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El duelo

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Quienes deciden establecerse en otro país deben adaptarse a un entorno extraño y afrontar la separación familiar. María Eugenia Guédez, presidente del Colegio de Psicólogos del Distrito Capital, dijo hace un par de semanas que hay que reflexionar muy bien antes de tomar esa determinación. Es indispensable, señaló, hacer un plan que trascienda lo visceral; es decir, elaborar un proyecto sin prisas ni angustias.

Separarse del país y de la familia no es sencillo. Joseba Achotegui, profesor de la Universidad de Barcelona –que se ha dedicado a la investigación de la salud mental y la migración–, publicó un artículo en 2009 en el que explica que una persona que decide migrar experimenta un duelo complejo. Se trata de una sensación que no desaparece, pues el país que abandona sigue ahí con todo su significado.

Este duelo, señala Achotegui, se asocia al desarrollo psicológico de la infancia: en el país de origen se formaron las estructuras de la personalidad y por eso se hace más difícil la adaptación. En estos casos, indica el texto, existen siete duelos: la familia y amigos, la lengua, la cultura, los paisajes, el estatus social, grupos étnicos y riesgos físicos. También, explica, el regreso al país de origen representa otra migración, por lo que el proceso es igualmente complicado.

“Posiblemente ninguna otra situación de la vida de una persona, incluso la pérdida de un ser querido, supone tantos cambios como la migración”, señala el documento. Cuando hay una migración en situaciones extremas se produce lo que el experto define como el síndrome de Ulises: un cuadro de estrés crónico que afecta a los inmigrantes.

De regreso

Después de 12 años de residencia en España, Jessica Díaz y su esposo, Roberto Macareño, regresaron a Venezuela. La crisis europea los empujó de nuevo a su país de origen, del que salieron en 2000. Macareño tenía una empresa, que cerró; luego, le traspasaron un bar, pero en el último año la gente consumía poco. “Podíamos sobrevivir, pero queríamos algo más”, dice Díaz.

En Ámsterdam tenían una oportunidad de empleo, pero Macareño sufrió un infarto en marzo de este año como consecuencia del estrés: “Eso nos hizo tomar la decisión de regresar a Venezuela. Todos nos decían que aquí hay mucha inseguridad, pero que se consigue trabajo”. A 3 meses de haber regresado, ya ambos tienen empleo. Lo que más les costó fue encontrar un preescolar para su hijo de 3 años de edad.

Es cierto que hay venezolanos que desean vivir en otro país más seguro, pero también hay muchos que, como Díaz, han regresado. En 2011, 5.396 venezolanos decidieron salir de España, de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística de ese país. Ese mismo año, 8.332 residentes en España se mudaron a Venezuela.

Para Díaz, en España hay calidad de vida y tranquilidad: es posible sentarse en un parque a leer o caminar en la noche sin angustias, pero la crisis hace mella en la estabilidad económica y también en el ánimo: “No hay empleo. Si la gente que migra tiene recursos, no hay problema, puede sobrevivir. Pero si es una persona de clase media, va a pasar trabajo. Muchos de los que quieren irse ignoran cómo es la situación en otros países”.

Cifras

521.620 venezolanos han emigrado, de acuerdo con el informe Datos de migración y remesas, publicado por el Banco Mundial en 2010 
171.891 venezolanos se fueron a Estados Unidos, señala el informe
164.239 nacionales migraron a España