cuidadores del parque, encontró a las crías de Rosita, el 30 de octubre a las 5:50 de la mañana. No lo tomó por sorpresa pues tenían días esperando que la serpiente pariera.

“Lo último que comió antes del parto fue un babo –especie de caimán–; creemos que la fuerza que hizo para contraer al animal desencadenó el nacimiento”, explicó Aura Quintero, coordinadora del Zoológico de Caricuao, quien también está a cargo de la colección de fauna del Parque del Este.

Juan Pablo Pérez, Luis Carmelo Nieves y Luis Cabeza, trabajadores del sitio, entraron al área de exhibición y encontraron 47 crías de anaconda esparcidas por la isla –los animales medían, en promedio, de 60 a 70 centímetros–. No descartan que fuesen más porque al llegar la laguna estaba rodeada de garzas y guacos, depredadores naturales de serpientes bebés. Los recién nacidos fueron desinfectados con un baño de betadine y agua tibia, y desde el 31 de octubre permanecen resguardados en el Terrario por disposición de las autoridades del Ministerio del Ambiente.

Los padres de las crías. Quintero explicó que Rosita –madre primeriza– fue donada al parque por el Terrario hace alrededor de seis años. Actualmente la anaconda mide casi cinco metros, pero es difícil saber su edad pues no se lleva un récord desde su nacimiento. “Estaba creciendo mucho y se determinó que estaría mejor en la laguna por ser un sitio abierto, con las condiciones de temperatura apropiadas y porque ahí puede cazar patos o babos”, señaló Quintero, ingeniero en Producción Animal.

Recientemente la anaconda recibió la compañía de dos especímenes macho que los cuidadores bautizaron como El Pintao y El Barinés, ambos de casi dos metros de largo.

“La hembra puede copular a la vez con dos machos diferentes. Ella pare y no cuida a las crías, continúa desplazándose. Tiene una escama anal que cubre el orificio por donde defecan, orinan y paren. Las crías nacen enrolladas en una membrana muy fina que se rompe cuando entra en contacto con la tierra. Lo máximo que puede hacer la anaconda es voltearse y romper la membrana con la lengua”, señaló Quintero.

Estas especies son ovovivíparas; es decir, que los huevos se quedan dentro de la madre y las crías nacen vivas. Quintero presenció en una oportunidad un parto en el que la serpiente tuvo 72 crías.

Mayor protección. Rosita es doblemente viuda. El Pintao y El Barinés fallecieron durante los meses de julio y agosto. Uno por causas naturales y el otro recibió una pedrada propinada por uno de los visitantes del parque. La encargada de los animales afirmó que es frecuente que lancen objetos a los reptiles con la intención de que se muevan: “El usuario es muy agresivo. No es un tema de falta de control porque ahora hay bastante vigilancia y eso ocurre en cuestión de momentos. Yo he visto cómo la gente trae pedruscos al parque dentro de sus bolsos para lanzárselos a los animales. Cuando lavamos la laguna sacamos carretillas de piedras, troncos, latas, hasta pañales”.

Luis Cabeza, encargado de los animales del parque, afirmó que mientras la serpiente permanecía llevando sol siempre había un vigilante custodiándola. Ese tipo de personas convirtió el embarazo de Rosita en uno de riesgo.

La experta hizo un llamado para que los visitantes no maltraten a los animales: “Este es un espacio para el disfrute y la observación. La idea es conservar las especies, recrearse, que se reproduzcan y además fomentar la investigación. La gente debe tener más conciencia del respeto a los animales”.

En el Terrario
Las crías de Rosita son demasiadas para nombrarlas una por una, afirmó Luis Carmelo Nieves, quien junto con Luis Cabeza fueron designados para monitorear su desarrollo.

En el Terrario tienen garantizadas las condiciones de temperatura, humedad y alimentación para lograr su crecimiento óptimo. Nelly España, cuidadora del Terrario, indicó que al estar en nichos quedan protegidas de las aves y tienen bombillos que las mantienen en calor y calefactores para que el agua permanezca tibia.

Durante poco más de un mes no necesitarán comer pues continuarán alimentándose del vitelo, aunque lo más probable es que su primera comida sea un ratón pequeño.

“Mantenerlos en cautiverio es la única forma de garantizar que sobrevivan. Serán liberadas en su hábitat natural cuando puedan cazar y será la Oficina Nacional de Diversidad Biológica la que decida el lugar más apropiado”, afirmó Aura Quintero, encargada de la Colección de Fauna del Parque Generalísimo Francisco de Miranda.