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Cuando la discapacidad se convierte en una oportunidad en el deporte

Juan Ramón Valladares, atleta paralímpico | Foto: Cortesía Nelson Castro

Juan Ramón Valladares, atleta paralímpico | Foto: Cortesía Nelson Castro

Juan Ramón Valladares ha sabido superar las barreras para convertirse en una de los mejores atletas en silla de ruedas de Latinoamérica

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Diariamente, desde las siete de la mañana ya comienza a trabajar. Unos minutos antes se viste y asea para salir a enfrentar otro día. Su vida es la de entrenar; no es para más: su profesión es ser atleta. Juan Ramón Valladares siempre lleva consigo su herramienta de trabajo, esa fiel compañera con la que enfrenta todos los días y que es su soporte, no sólo deportivo, sino de vida: su silla de ruedas.  

Valladares es atleta paralímpico, y de los mejores que hay en la actualidad. Por nombrar algunos de sus logros recientes, en los Juegos Parasuramericanos de Santiago de Chile, que se realizaron entre el 26 y el 30 de marzo de este año, se llevó cinco medallas de oro en la pruebas de 100, 200, 400, 800 y 1.500 metros. También logró una presea de plata, por no restarle importancia.

Juan Ramón tiene en su currículo algo que no muchas personas, incluyendo no discapacitados, pueden presumir: haber participado en dos olimpiadas: los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 y en Londres 2012. A pesar de no haber conseguido podios, o siquiera haber quedado entre los 10 primeros, no siente complejos al respecto.

"He visto a campeones mundiales que siempre te miran por encima del hombro si nunca has ganado nada. Yo aprendí que la humildad siempre está por delante”, dice.

A pesar de no haber impuesto marcar olímpicas, Juan Ramón tiene muchos méritos para ser considerado como uno de los mejores.

Ser primero en el ranking latinoamericano de carreras de fondo, estar entre los 10 primeros del mundo en la especialidad  y ser segundo en velocidad indica que el trabajo y la actitud pueden darte el impulso que necesitas si importar tu condición.

Inicios deportivos

Juan Ramón ha tenido que moverse en una silla de ruedas durante 32 de sus 33 años de vida. Oriundo de Boconó, estado Trujillo, este atleta fue diagnosticado con poliomielitis al poco tiempo de haber nacido. Viajó a Caracas desde muy pequeño por la desesperación de sus padres para que volviese a caminar. Fue tratado en el Hospital Ortopédico Infantil, donde les dieron la noticia que tendría que pasar es resto de su vida aferrado a una silla de ruedas.

No fue sino hasta que cumplió 11 años de edad que su vida comenzó a dar un giro inesperado. La figura de Melvin Rivero le resultó a primera vista algo sospechosa y mal intencionada.

“Ese señor parecía que estuviese en drogas. Era todo ‘chivúo’”, cuenta.

Sin embargo, Rivero también era una persona con discapacidad y a Juan Ramón le llamó la atención su silla. “Era algo extraña”, afirma. Rivero lo instó a que hiciera deportes y se puso a su disposición para ayudarlo. Lo invitó a que visitara un complejo deportivo en Petare donde podría realizar una variedad de deportes.  

Al comienzo, Juan Ramón se guió por el aspecto de Melvin y trató de evadirlo. Hasta le contó a su madre y esta le aconsejó que no se le acercara.

Sin embargo, se volvió a encontrar a Rivero. Le lanzó una mentira blanca al decirle “que había ido a visitar las instalaciones pero no había nadie”.

Rivero no se lo tomó de mala manera y volvió a invitarlo.

Esta vez Juan Ramón se animó y fue al lugar. Era una cancha deportiva y vio que hasta había una piscina para hacer natación.

“Yo quería hacer pesas, pero lamentablemente era una de las cosas que no me podían ofrecer”. Entre los deportes que podía escoger tomó el baloncesto. Le asignaron una silla espacial y gracias a su destacado desempeño estuvo un año y medio en la selección del estado Miranda.

Incursión en las carreras

José Apolinar Martínez, entrenador de atletas de la selección de Miranda para ese entonces, se fijó en Juan Ramón y lo convenció de que integrará su equipo.

Para el año 2000 ya formaba parte de este equipo, a pesar de que su silla no era la más apta para correr pruebas de velocidad.

“Me asignaron una silla de hierro que estaba algo viejita”, recuerda. Esto no lo desmotivó en sus entrenamientos; de ahí en adelante se convirtió en uno de los más destacados.

Un año después de haber sido escogido para representar al estado Miranda, participó en los Juegos Nacional de Maracay, en los que rompió la marca nacional en la prueba de los 100 metros en velocidad.

En su búsqueda por superarse, Juan Ramón requería cambiar de silla, por lo que para conseguir el dinero e importar el equipo adecuado tuvo que tocar varias puertas.

“Gracias a la ayuda de varias empresas, el apoyo familiar y de las amistades se formó un fondo único social para conseguir una silla a mi medida”, destaca.

Después de tanto nadar, llegó a la orilla. Juan Ramón consiguió la silla, por lo que su desempeño fue mejorando cada vez. Participó en los Parasuramericanos de 2008, en Río de Janeiro, y de ahí en adelante comenzó a hacerse un nombre y a ganar reconocimiento nacional e internacional.

No hay lugar como el hogar

Juan Ramón vive en Guarenas pero se hospeda los días laborales en un hotel en El Paraíso. Así puede estar cerca del estadio Brígido Iriarte para entrenarse diariamente.

“Los lunes me encargo de hacer pesas, series con poco peso; martes entreno para velocidad; miércoles me enfoco en las técnicas para hacer fondo; jueves vuelvo al gimnasio para hacer repeticiones con más peso. Mi rutina de trabajo es de lunes a lunes, siempre estoy activo”, declara.

De viernes a domingo Juan Ramón viaja a su casa donde se siente más a gusto y aprovecha para seguir entrenando.

“Siempre corro por la autopista Guarenas-Guatire; es mi favorita”, expresa.

Ejemplo de motivación

Valladares suele participar en carreras de renombre en el ámbito internacional. El maratón de Nueva York, en EE UU, y el de Lanzarote, en España, son algunas de ellas. Justamente en esta última, que se realizará a finales de noviembre de este año, es en donde Valladares espera ver a una persona en particular.

No es alguien conocido internacionalmente. Es sólo alguien normal. Hace dos años, Juan Ramón se encontró con este hombre que pesaba más de 160 kilogramos. Este individuo, casi con lágrimas en ojos, vio a Juan Ramón y se sintió mal porque veía a una persona dedicada a superar la vida en una silla de ruedas, mientras él se encontraba en condiciones de sobrepeso.

Un año después, en la edición 2013 del maratón, Valladares se sorprendió de ver nuevamente a este hombre, pero con 50 kilogramos menos de lo que pesaba anteriormente.

“Estaba casi irreconocible cuando se me acercó y hasta me prometió que para la edición de este año pensaría bajar otros 10 kilos”, dice.

Juan Ramón tiene eso como meta: siempre motivar a las personas y en especial a los atletas con limitaciones.

“A pesar de que tengas una discapacidad debes de entender que no hay límites para lograr lo que quieras”, concluye.