• Caracas (Venezuela)

Sociedad

Al instante

Los nuevos docentes inyectan entusiasmo al sistema educativo pese a obstáculos

La maestra trata de incentivar la lectura en los jóvenes | Foto: Leonardo Noguera

La maestra trata de incentivar la lectura en los jóvenes | Foto: Leonardo Noguera

Educadores que tienen poco tiempo de ejercicio se mantienen firmes en su vocación de enseñar

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La vocación de Carlos Prato surgió de forma tardía. En algún momento quiso pertenecer a la Guardia Nacional y hubo un periodo en el que se dedicó a la construcción y a aprender sobre caña y café. También pensó en ser instructor del Instituto Nacional de Capacitación y Educación Socialista. Finalmente, decidió estudiar en Rubio, estado Táchira, la carrera que ahora le apasiona: la docencia.
Prato tiene 36 años de edad y trabaja desde hace un año y medio en el liceo Carlos Soublette, que se localiza en San Bernardino. Pertenece a la nueva generación de profesionales que hoy celebran el Día del Maestro. No considera el bajo salario como un desestímulo. De hecho, es interino –es decir, suple las ausencias de los fijos– y estuvo un año escolar completo sin recibir remuneración.
“No pensé en renunciar durante ese período. Decidí seguir luchando porque esto es lo que quiero. Si deseamos cambiar el país, hay que actuar. La mejor manera de transformar las cosas es a través de la educación. El sueldo no alcanza, pero me siento bien con este oficio”, dice quien se dedica a la enseñanza de psicología, sociología, premilitar y geografía económica.
En los pasillos de la institución los alumnos se ríen con él y le hacen bromas. Asegura que, pese a esos comentarios, siempre hay una barrera de respeto. Inclusive, hay alumnos que se le acercan para contarle problemas personales. “No creo que eso se deba a que me vean joven. Es que los incentivo a descubrir e investigar. Les digo que si buscan algo con esfuerzo, nunca se les olvidará”, señala.
Franchesca Blones, de 26 años de edad, es compañera de labores de Prato. También tiene poco tiempo en el ejercicio de la docencia: trabajó un par de años en un colegio de El Paraíso y ya tiene dos años en el Carlos Soublette. Fue interina hasta octubre de 2012, cuando le dieron la titularidad después de la evaluación del Ministerio de Educación.
Desde sus años de bachillerato –que estudió en el Carlos Soublette– le gustaba enseñar: le explicaba a sus amigos sobre números y fórmulas. Decidió, entonces, dedicarse a la docencia y ahora imparte castellano, literatura y latín. Su tarea es ardua, pues debe incentivar a los jóvenes a leer. “Con ellos aprendo todos los días. La planificación se enriquece con sus experiencias. Los estudiantes siempre tienen algo que aportar, no son inferiores”, dice.
Para ella, una de las cosas más difíciles de su oficio es el trato con alumnos de mal comportamiento: “Ellos tienen esa conducta por la falta de formación. Lo que quieren es venir al liceo para estar con sus amigos, y yo tengo que buscar la manera de motivarlos a leer”.
Ha encontrado sus métodos –por ejemplo, que cada alumno escoja su libro favorito de una lista y lo lea durante el año escolar– y ya tiene satisfacciones: gracias a su influencia, asegura, varios ex alumnos decidieron estudiar en la universidad carreras ligadas a las letras.

Más pequeños. Maryurie Pérez tiene dos años como docente en el colegio privado Agramonte, localizado en Catia, y dice de inmediato cuál es su parte favorita de la profesión: “Todos mis hijos. La experiencia diaria es maravillosa. Uno aprende muchísimo”.
Pese a que la situación económica de los docentes es precaria, decidió dedicarse a lo que siempre le gustó: cuando estaba pequeña, recuerda, jugaba a la maestra con sus primos. “Lo importante es hacer lo que a uno le encanta. No es por la plata ni por el puesto”, indica la docente, que atiende a 35 niños de quinto grado. Ahora estudia en el Instituto Pedagógico de Caracas para obtener la licenciatura, pues cuenta con un título de Técnico Superior Universitario.
Para Carolina Ramos, maestra del Agramonte desde hace un año, se requieren tres cosas para dedicarse a esa carrera: paciencia, amor y vocación. “Iba a estudiar administración, pero no me gustó. Decidí trabajar en educación porque tengo una hija y quiero acompañarla en su proceso de aprendizaje”, señala.
En el preescolar Juan Vicente Lara, localizado en la calle Real de Altavista y subsidiado por la Alcaldía de Libertador, Isbelys Pacheco, egresada de la Misión Sucre, se dedica a enseñar a niños de segundo nivel. Tiene cinco meses en el puesto de maestra –anteriormente fue auxiliar– y está entusiasmada con la tarea: “Me decidí por la educación porque me encanta trabajar con los niños y ayudarlos”.

En deuda
Muchos docentes que empiezan la carrera en instituciones públicas deben afrontar la inestabilidad laboral. Generalmente, un educador comienza como interino; eso quiere decir que hace suplencias a los fijos, incluso por varios años.
Los interinos no pueden ascender ni cambiar de institución, y tampoco tienen acceso a otros beneficios. El año pasado, el Ministerio de Educación comenzó un proceso de evaluación de 46.720 maestros que, de acuerdo con el despacho, cumplían con los requisitos para obtener un cargo fijo. En septiembre, el presidente Hugo Chávez entregó la titularidad a 30.720 docentes.
Sin embargo, no se ha solucionado completamente el problema, pues en total había 142.405 interinos –de acuerdo con la Memoria y Cuenta del ME correspondiente a 2011–.
Raquel Figueroa, integrante del Movimiento de Educadores Simón Rodríguez, afirma que mantener la figura del interinato compromete la calidad de la educación. Explica que por la inestabilidad laboral muchos deciden buscar trabajo en otros lugares: “Entonces ese docente no está integrado con su escuela, pues debe dar clase y salir rápidamente a otra institución”.
Agrega que, entre otras cosas, tampoco se garantiza el mejoramiento profesional de esos maestros. “El Día del Educador es propicio para exigir al ministerio que termine con este proceso de transición y apruebe un reglamento del ejercicio docente”, subraya.

El dato
Los docentes –con base en una jornada de 36 horas– reciben un salario que oscila entre 2.811,39 bolívares y 4.166,74 bolívares, de acuerdo con la Convención Colectiva de los Trabajadores de Educación de 2011-2013. Quienes tienen título de Técnico Superior Universitario perciben un sueldo de 2.660,47 bolívares. Las cifras corresponden al aumento de julio de 2012