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El difícil arte de "re-regalar"

Regalos en navidad

Regalos en navidad

Dar a otra persona un presente que se ha recibido es una práctica extendida. Sin embargo, algún error puede delatar a quien lo entrega. "Expertos" en esta faena comparten sus aciertos y desaciertos, y ofrecen pistas para evitar malos ratos

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Apenas abrió el paquete que le dio su hermana, Sara Díaz, periodista, no pudo sino reírse. Allí, delante de ella, envuelta como si acabara de ser comprada en una tienda, estaba la pijama que su hermana ya le había enseñado en una ocasión. "Me dijo: `¡Ay, chama, no creo que me ponga esto, da mucho calor!’. Meses después, en mi cumpleaños me dice: `Toma, mira qué lindo este regalo, es perfecto para ti’, y era la famosa pijamita. No se acordaba de que me la había mostrado". Afortunadamente, tomó el incidente con ligereza. "Fue lo máximo. Me la puse hasta con amor".

Pero Díaz no es la única en ser partícipe de esta forma de obsequiar o, en su caso, de ser obsequiada. Si bien confiesa que no tiene "la mística" necesaria para reciclar presentes, re-regalar (del inglés re-gifting, el término alcanzó popularidad después de ser utilizado en la serie de televisión Seinfeld) se ha convertido en una práctica cada vez más extendida.

Una encuesta, realizada por la organización sin fines de lucro Money Management International, en 2007 a 1.049 estadounidenses, arrojó que 58% lo consideraba aceptable. De hecho, en ese país hay un día nacional para re-regalar: el 18 de diciembre.

En tiempos de dificultades económicas, reciclar obsequios surge como una alternativa que permite mantener viva la tradición sin que el bolsillo sufra demasiado. Esto lo sabe bien Consuelo González, jubilada, de 86 años. "Si los compras, como mínimo vas a gastar un millón de bolívares (1.000 bolívares fuertes).

Ahorita me regalaron un bolso muy bonito, pero para qué lo voy a usar si yo no salgo casi".

Entre los objetos que más suele reciclar están las prendas de bisutería, los pañuelos y los rosarios. "Tengo para botar, porque ahora que estoy vieja todo el mundo me los regala, pero a todo el mundo no le gusta rezar, tendría que buscar a otra vieja (risas)".

Vista y tacto. Determinar a quién se le va a re-regalar y establecer si forma parte del mismo círculo social de quien dio el obsequio originalmente es regla fundamental. Breddy Baralt, profesora del Instituto de Protocolo y Etiqueta de Caracas, explica que se debe "tener mucho tacto social". "No vas a regalar dentro de la misma familia o el trabajo. Esa persona se tomó la molestia de darte algo y ese es su gusto y no puedes condenarlo".

Marisol Salgado, directora de marketing de una empresa hotelera, es rigurosa al seguir esta regla. "Nos regalan utensilios de cocina o de mesa (copas, tazas), y trato de dárselo a otros amigos que no estén en el mismo grupo para evitar que lo descubran cuando vayan a sus casas. Cada vez puedo hacerlo menos porque nuestros amigos se van conociendo e invitando".

Salgado tiene además otra norma propia: sólo da regalos reciclados a amistades o conocidos. "A mi familia: papás, suegros, hermanos, cuñados, sólo les doy cosas escogidas por mí". En estos casos no le gustaría que ellos reciclaran lo que con tanto esfuerzo compró. "Puedo entender que no les haya gustado y lo tengan que regalar, pero prefiero no enterarme".

Cuando se hace bien, el reciclaje puede despertar en el destinatario la misma emoción que si se hubiese sido comprado algo especialmente para la ocasión. Tal fue la experiencia de una joven ingeniero de producción, quien prefiere permanecer en el anonimato para evitar ser descubierta. "Hace un par de años me regalaron unos zarcillos que no iba a usar. El día de mi cumpleaños una chama que trabaja conmigo me dio un regalo gigante. Luego llegó el día de su cumple y se me había olvidado comprarle algo.

Vi los zarcillos en mi cuarto y me di cuenta que combinaban con otra pulsera que me habían dado, los envolví y se los entregué. Le encantaron.

Los usa full".

Agasajar, antes que nada. No se trata, como dice Breddy Baralt, de "deshacerse de los mamotretos que tienes en tu casa y no te gustan". Una maestra de primaria, que prefiere no decir su nombre, sigue este criterio. Acostumbrada a recibir alrededor de 80 regalos de sus alumnas, cada año, recicla sólo aquellos que le parecen adecuados. "Una vez me dieron uno que ni sabía qué era y lo boté. Tampoco me gusta dar lo que no pienso que está bien".

Baralt señala que lo más importante es siempre tener claro que el objetivo de regalar es agasajar a la persona. Por esa razón, el obsequio siempre debe ser nuevo. "Con la rapidez y la premura, uno dice: `Ay, déjame salir de esto’ y es un bolígrafo usado y no escribe bien y la persona se da cuenta".

Algo así le pasó a Carmen Cristina González, periodista, cuando cursaba quinto grado.

"Mi mamá me dio un libro que le habían regalado para una de las monjas de mi colegio. Ella tenía la manía de ponerles su nombre y año. Cuando la monja lo abrió lo primero que se encontró fue con el nombre de mi madre plasmado en la primera hoja. Yo casi muero de la vergüenza".

¿Pero qué se hace cuando se queda en evidencia? "La verdad por delante", responde Baralt, quien en ocasiones ha reciclado. "Si te descubren y te niegas es más feo todavía. Hay que ver